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Octubre 5 de 2007

La Verdadera Izquierda Política
Por Juan Pablo Jara. Partido Comunista Clandestino Colombiano PC3

Hemos escuchado en las últimas semanas múltiples voces de la Derecha colombiana, la cual monopoliza todos los medios masivos de comunicación del país, promoviendo la conformación de lo que ellos llaman una “Nueva Izquierda”.  Oportunistamente, ante las recientes discusiones dentro del Polo Democrático Alternativo (PDA), invitan a conformar un Partido de “Centro Izquierda” de cara a las elecciones de 2010.

Toda esta estrategia de la Derecha surgió de la campaña de desinformación y calumnias que desde hace varios meses inició el Senador Gustavo Petro en contra de las FARC-EP.  Para quienes conocemos el carácter egocéntrico y arrogante de este senador nos queda claro que toda su pataleta publicitaria obedece fundamentalmente a su obsesión por perfilarse como candidato presidencial, imitando los ruines métodos de marketing político que llevaron a Uribe Vélez a la presidencia. 

Está suficientemente claro que al Senador Petro no lo motivan ideales nobles ni altruistas frente a la justicia social, la paz y el verdadero  progreso del país.   Petro está movido por unos marcados y obsesivos intereses de protagonismo individual que no sólo le han permitido la violación de mínimos principios de ética política y respeto por su compañeros de partido y de bancada, sino que lo han llevado ha acercar cada vez más sus ideas y su corazón a los intereses militaristas de las élites colombianas.  Recuerdo una reunión en la ciudad de Cali hace algunos años, con organizaciones políticas y sociales, donde un líder comunitario de la ciudad le preguntó al Senador cómo concebía él un proceso para llegar a la paz en Colombia; y todos nos sorprendimos cuándo automáticamente Petro respondió: “… las FARC tienen que ser derrotadas militarmente y luego se debe pactar su desmovilización…”.  Como vemos, la concepción militarista y contrainsurgente de Petro no es nada nueva.
      
Afortunadamente la historia juzga a los hombres y a los partidos no por lo que dicen de sí mismos, sino por lo que sus acciones demuestran.  Y Gustavo Petro no sólo ha demostrado que es un guerrillero arrepentido sino además un nuevo miembro fracasado de la derecha.  Precisamente esa “Centro Izquierda”, que reclaman hoy los medios y voceros oficiales, fue la que se conformó traicionando los intereses populares, desmovilizándose y entregando sus armas a cambio de la promesa de que la Constitución del año 1991 daría solución a la endémica pobreza y marginalidad que padece la mayoría del pueblo colombiano.  Y lleva Petro varios años como el mito antioqueño de “la Llorona”, lamentándose por los nulos alcances de la Constitución del 91, fingiendo no darse cuenta que el teatrito de la Constitución no fue más que una nueva mentira con la cual las clases dominantes lograron desmovilizar una parte de los grupos alzados en armas sin cambiar ni un ápice su política de acumulación de capitales, venta de la soberanía y Terrorismo de Estado.

Los recientes fracasos del Senador Petro comienzan a finales del año 2006 cuando totalmente de espaldas a su Partido y haciendo alarde del protagonismo personalista que siempre busca, propuso un oscuro “pacto nacional” con los paramilitares, insinuando una velada invitación a la impunidad y haciendo un guiño amistoso a los jefes narco-paramilitares, desde Uribe hasta Don Berna. 

La estigmatización que el hoy Senador Gustavo Petro realiza contra los sectores y congresistas que dentro del Polo mantienen posiciones coherentes de izquierda y de oposición al militarismo y el terrorismo del Estado colombiano, no sólo pone en peligro las vidas de valiosas y valientes personas que han mantenido su integridad  ética y política, porque los pone en el blanco de las balas del régimen, sino que además coincide con el sentido que le daba a la guerra sucia el jefe paramilitar Carlos Castaño cuando afirmaba que los paramilitares eran  “un proyecto de Centro Izquierda”.

Continuó fracasando el Senador Petro con su apoyo a Maria Emma Mejía, personaje ecléctico y oportunista,  quien perdió la precandidatura dentro del Polo a la Alcaldía de Bogotá.  Y fracasa además poniendo en duda su inteligencia, al acoger, para su pataleta publicitaria, las ideas del torpe asesor presidencial José Obdulio Gaviria, quien anda obsesionado con condenar “la combinación de las formas de lucha” y vociferando que en Colombia no existe conflicto armado, ni político, ni social… Ah¡ y que además, según su fabulosa inteligencia: “ya no existen paramilitares” y estamos en una era “post-conflicto”.

De fracaso en fracaso sigue Petro equivocándose, pues su campaña de destilar odio contra las FARC-EP no le hace daño alguno a los planes políticos y militares de esta organización, que a diferencia de él, continúa fiel a los principios revolucionarios en la búsqueda, no de constituciones de papel sino de transformaciones estructurales que alcancen la justicia social, condición sine que non de la verdadera paz.

El mejor camino para Gustavo Petro sería retirarse del Polo Democrático Alternativo y pasarse de una vez por todas a las toldas uribistas, así no sólo realizaría sus ambiciones personales sino que por fin haría un acto de coherencia con sus ideales militaristas.  No aprende usted señor Petro ni aprende  la derecha en su conjunto de las lecciones históricas que emanan de más de 40 años de confrontación político-militar.  Las FARC-EP son indestructibles, porque cuentan con el apoyo, por ahora silencioso, de millones de colombianos víctimas económicas, políticas y militares de ese Estado que ustedes defienden.  Cualquier transformación importante del país pasa por incluir a las FARC-EP y sus demandas políticas y sociales en la agenda de discusión.

De nuestra parte la verdadera izquierda política continuaremos, para su dolor, orgullosos de ser izquierda y combinando todas las formas de lucha hacia la Nueva Colombia, Bolivariana, en paz y con justicia social.