| |
Septiembre 24 de 2007
El encuentro entre Marulanda y Chávez debe ser en el Caguán
Por Gabriela Beltrán/ABP Colombia
El Caguán zona propuesta por las FARC EP para un posible encuentro entre Chávez y Marulanda se convirtió para la oligarquía colombiana, luego del último intento de la insurgencia y el Estado colombiano de hacer unos acuerdos mínimos, en la prueba fehaciente, de la claridad e incolumidad de la insurgencia con respecto a sus principios, además de demostrar que el pueblo colombiano desea dar el salto hacia una sociedad si bien en paz, con justicia social.
El Caguán, zona ubicada en el departamento del Caquetá y desmilitarizada entre otras (La Macarena, La Uribe, Mesetas y Vista hermosa en el Meta) por el presidente Andrés Pastrana desde el año 1999 hasta el 2002, fue el escenario central de las conversaciones entre el gobierno colombiano y las FARC EP. Específicamente en la bautizada Villa Nueva Colombia se establecieron las llamadas audiencias públicas con una agenda de 12 temas, organizados en 3 grandes grupos:
1. Los temas relacionados con la estructura social y económica. Internacionales
2. Los temas relativos a Derechos Humanos, el Derecho Internacional Humanitario y las relaciones
3. democracia y la estructura política del Estado.
Miles de personas arribaron a las diversas audiencias: campesinos e indígenas que llegaban a pie desde remotas zonas de la topografía colombiana, para hablar de reforma agraria, tradición, autonomía y soberanía, empleo, infraestructura, etc.; artistas entre los que se encontraban guerrilleros (uno de ellos lanzó su libro de cuentos); organizaciones gremiales, sindicales, estudiantiles, de mujeres; grandes economistas del capital como el entonces presidente de la bolsa de valores de Nueva York, sociólogos, antropólogos y hasta la reina de Jordania interlocutaron con los sectores más oprimidos del pueblo y con las FARC EP.
Representantes de los llamados países amigos participaron en audiencias internacionales, (Alemania, Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Costa Rica, Chile, Cuba, Dinamarca, Ecuador, España, Finlandia, Francia, Italia, Japón, México, Noruega, países Bajos, Panamá, Perú, Portugal, Reino Unido, Suecia, Suiza, Venezuela y el Estado Vaticano, así como el Delegado Especial del Secretario General de las Naciones Unidas y la Comisión Europea.).
El Caguán desmilitarizado permitió al que quisiera confrontar la “realidad” presentada por la gran prensa con la verdad verdadera: una fuerza insurgente con una propuesta de Estado construida desde el debate con todos los sectores, con la historia y con la experiencia particular de pueblo subyugado y un gobierno urticante incapaz de pasar del primer punto de una agenda de 12.
El Caguán fue una auténtica zona de paz. Gracias a su desmilitarización pudo el pueblo en confianza reclamar y debatir, preguntar y abonar a la construcción de un nuevo país y fue posible que los pueblos del mundo comprendieran el carácter del conflicto en Colombia, algo de la realidad americana y la justeza de la lucha popular.
Amenazados los intereses de las minorías nacionales y transnacionales, el proceso fue sellado (como se tenía la obstinada esperanza de que no pasara) con bombardeos y encarcelamientos masivos a los habitantes de esta zona del Caquetá entre las consabidas formas, mecanismos y procedimientos del terrorismo de estado contra todos los colombianos que sospechaban habían ido al lugar.
El gobierno apoyado en los medios de comunicación emprendió una intensa y audaz campaña de desinformación para convertir al caguán en el símbolo de la imposibilidad de establecer mecanismos por la vía del diálogo para la concreción de la paz.
Abonado el terreno de sangre y mentiras, AUV se hizo presidente. Ya por entonces era reconocido por su política de formación y financiación de bandas paramilitares en Antioquia. Su bandera electoral, “mano fuerte, corazón grande” fue el epígrafe de la política de la dichosa Seguridad Democrática, que devino en mano fuerte para la insurgencia y el pueblo colombiano y corazón grande para paramilitares, narcotráficantes y políticos corruptos.
No obstante, el rotundo fracaso a todo nivel de la política de “seguridad democrática” y lejos de debilitar militarmente a las FARC EP, el gobierno colombiano oculta pertinazmente su derrota, reforzando la nefasta ecuación medios de desinformación+ sangre + fuego indiscriminado = debilitamiento de la insurgencia y negando obtusamente, la posibilidad de un encuentro en Colombia entre los representantes de la comunidad internacional y las FARC, con el argumento de que estas son una organización terrorista.
Bajo el delirio guerrerista del presidente y quienes lo apoyan Colombia padece un estado de zozobra permanente, una miseria en aumento, al igual que un sinnúmero de huérfanos y desterrados. Y con todo aumenta de paso el descontento general; la guerra atiza el fuego de las condiciones subjetivas que abocan a las masas a actuar consecuentemente con semejante estado de agresión. La oligarquía no aprendió de la experiencia de Marquetalia y fortalece las causas de su propia extinción.
Las resonancias del Caguán (en contraposición a la seguridad democrática) expresadas actualmente en este multitudinario apoyo a un proceso inicial de canje de prisioneros, no han sido ahogadas por la violencia, la comunidad internacional en una amplia representación pudo conocer frente a frente la situación del pueblo colombiano y su insurgencia por lo que las mentiras de Uribe y sus negativas, son una burla a lo que ya se ha podido comprobar y se ratifica: Las FARC EP no son una fuerza terrorista y la situación de guerra y miseria de Colombia es insostenible.
La propuesta de las FARC de que en el Caguán se realice el encuentro Chávez Marulanda revela de algún modo, entre otras cosas, el empeño, y compromiso que tiene la insurgencia con el pueblo colombiano, la comunidad internacional y por supuesto con sus propios camaradas en las cárceles. El proceso pasado en el Caguán y la subsecuente respuesta del Estado reafirmaron el imperativo de alcanzar la paz con justicia social.
El Caguán contrario a lo que trató de imponer como verdad la oligarquía es símbolo de lo que se debe concluir, un diálogo para alcanzar la paz y la reconciliación. El resultado de las Audiencias públicas no se ha borrado hace ya parte del material histórico fundamental en la construcción de un nuevo país.
Chávez y Marulanda en el Caguán serían las voces recogiendo el eco esplendoroso que aún vibra en el lugar; su encuentro será la continuación de ese diálogo interrumpido por el miedo de la oligarquía y el imperio, constituyéndose en un paso decisivo hacia la unidad de la izquierda y el fortalecimiento de las luchas populares.
|