logo alternativo  
Destacamos

 

  Diciembre 16 de 2007

Colombia: Un régimen acorralado y patético
Por: Vladimir Hierro. Voz Bolivariana/ ABP México

Es verdaderamente alucinante la capacidad que tiene para la infamia el gobierno de Uribe y sus propagandistas (periodistas, analistas y columnistas, les gusta hacerse llamar en desdoro de tan noble oficio). Basta echarle un ojo a la prensa oficialista colombiana en estos días –especialmente al diario El Tiempo— para hacerse una idea del desespero que genera, entre los narcoparamilitares que tienen tomada la Casa de Nariño, el avance de las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias de aquél país.

Buscando artículos de opinión sobre el intercambio humanitario de prisioneros propuesto por la guerrilla al Estado colombiano –tema de gran resonancia a nivel internacional—, me encontré con uno que me reveló, fulminante, la inversión de valores y principios que priva en los medios oficialistas colombianos y, por lo tanto, entre las altas esferas de la narcoparapolítica uribista.

Los “analistas”

Saúl Hernández, así firma el infame columnista de El Tiempo que, haciendo portento de alta acrobacia verbal, publicó el 11 de diciembre un artículo llamado “El agua sucia al gobierno” en el mencionado periódico.

Leí muchos artículos plagados de mentiras y contradicciones que saltan a simple vista. La revista Cambio, Semana y el diario El Tiempo son pródigos en noticias cuyas fuentes más recurrentes son el rumor y, por supuesto, las palabras textuales del narcopresidente Uribe puestas en el pedestal de lo incontrovertible.

Me sorprendió, sobre todo, el esfuerzo que los propagandistas del uribismo hacen en su intento por ocultar el conflicto armado colombiano. De verdad se creyeron las teorías de la comunicación que afirman la posibilidad de crear una especie de realidad superpuesta, una realidad alternativa a la verdadera y tangible.

Mencioné el artículo de Saúl Hernández porque me pareció muy curioso el tratamiento que da este adulador de Uribe al tema del intercambio humanitario. Su artículo comienza con algunas consideraciones éticas y morales sobre el secuestro, mezclando deliberadamente, en ánimo de confundir, el practicado por los cárteles de la droga y la toma de prisioneros de la guerrilla colombiana. Eso, ya de entrada, quiere hacernos creer que no hay prisioneros de guerra y, por lo tanto, tampoco conflicto armado.

Luego, se extenderá en un intento de culpar al pueblo colombiano por la situación actual de los prisioneros de guerra. Particularmente se ensaña con los familiares de los retenidos por la guerrilla, a quienes culpa por su “identificación” con los “secuestradores”.  Incluso se atreve a decir lo siguiente: “Algo tendrá que ver en eso esa tendencia nuestra de ponernos de parte de los débiles y como vemos, a un Gobierno vigoroso en vez de uno pusilánime y timorato como los de otros tiempos, cabe en la lógica de muchos que si la 'pobre' guerrilla tiene que correr selva adentro con los secuestrados, es culpa del Presidente y de nadie más”.

Su recomendación final es simple: ponerse del lado de Uribe. Y se acabó el análisis sesudo. Claro, el señor Hernández no especifica si los familiares están en el deber de apoyar el nuevo intento de rescate a sangre y fuego anunciado por Uribe, calificándolo de “opción legítima” de su gobierno.

Esos regaños al pueblo colombiano por no amar a su narcopresidente no los hace sólo el articulista de El Tiempo. Es la nueva campaña, rayana en lo patético, del vicepresidente Francisco Santos. El vicepresidente, quien ha sido señalado por jefes paramilitares como uno de sus sostenes financieros, señaló en entrevista al mismo diario que  “en este tema (el de los prisioneros de guerra) están dejando solo al Presidente”.

Santos, con su particular estilo flemático y neurótico, reclama a Colombia que no haya movilizaciones masivas contra las FARC, a quienes llama “nazis” y acusa de tener “campos de concentración” (El Tiempo 9/12/2007). Sería interesante preguntar a los miembros de la asociación de veteranos del movimiento de resistencia danés contra los nazis, quienes recientemente hicieron un donativo económico a las FARC, qué opinión les merecen los comentarios de Santos.

Pero, en fin, ya fracasados sus intentos de arrebatar la bandera del canje a las FARC, Santos se conforma con intentar arrebatarles, al menos, el lenguaje. Muy cómico resulta leer al vicepresidente paramilitar hablando de “resistencia contra los nazis”, “revolución ciudadana” contra las FARC y, en el colmo de la simulación, citando un poema de Primo Levy escrito durante sus días de cautiverio en Auschwitz.

El desespero de los narcoparamilitares

Unos desde los medios, otros desde las altas cúpulas del paramilitarismo institucional, todos haciendo esfuerzos por darle un empujoncito a su asfixiado régimen. Todos aterrorizados por la salida a la luz de las propuestas políticas de las FARC. Todos queriendo ocultar, con trucos de prestidigitador, la falta de voluntad de Uribe en el canje.

En México vimos las imágenes de Ingrid Betancurt que hizo circular el gobierno colombiano. Porque, claro, nadie nos informó que los emisarios de las FARC que iban con las pruebas de vida que esa organización había mandado al presidente Chávez, habían sido detenidos y mandados a engrosar la lista de presos políticos.

Es terrible ver a Betancurt tan delgada y leer en su carta sobre la tristeza que le provoca la actitud de Uribe hacia los prisioneros en poder de la guerrilla. Pero, justamente por eso, porque se trata de un asunto humanitario, sería bueno indagar sobre los prisioneros de guerra en las cárceles del Estado colombiano.

¿Cuál será su estado de salud? ¿Cuánto tiempo llevan presos y en qué condiciones? Eso, claro, no le importa a El Tiempo ni a la agencia EFE ni a AP.

Este intercambio de prisioneros es necesario e ineludible. Las FARC ya han puesto sus condiciones. El gobierno de Uribe dice una cosa un día y al otro se contradice. Tal parece que es el régimen narcoparamilitar el único que saldría perjudicado con la celebración de tan importante y urgente acto.