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Agosto 28 de 2007
Ganar la batalla por el Intercambio Humanitario en Colombia
Por: José Ortega/ Miembro de la Dirección Ejecutiva
Coordinadora Continental BolivarianaLa batalla por el intercambio humanitario de prisioneros de guerra en Colombia, no solo se ha convertido en un paso crucial para pensar en allanar el camino a futuros diálogos de paz entre gobierno e insurgencia; a la vez ha servido – paradójicamente para el gobierno colombiano - como una prueba irrefutable no solo de la existencia, más que demostrada, del conflicto social y armado que padece esta región de la patria grande, sino también del carácter beligerante de las FARC – EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo).
En su lógica de reproducir el discurso tramposo del imperialismo, elaborado desde las altas oficinas del Departamento de Estado y de la Casa Blanca, el gobierno colombiano ha demostrado la poca altura política de sus funcionarios, encabezados por su presidente, quienes como marionetas han repetido sin razón la mentira del carácter terrorista de la insurgencia colombiana y de toda aquellas organizaciones que hagan verdadera oposición al régimen empapado de paramilitarismo que impera en Colombia.
Las FARC no son terroristas y eso lo saben cientos de organizaciones e instituciones a nivel mundial que han entablado relaciones, diálogos e intercambios políticos e ideológicos con los delegados de esta organización revolucionaria a nivel internacional. Ni siquiera la inclusión de su nombre en los listados de organizaciones terroristas en Estados Unidos y la Comunidad Europea han impedido las generosas muestras de solidaridad que de diversas partes del planeta se han hecho con la justa lucha que encarnan.
Una organización terrorista no mantendría vivos a militares norteamericanos por el tiempo que lo han hecho las FARC; tampoco a militares y políticos nacionales que llevan más de 5 años en su poder. Más allá de los lamentables accidentes ocurridos con la muerte del ex – gobernador de Antioquia, el ex – ministro y los diputados que estaban en su poder, lo cierto es que la custodia de los prisioneros en poder de las FARC en las condiciones que permite la confrontación militar, les da crédito como un ejército serio y de amplias convicciones políticas y humanitarias.
Una organización terrorista no pone tanto empeño en rescatar a sus militantes hechos prisioneros por el enemigo. Esto denota el grado de solidaridad entre sus combatientes y la integridad de su comandancia al realizar propuestas sensatas que conduzcan a ese objetivo.
Hay negociadores plenipotenciarios nombrados hace tiempo. Tienen experiencia demostrada en garantizar la seguridad de funcionarios del gobierno que hayan sido designados para entablar conversaciones con ellos en los territorios de su control político y militar. Un ejemplo palpable fue la zona de despeje en san Vicente del Cagúan durante los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana (1998 – 2002). Valga aclarar que la retención de Ingrid Betancur se dio cuando el mismo Pastrana por decisión unilateral determinó acabar con el despeje y no cumplió su compromiso de no realizar operaciones militares en la zona en las siguientes 48 horas de anunciada la suspensión de los diálogos.
Actualmente un jefe de estado se dispone a realizar todos los esfuerzos por contribuir a corresponder ese clamor nacional de los colombianos que significa la lucha por el intercambio humanitario. De profundas convicciones bolivarianas, el compañero presidente Hugo Chávez ha propuesto incluso reunirse con la guerrilla colombiana de las FARC para tratar de buscar alternativas que conduzcan a una salida política a este asunto del intercambio. ¡Que bien por el compañero presidente! que demuestra con esta acción que en aras de un gesto humanitario y de una causa popular, nada vale el artificio de los llamados intereses de estado.
Rodear la gestión del presidente Chávez de apoyo popular ha de ser la consigna y el propósito de todos aquellos que anhelen una salida política a la confrontación social y armada en Colombia.
Por otro lado, no esperemos mucho de la voluntad política de un Uribe que cada día se acerca más al final de su embestidura de teflón y que obnubilado en su quimera de acabar militar y políticamente a la insurgencia, ya comenzó nuevamente con su acostumbrada prepotencia de condicionar el intercambio humanitario a que no haya ni despeje ni guerrilleros verdaderamente libres (pues les prohíbe que nuevamente empuñen las armas para luchar por la libertad de un pueblo) .
Esta etapa de la lucha por el intercambio no debe dejarnos con las manos vacías, mucho podemos lograr los revolucionarios si redoblamos esfuerzos por esta batalla táctica que finalmente busca allanar el camino a una solución profunda del conflicto social colombiano. La Coordinadora Continental Bolivariana, sus diferentes capítulos, los núcleos bolivarianos por Nuestra América y todas las organizaciones amigas debemos levantar una amplia campaña con este propósito específico. Victorias como estas nos acercaran al propósito estratégico de ver germinar la Patria Grande.
El Tiempo. Agosto 23 de 2007. “En Bogotá, durante una ceremonia de graduación de más de mil 'Soldados de mi Pueblo' en cursos del Sena, el presidente Álvaro Uribe ratificó sus puntos de vista sobre el acuerdo humanitario: ni despeje, ni liberación de guerrilleros para que vuelvan al crimen.”
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