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agosto 7 de 2007

Uribe: un año de fracasos
Por: ABP Colombia

A un año de la reelección de Uribe el panorama colombiano se ensombrece por una crisis institucional sin precedentes, dado el vínculo de varios congresistas y del mismo presidente con el paramilitarismo colombiano. La más mal oliente de las ollas se ha destapado, reluciendo el vaporoso aroma a narcotráfico y terrorismo del ejecutivo.

No obstante, en justificación de falaces encuestas, típicas al “conmemorarse” el año de la fatídica reelección, el presidente intransige en la plaza pública ante el pueblo y las organizaciones  sociales que piden en todas las formas y expresiones de lucha por un acuerdo humanitario que devuelva a los hijos del conflicto a su respectivo lugar.

Uribe ha señalado el discurso de las gentes de la plaza, el discurso del marchante no guerrillero, el discurso de la pobresía colombiana como un discurso secundador, que respalda y reafirma la postura de las FARC EP.

No obstante, es al revés Las FARC como Ejercito del Pueblo compuesto de miles de marchantes que se han visto obligados a recorrer las montañas sin descanso hasta lograr el sueño de una patria en paz y con justicia social, tiene la postura y el discurso de su pueblo, porque es eso justamente pueblo organizado, como producto obligado de la lucha de clases con una de las oligarquías mas sanguinarias.

Millares de personas colombianas denunciando la pobreza, el terrorismo de estado, los bombardeos, el desempleo, el creciente proceso de privatización, las masacres, los paracos que no han dejado de operar, el desplazamiento, la miseria… no están avalando nada, sencillamente están diciendo lo que pasa en la Colombia “democrática” e inmaculadamente roja del paraco.

A un año de reelección se desborda una crisis de ingobernabilidad y el pálido reflejo del cansancio de una oligarquía descreída de las promesas no cumplidas de AUV: exterminar militarmente a la insurgencia.   La burguesía ha aprendido que la sangre y el fuego no solo cansan al pueblo  sino que le hacen más temerario, radical y fuerte en su lucha, por lo que han sentido amargo el trago guerrerista del presidente narco- paraco.

Uribe no es amigo del  intercambio humanitario, porque este beneficia al pueblo y nada más que el pueblo, ese que se la suda en la parcela, en el monte, en la fábrica, en la trocha, en la oficina o en el combate.

El pueblo es su enemigo y en esa medida sus negativas o pseudos propuestas no van a conducir a ninguna parte, por lo que la renuncia de Uribe se trasluce en la condición necesaria para superar la crisis y debatir en sinceridad por lo menos con los sectores más progresistas salidas y posibilidades concretas para lograr en comienzo, por lo menos un canje.