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  Noviembre 1 de 2007

Aporte al debate sobre el “Poder Popular” en Venezuela
Por: Andrés Otalvaro/Colombia* Para la ABP

La propuesta de reforma constitucional se abre paso en Venezuela. A la fecha, nos encontramos ante una intensa discusión sobre su contenido. Uno de los componentes fundamentales de la nueva Carta Magna sería el “Poder Popular”.

Para entender el Poder Popular es necesario remitirnos al modelo de “Democracia Protagónica y Participativa”, incluido en la Constitución Bolivariana de 1999. El objetivo de este modelo no es otro que fomentar una inclusión progresiva de la población venezolana a través de distintos mecanismos de participación en la formulación y el desarrollo de los asuntos claves de la gestión pública. Salvando las distancias y guardando las proporciones, podríamos trazar un vínculo entre este nuevo ideal democrático con las ideas y las prácticas de democracia directa que anteriormente postularon pensadores como Jean- Jacques Rousseau y los ciudadanos atenienses de la antigua Grecia.

En términos contemporáneos, la diferencia principal entre la democracia participativa y la democracia representativa (inherente al desarrollo de múltiples sistemas políticos occidentales) radica en que en la segunda tan sólo unos cuantos deciden por las cuestiones políticas que conciernen a la comunidad, mientras que en la primera todos y cada uno de los miembros de la comunidad política participan activamente en la toma de decisiones sobre los asuntos públicos (y asimismo, todos los habitantes elaboran las leyes que rigen su cotidianidad).

Dadas las magnitudes demográficas sería imposible abandonar definitivamente el conjunto de  mecanismos de democracia representativa (poder por delegación) en un país como Venezuela; mas, el gobierno bolivariano considera imprescindible fortalecer una variada gama de medios que facilita la democracia directa en aras a intensificar el “Poder Popular-Originario” en el seno de un nuevo Proyecto Histórico.

Es bien sabido que el proyecto de país que quiere construirse en Venezuela propugna por la inclusión de las clases más pobres e históricamente marginadas. En este sentido, la invitación a configurar la V República hace un llamado especial a aquellos habitantes para que participen activamente de un nuevo sistema político que reivindique los derechos y los discursos de quienes por largos años soportaron la exclusión, la opresión y el racismo.

Miles de campesinos y campesinas, un elevado número de trabajadores y trabajadoras del sector informal, las minorías étnicas y, en general, la población más pobre en Venezuela, se sienten llamados a impulsar la Revolución Bolivariana y a integrarse en lo que sería esa revitalizada y protagónica entidad: “el Pueblo Soberano”. Según el artículo 136 de la reforma constitucional, que entre otras cosas incluiría en la nueva Constitución al “Poder Popular”, la soberanía no nace del sufragio ni de elección alguna, sino que se emana “de la condición de los grupos humanos organizados como la base de la población”.

De modo que, a través de un trabajo mancomunado entre Estado y sociedad, a partir del principio de “corresponsabilidad”, numerosos venezolanos y venezolanas están volcados a la transformación de las estructuras socio-económicas, político-institucionales, culturales y normativas de su país. Este proceso será largo e implicará muchos recursos, consistencia y disciplina. Poco a poco, el Estado irá entregando no sólo funciones administrativas, sino también autonomía financiera y el poder real a las “comunidades organizadas”, de manera que ellas puedan solucionar los problemas que las aquejan el día a día. El reto será consolidar formas de “autogobierno” y “autodesarrollo” que a partir de eficaces modelos organizativos demuestren que tan capaz es el pueblo venezolano de construir un nuevo país “desde abajo”, con el acompañamiento permanente del Estado. Para el momento en que esta propuesta se cristalice, entonces el poder habrá sido efectivamente  transferido a las masas populares.

Existen, por supuesto, múltiples obstáculos para la consolidación del Poder Popular que  es parte consustancial del Poder Constituyente. En primer lugar, tendríamos los pesados lastres del Poder Constituido, es decir la herencia del ancien régime, relacionados con las tradicionales prácticas y vicios políticos como: el clientelismo, la corrupción, el burocratismo, la ineficiencia y la rígida verticalidad en los procesos de toma de decisiones. El excesivo personalismo y la consecuente concentración de poder también exigen abnegación y rechazo. Todos ellos son problemas muy arraigados en la cultura política venezolana e, inevitablemente, ralentizarán los intentos actuales de crear un hombre nuevo, con conciencia crítica, ética y profundo compromiso social, cuyo marco de acción ha sido definido como el Socialismo del S. XXI.

Cada día es más claro que sólo en el marco del Socialismo del S. XXI puede desarrollarse plenamente el Poder Popular y una verdadera democracia participativa, en el entendido de que en el contexto capitalista inexorablemente se perpetúan los problemas mencionados con anterioridad, además de otras prácticas nocivas no sólo para la convivencia humana sino para toda forma de vida, incluyendo la del mismo planeta Tierra.

Las cartas están echadas, el proceso revolucionario y el Poder Constituyente están en marcha, el Poder Popular exhibe sus primeros destellos, todavía en ciernes pero fuertes y persistentes. Lo que está en juego es la lucha popular por las reivindicaciones sociales, el rigor y la continuidad de la resistencia y las distintas expresiones del espíritu democrático: condiciones sine qua non en los albores del nuevo siglo. Los retos son bastantes y no de poca monta. Es seguro que las batallas en este sentido se intensifiquen en lo que viene y allí habrá transformaciones y reubicaciones perentorias tanto de los espacios y de las relaciones como de las fichas de poder. Que sea entonces la democracia sustancial la que triunfe y no sus acérrimos enemigos.       

* Observatorio de Venezuela
   Universidad del Rosario
   Bogotá