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Febrero 26 de 2008
En Bolívar nos encontramos todos
Iván Márquez/Integrante del Secretariado de las FARC-EP
Mayo 18 de 2005
El fuego de la libertad cabalga de nuevo. El artillero de la aurora está en acción levantando pueblos y anhelos de libertad. Bolívar ha regresado.
El Bolívar de la nueva era somos todos. Es un Bolívar múltiple en millones de puños hermanados. Es carne y hueso de pueblo arrebatado por un ansia de siglos, resuelto a vencer. Y el Bolívar de pueblos como espada, emergiendo del Caribe, del Llano, de los Andes, de las selvas, de las latitudes donde gimen los humildes, con todas las tinturas en su piel y con el brillo del amor, la unidad y la libertad en sus ojos, espera el toque del clarín para embestir –como en los campos de Boyacá, Carabobo, Pichincha y Ayacucho- con el fuego de la audacia a los tiranos.
Él es la revolución que no puede aplazarse más. Debemos terminar lo inconcluso, lo frustrado por los Estados Unidos y por las oligarquías usurpadoras que se disfrazaron de próceres sólo para relevar a los españoles en la opresión.
Es la hora del arquitecto, ya no de castillos en el aire, sino del nuevo orden del futuro; del alfarero de la Gran Nación, de la democracia verdadera, de la soberanía del pueblo, de la igualdad y la independencia.
Sí, Bolívar somos todos. Bolívar es la unidad, y ésta, el nombre de la victoria. Nuestra América no puede seguir siendo torre de Babel para encanto de los gringos. La unidad es un imperativo de subsistencia. A Washington y Wall Street, desalmados corsarios de guerras coloniales, no podremos resistir con patriecitas y gobiernos dispersos.
En Bolívar nos encontramos todos. Él es espacio estratégico de unidad, de reunión de liderazgos, de integración de ideales y de luchas. Bolívar cabalga de nuevo en este hemisferio en la lucha de Fidel, Chávez y Manuel y el pueblo innúmero, los quijotes y los sanchos victoriosos de este siglo. Y vuelve con los próceres y héroes de la libertad de cada uno de nuestros países. Por algo ladran por allá en la Casa Blanca, y se preocupan los “insignes criminales” y los ladrones amparados en el poder causantes de la pobreza pública.
Nada podrá dividir nuestros corazones y anhelos. Venimos de la misma arcilla genitora y es común nuestro destino: la unidad, “una sola nación con un sólo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo”, como lo soñara el padre de la América Nuestra.
Necesitamos la unidad interna para la liberación de nuestros países y la unidad continental y caribeña para el progreso, la dignidad y el bienestar de nuestros pueblos. “… la división es la que nos está matando y, por lo mismo, debemos destruirla”.
“Las naciones que he fundado, luego de prolongada y amarga agonía, sufrirán un eclipse, pero después surgirán como Estados de una gran república: América”.
Y ya el eclipse está pasando.
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