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Septiembre 17 de 2007

No nos pueden gobernar, no queremos que nos gobiernen, fuera Uribe
Maria Gonzáles. CCB /Antioquia Colombia

Luego del reporte de los encargados de la OEA sobre la causa de la muerte de los ex diputados,  el gobierno afirma a través  del comisionado “tierno” (el comisionado escribió un libro que se llama el derecho a la Ternura) de Luís Carlos Restrepo que fue una masacre de las FARC en un acto demencial cuando la evidencia no apunta a ello, cuando la evidencia encaja en la versión del fuego cruzado.

Como también es evidente que los exdiputados tenían entre otros tiros de galil arma de uso del ejército oficial (entiéndase con esto también a los paras), como es evidente que la insurgencia se esforzó por que los cuerpos se conservaran, si fueran culpables no hubieran hecho ese esfuerzo, fácil que les hubiera quedado no devolverlos; como también es evidente que si no fuera por la gestión de las FARC las familias de los diputados no tendrían cuerpos; como también es evidente que si las evidencias apuntaran a las FARC el informe de la OEA o el mismo Insulza no serían tan tímidos diciendo que lo único claro es que fue homicidio, o sea lo que sabemos todos.

De dónde proviene tanta timidez en el informe, de que la evidencia en los cuerpos, la realidad colombiana, los antecedentes históricos de los gobiernos y el carácter  fascista de este gobierno apunta con más veracidad a lo declarado por las FARC: fuego cruzado entre estas y quién sabe quién ¿mercenarios extranjeros?, ¿el ejército paraco?

Claro que el gobierno tiene su versión oficial que encaja con el fuego cruzado, la que dice que dos frentes de las FARC se confrontaron, pero ¿quién puede creer esto?, cuando el gobierno ha caído en tantas contradicciones y cuando gústele a quien le guste  
la palabra de las FARC ha demostrado ser más consistente. Quién les cree si una de las características de las FARC es su centralidad en el mando y nunca se ha sabido de la más mínima división.  Quién cree esto cuando es innegable lo de los mercenarios extranjeros y de las acciones entre ejército y paracos y la alianza Uribe y paracos. Quién le cree a un gobierno que fue capaz de afirmar en la prensa  que los millones de colombianos que salieron a las calles exigiendo el intercambio humanitario salieron fue apoyando su política de rescate a sangre y fuego.

Un paraco ratero matón y su cofrade no pueden decir la verdad eso es opuesto a su esencia, por eso tenemos que correr presurosos a sacar a esas ratas de la dirección del país. No nos pueden gobernar, no queremos que nos gobiernen.

¡Fuera Uribe!