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Junio 5 de 2007
Con esta farsa ni gana Uribe ni gana Colombia
Gabriela Beltrán ABP/Colombia
Álvaro Uribe Vélez, AUV está engañando nuevamente a Colombia con el cuento este de la excarcelación de guerrilleros, que dicho sea de paso no son reconocidos por las FARC sino como desertores o civiles que, lo decimos nosotros, tuvieron la suerte de que les “pusieran” el uniforme vivos.
Un engaño muy pertinente ahora que el país se encuentra paralizado por paros y multitudinarias manifestaciones en donde todos los sectores han demandado democratización de las instituciones y el desmonte del Estado paramilitar, por no mencionar las reivindicaciones propias de cada sector.
En estas manifestaciones la fuerza pública ha mostrado el verdadero rostro de los gestos humanitarios unilaterales y porqué se insiste en todos los medios que a bien tengan publicarlo, que Colombia padece el rigor del fascismo.
Es una muy buena época para una excarcelación sobre todo cuando los testimonios de los viejos vecinos de la finca de Uribe, léase Mancuso entre otros, están mostrando por las orillitas qué clase de gente son quienes están detrás de las tragedias humanitarias que sufre todos los días el país, y sobre todo, quiénes son realmente los untados en el negocio del narcotráfico.
Esconder una indiscutible crisis de las instituciones del Estado amerita una farsa de tamaña magnitud, pero lamentablemente para el pueblo colombiano, como buena mentira, constituye un retroceso, manosea la esperanza de los familiares de los prisioneros, amenaza directamente la vida de los liberados que al no tener el respaldo de las FARC o bien por no ser o por desertar, pueden ser asesinados por el Estado como tradicionalmente ha ocurrido y demuestra que con este gobierno un proceso de diálogo es impensable.
Pretender quedar bien, haciendo quedar mal a las FARC EP ante la comunidad internacional es un arma de doble filo para Uribe, pues el fenómeno de la parapolítica es inocultable, como el hecho de que esta insurgencia se ha mantenido incólume durante más de 40 años, demostrando con una gran destreza no sólo militar, su carácter beligerante.
El caguán nos permitió conocer a los colombianos que las FARC EP no son narcotraficantes, es más el juicio de Simón y Sonia se encuentran empantanados, porque ni con testigos falsos han podido demostrar que en efecto hay vínculos con el narcotráfico, que es ante la opinión nacional e internacional, el caballito de batalla del gobierno.
Hacer eco internacional a Uribe en este momento quitaría a las naciones que decidieran apoyar a Uribe, el velo de país bien intencionado, país amigo, veedor internacional etc., para mostrar el rostro de la derechas más recalcitrantes.
Con esta farsa ni gana Uribe ni gana Colombia
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