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Septiembre 30 de 2007
Costa Rica, contexto en elecciones del TLC
Por: Sharian Viteri/Ecuador
28-09-10Arias y su partido (Liberación Nacional), sufrieron un fuerte revés en las pasadas elecciones: durante toda la campaña política las encuestadoras (cuestionadas más tarde de sesgar los datos de forma intencionada a favor de Arias), los favorecieron concediéndoles una ventaja de más de 20% de la intención de voto, lo cual condujo a que la campaña arista tuviera un discurso triunfalista y autoritario, donde muy claramente se determinó el apoyo irrestricto de dicho candidato al TLC con EEUU.
Sin embargo, al final Arias se impuso sobre Ottón Solís (del Partido Acción Ciudadana), por poco más de 18 mil votos, que representan un raquítico 1,12% de los votos válidos emitidos por la ciudadanía. Además, la Asamblea Legislativa quedó fraccionada en al menos 8 bancadas (dos de ellas mayoritarias, dos de mediano tamaño y cuatro minoritarias), lo cual no asegura un Congreso monolítico en torno al TLC y a otros temas públicos.
Este resultado electoral confirma que no hay en Costa Rica una fuerza política con suficiente legitimidad como para imponer sus decisiones y opciones al resto de la ciudadanía; en términos generales, Arias obtuvo apenas cerca del 25% de los votos de todo el padrón electoral, porcentaje superado con creces por el abstencionismo que este año fue de cerca del 35%.
Por otra parte, el resultado de la elección refleja la polarización que vive la ciudadanía en torno al TLC con EEUU, a pesar de lo cual el nuevo Gobierno ya anunció que no dará marcha atrás en este asunto, causa en la cual contará con el apoyo incondicional y eventualmente con la presión de Washington.
Durante varios meses, el Partido Acción Ciudadana (PAC) defendió la tesis de que era posible una renegociación del TLC con los EEUU, prometiendo encabezar dicha renegociación si llegaba al poder.
Esta posición, poco a poco, fue consolidando el apoyo al PAC por parte de la ciudadanía y muchos sectores organizados opuestos al Tratado, sin embargo no resolvía la contradicción de fondo al no representar una verdadera alternativa al “libre comercio”: en realidad, el PAC se ha manifestado siempre a favor de la liberalización comercial, aunque ha condicionado su apoyo a los TLC a la modificación de algunos de sus contenidos más perjudiciales para Costa Rica (por ejemplo, en materia de propiedad intelectual, apertura de las telecomunicaciones y subsidios agrícolas, entre otros).
Aunque esta posición del PAC fue importante para la definición de los resultados electorales, una vez aclarado quién ganó las elecciones, se ha aclarado a su vez que la opción de una eventual renegociación es del todo inviable, quedando como única alternativa la posición que han sostenido los movimientos sociales a lo largo de más de tres años: el rechazo total al TLC. A partir de ahora, la población costarricense volverá a vivir la polarización en torno al TLC de los últimos años, que es en el fondo una polarización en cuanto al modelo económico impuesto durante más de dos décadas al país por parte de los Gobiernos de turno, las grandes corporaciones y los organismos financieros internacionales.
En efecto, la oposición al TLC con EEUU ha propiciado un debate extenso y muy importante en amplios sectores sociales, organizados y no organizados, donde se perfila una crítica de fondo al modelo neoliberal, y se va tomando conciencia plena de la necesidad, urgente por cierto, de encontrar alternativas políticas, económicas y sociales a dicho modelo. Aunque en este momento tampoco existe una fuerza política capaz de representar el heterogéneo mapa de fuerzas sociales alternativas que han ido surgiendo, Costa Rica vive una situación que sin duda alguna guarda relación con el nuevo escenario político latinoamericano, especialmente con lo que está aconteciendo en América del Sur, donde el ascenso de proyectos políticos populares ha minado seriamente la hegemonía norteamericana sobre nuestros países.
Es importante señalar que en los últimos años, han surgido nuevas fuerzas políticas alternativas en el escenario costarricense, algunas de ellas de índole partidaria, otras que se mueven fundamentalmente en el ámbito de la articulación de movimientos sociales no partidarios; todas estas fuerzas han encontrado en la oposición al TLC una causa común, que les ha permitido conocerse, articular instancias de coordinación, programar acciones, desplegar planes estratégicos y compartir información, todo lo cual ha ido construyendo importantísimos tejidos político-organizativos al nivel de base, que antes no existían o eran muy débiles y circunstanciales.
También ha habido un importante despertar de la intelectualidad y de los sectores culturales, que se ha abocado a analizar con detalle los impactos que el TLC tendría sobre distintos ámbitos de la economía, la institucionalidad y la sociedad costarricense, así como a apoyar los procesos de movilización, lo cual ha sido significativo ya que durante muchos años hubo una gran distancia entre los movimientos de base y sectores de intelectuales y artistas críticos cuyo aporte era escaso y/o muy puntual en los procesos colectivos, siendo que en el momento actual hay una mayor integración que consolida la resistencia frente al TLC.
No significa esto que se haya logrado ya consolidar un movimiento político nuevo, pero sí que se ha puesto en marcha una interesante configuración de redes e instancias que de forma gradual han ido radicalizando su oposición al “libre comercio” y, con ello, han ido construyendo un consenso social distinto sobre el rumbo que debe seguir el país en los próximos años.
De todo esto, probablemente, podrá derivarse la construcción de fuerzas sociales capaces de impulsar un proyecto político propio, alternativo y con apoyo popular, lo cual es indispensable si los movimientos quieren pasar de la resistencia a la propuesta y, desde ahí, construir opciones de poder con fuerza y legitimidad para destronar a las viejas oligarquías y élites empresariales que detentan el poder en Costa Rica desde el inicio de la vida republicana durante el primer cuarto del siglo XIX.
Sin duda, falta mucho por hacer y el proceso puede experimentar retrocesos y contradicciones, no obstante es necesario tener en cuenta que Costa Rica está cambiando y que ese cambio puede canalizarse hacia un apoyo popular a proyectos nuevos, incluyentes, participativos y centrados en el desarrollo humano integral de la población.
Es normal que la llegada de un nuevo Gobierno desmovilice parcialmente a la población, quizá por la expectativa del “qué hará” en los meses iniciales de su gestión. Sin embargo, debido a que la lucha contra el TLC viene desplegándose con creciente intensidad en los últimos años, es más que probable que habrá una pauta de continuidad en el conflicto que evitará la desmovilización de los sectores que luchan contra el Tratado.
El Vicepresidente de Costa Rica renuncia a su cargo al ser descubierto un memo donde se habla expresamente de la campaña donde el miedo es una de las armas que el Gobierno utiliza para que la población vote el “sí” al TLC.
Se conoce también que el Diputado oficialista Fernando Sánchez envió al Presiente Oscar Arias, el 29 de julio pasado, tras convocarse el referendo, un documento en el que recomendaba amenazar con recortes presupuestarios a los Alcaldes oficialistas que no consiguieran el apoyo de sus comunidades al tratado.
Los movimientos sociales y las fuerzas políticas que se oponen al Tratado han consolidado su posición, mientras que los sectores neoliberales no tienen el camino despejado para imponer sus designios a la población, tal como esperaban tras la llegada de su candidato a la Casa Presidencial.
La renuncia del Vicepresidente podría fortalecer a los sectores sociales que han mantenido la campaña al “no”.
Si en las elecciones ganará el “no”, seguramente las organizaciones sociales no solo tendrían el triunfo al haber acabado con el TLC, sino podrían convertirse en una coalición con fuerza, que lograría postularse en las próximas elecciones.
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