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  Noviembre 10 de 2007

Preservar la semilla tradicional
Por Galo Martínez F/Colombia

Producto de la dependencia en todos los sentidos y los afanes de las transnacionales por controlar los mercados -apuntando al objetivo recolonizador de tener en sus manos la alimentación de los pueblos-; las autoridades colombianas en boca del Ministro de Agricultura, conocido como “Uribito” autorizaron el uso de semillas de organismos modificados genéticamente, conocidas como transgénicas.

Como siempre y más en este gobierno caracterizado por la mentira, prometen a los campesinos el oro y el moro, hablan de magnifica rentabilidad económica, menos utilización de agroquímicos, menos trabajo por ser cultivos resistentes a plagas y enfermedades. Por tal razón de un tiempo para acá se habla entre los productores de maíz de herculex,  roundup ready, yieldgard mon 810 y BT 11 que son las autorizadas. 

Por otro lado engañan a la población al plantear mayor calidad y contenido nutricional de estos productos, cosa que científicamente no está demostrada. También mienten al anunciar una disminución en la necesidad de tierras para la producción agrícola.

Es decir, ahora y a cuenta de unos productos que implican un sinnúmero de riesgos los colombianos vamos a resolver todos nuestros problemas de producción, miseria y hambre. El clásico lobo vestido de oveja, además de los daños que producen, algunos cuya magnitud aún se desconoce, se presentan como los portadores de la solución a todos los problemas –que antes de resolver van a agravar-.

La esencia es el control por parte de las transnacionales imperialistas de absolutamente todos los recursos naturales del mundo; en este caso ni más ni menos que de la comida. Dupont, Monsanto, Syngenta, Novartis, Carguil, ADM y Bungue son los monopolios que se encargan de este aspecto, de concretar los planes imperiales recolonizadores.

Ser el segundo país de Suramérica que aprueba la utilización de transgénicos no es un mérito ni un logro, al contrario se demuestra el papel de punta de lanza de la arrodillada oligarquía criolla pues se presenta como un logro y ejemplo a seguir en el contexto del Plan Puebla Panamá.

En realidad enfrentamos serias amenazas.

  1. Depender para la producción de maíz de las semillas vendidas por las transnacionales de la muerte, las cuales avanzan en su monopolio. Y aquí no hablamos únicamente de los costos o precios, hablamos de la posibilidad de sembrar o no. En futuro no muy lejano, en otras latitudes se definirá si podremos producir maíz, de qué tipo y en qué cantidad. La dependencia, el neocolonialismo, no son en teoría, son una realidad.
  2. No se conoce el alcance verdadero de los riesgos que trae el consumo de transgénicos o de animales alimentados con ellos. Nos exponemos a nuevos tóxicos  y a efectos inesperados.
  3. El medio ambiente y la agricultura se ven amenazados por el aumento del uso de tóxicos, la contaminación genética y del suelo, la pérdida de biodiversidad y la modificación de las cadenas biológicas.
  4. Hay consecuencias irreversibles y otras imprevisibles, el afán de la ganancia y el poder manipula el desarrollo tecnocientífico, su objetivo es el lucro y no el bienestar de la humanidad.

Y no para la peligrosa amenaza, hacen curso para su aprobación semillas transgénicas de yuca, arroz, rosa, caña y café, que seguramente recibirán el beneplácito para el próximo año.

Se quieren presentar los productos modificados genéticamente como los que van a resolver las necesidades de los pueblo y eso esta por verse, pasando necesariamente por el cambio de la utilización del desarrollo científico. Con este pretexto-objetivo se impulsa el neoliberalismo verde – no importa el apellido, es la misma salvajada-. El Nóbel de la paz a Al Gore, reconocido guerrerista, es parte de ese juego manipulador.

El propósito de fondo es garantizar materia prima para los biocombustibles o mejor agrocombustibles y proyectar el reemplazo del petróleo –que se acabó- no sólo como recurso energético sino como materia prima de la llamada petroquímica.

Los campesinos y productores de maíz y soya de México y Argentina son ejemplo de esta tragedia, pues les ha tocado vivir en carne propia tanto la ruina individual como la social.

Ya de por si, las formas feudales de tenencia y explotación de la tierra que subsisten, son uno de los graves problemas no sólo en Colombia sino en la mayoría de países de Nuestra América. La reforma agraria integral es una urgente necesidad. Ahora el problema se agudiza, pues se pretende basar el consumismo desenfrenado del sistema, su voracidad, en la explotación del campo, garantizando el dominio total, con el control de las semillas a través de los transgénicos.

No se trata de oponerse obtusamente al desarrollo tecnocientífico, pero este debe ser real y comprobarse plenamente que va en beneficio de los pueblos.

La soberanía alimentaría es un principio amenazado por estas maniobras. No importan los cantos de sirena de Álvaro Uribe, su delfín Andrés Felipe Arias “Uribito” o su consejero Fabio Valencia Cossio, una vez más se demuestra, como dijera Jorge Eliécer Gaitán, que “la oligarquía criolla tiene la rodilla en tierra para los gringos”.

Preservar la semilla tradicional y no caer en el engaño de la manipulación genética, es parte de la solución que con su sabiduría, experiencia y resistencia construye nuestro pueblo en el camino diario de labrarse el futuro que se merece: futuro socialista.