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  Noviembre 1 de 2007

La estrategia Uribista en Bogotá: Mantener a raya  la “ola amarilla”
Por: Boris Isidro/ IPB* Colombia

 En “defensa de la democracia” dice el Presidente Alvaro Uribe, cuando le preguntan por los calificativos irrespetuosos contra el  PDA. Nos hace acordar de aquella famosa frase de un Coronel del Ejército que cuando daba orden de acribillar y quemar todo lo que estuviera adentro del palacio de justicia en 1985, un periodista le preguntó: ¿qué hace Coronel ?... “¡Aquí, salvando la democracia maestro!”, contestó el militar.

En la oferta y la demanda, es decir el mercado, muy difícil es hablar de democracia. Sin embargo es a la que se refiere el Sr. Presidente. Sus locuaces insinuaciones son más bien una conducta autoritaria y una muestra  de debilidad  e inseguridad. Arrogante postura que trae desde que inició su persecución contra los trabajadores siendo secretario del ministerio del trabajo en 1977. Porque precisamente lo que caracteriza en firme una contienda de ideas y propuestas políticas en un modelo realmente democrático es el debate, la crítica, la contra propuesta y la contra lectura, la diferenciación y la apertura al imaginario social.  

En Colombia el ejercicio del debate político franco sigue siendo muy esquivo y peligroso, precisamente por conductas como las mostradas por Uribe. Una vieja maña de tradición bipartidista-oligárquica que se transmite de generación en generación: estigmatizar el contrario, descalificarlo y medirlo con una tabla de valores hipócritas e inicuos; como si la tradición gubernamental estuviera rodeada de mucha moralidad, honestidad electoral y limpieza política. Claro que este procedimiento es el más suave, el otro es la operación motosierra.

Y como en antaño la policía copió bien su mensaje, porque además de la encerrona mediática a favor de Peñalosa, el día de las votaciones algunos patrulleros se dedicaron a prohibir y decomisar periódicos sociales por la mera alusión al PDA. Como fue el decomiso del Periódico de la CUT, en plena vía séptima, bien distante del más cercano puesto de votación y sin que el portador lo estuviera – al menos – distribuyendo. Toda imagen amarilla era perseguida con fogosa impetuosidad, inquietos preguntamos a algunos policías la razón de ello, quienes reconocieron que había directiva presidencial para tales procedimientos.

Esto lo que nos indica es que “la izquierda democrática u ola amarilla”  tiene sus límites, tiene su raya. Pasar de ahí es temerario. Tener simbología y lenguaje propio, diferencia ideológica y postura anti-imperialista, se torna imposible. En la democracia del mercado a este producto no se le otorga licencia para la oferta y la demanda. De tal modo que una visión humanística de ciudad, contraria al diseño globalizado-financiero de la “Operación Estratégica Plan Centro” será poco probable en las posibilidades del nuevo Alcalde. No obstante es el constituyente primario la real autoridad. A él tenemos que acudir y con él actuar.

Boris Isidro
Inciapopular@yahoo.es