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  Diciembre 28 de 2007

Un salario mínimo como el gobierno: miserable
Jaime Caicedo/Partido Comunista de Colombia

Es lamentable el papel del gobierno uribista en torno del salario mínimo. Finalmente, lo establece por decreto, como ha sido su uso y costumbre, en un monto ridículo, sin relación con el IPC, ni con la “productividad”,  como tanto lo proclamaron sus voceros. El gobierno se inclinó por la posición empresarial, como es natural en un régimen tan caracterizadamente de clase como el llamado “estado comunitario”.

Los trabajadores (as) deben sacar conclusiones. Se puede decir que la pretendida concertación ha desaparecido de la práctica oficial. La mezquindad empresarial muestra la estrechez de miras de la gran burguesía colombiana, hoy amarrada a los intereses del capital transnacional, la globalización y el TLC. Mientras las ganancias empresariales en 2007 estuvieron por encima del 50 % y hasta el 100 y 105%, los grandes acumuladores de capital estimaron que el 10.5 %, pedido por las centrales obreras era una dádiva demasiado alta. El enorme diferencial que se embolsillan representa el esfuerzo, el sudor y la pobreza permanente de millones de trabajadores (as), si se cuentan los de mínimo y los que ganan por debajo de éste.

La oligarquía uribista debe entender que la “paz social” que tanto busca se aleja del horizonte. Su tacañería miserable tiene que encender el descontento no solo de quienes trabajan en el ambiente de la precariedad laboral, hija de capitalismo y de la política neoliberal, sino de los millones de desempleados (as) que no tienen nada que esperar del uribismo ni de las limosnas de su política “social”.

La hora llama a la unidad para reclamar los derechos fundamentales al trabajo, la estabilidad, las garantías y el salario digno.