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Junio 7 de 2007

No podrán arrebatarnos el Derecho a Luchar

Por: Lucia Valdez/ ABP Colombia

En la estructura dialéctica de la historia aparecerán siempre los pueblos rebelándose contra los condicionantes de su libertad, y está en la perspectiva constante de la humanidad el liberarse de la alienación para realizar su ser a plenitud. Eso es un imperativo incuestionable. En consecuencia aparece como tarea ética y práctica de los pueblos el coincidir indefectiblemente con la revolución. Desde los tiempos de la Liga de los Justos, más tarde denominada Liga de los comunistas, su programa bautizado como Manifiesto Comunista sus planteamientos fundamentales han sido más que confirmados por el curso de los tiempos: la historia de la sociedad es la historia de las luchas entre los explotadores y los explotados, entre los opresores y los oprimidos. En todo caso una gran conclusión mantiene el peso de su verdad sobre los explotadores; ellos serán derrocados por la acción revolucionaria de los pobres para establecer la era de la sociedad sin clases.

Cuando los hombres convertidos en mercancías, eran propiedad de los esclavistas y sometidos a los más ultrajantes e inhumanos tratos, obligados a trabajar por la fuerza, y separados de sus hijos y esposas hubo el momento en que las ansias de libertad y justicia triunfaron sobre la opresión. En Nuestra América, como en el resto del mundo las rebeliones contra los liberticidas no han sido extrañas, y asumiendo sus particulares características, de mil formas, con negros esclavos, indios mitayos…, mestizos subyugados, como protagonistas asumieron con inventiva, determinación y decoro su existencia mirando hacia el horizonte de una realidad sin grilletes ni más afrentas. Los pueblos originarios, por ejemplo, con denuedo lucharon contra los españoles que pretendieron exterminarlos y aplastarlos en sus ser y su conciencia; los negros llamados cimarrones hicieron lo propio…, los comuneros y los patriotas de Galán, Bolívar, La Sáenz, y tantos y tantos gestores de nuestra americanidad y sueños de libertad combatieron contra la corona española hasta expulsar a los opresores de nuestras tierras.

Si los insurrectos parisinos tuvieron su julio de glorias para arrasar con las ignominiosas de la Bastilla emprendiendo una revolución esperanzadora, si tuvieron posteriormente su marzo alborada de communards contra los reyes y señores feudales que implantaban la servidumbre, el hambre, la miseria y la muerte para las mayorías, Nuestra América también ha sido semillero de la emancipación que ha florecido en gestas como las de Tupak Amaru, Benkos Bioho…, el mestizo Galán la rebelde Beltrán y cada insurrecto de sangre amerindiana en trepidar.

Rebeliones ha habido, contra el capitalismo desde su génesis, tanto para parirlo como para enterrarlo; rebeliones ha habido, incluso, contra las maquina mismas cuando fue mirada como el instrumento que le arrebataba al hombre el derecho a su trabajo.

Levantamientos se han dado como luz contra cada sombra de alienación. Con éxito o sin él; con certeza o con errores…, Hombres y mujeres…, los pueblos en fin han arribando desde la pasividad a la acción, proponiéndose objetivos alcanzables, planteándose las metas que van brotando de aquellas condiciones materiales que hacen prever su realización, pero también marchando sobre la utopía, planteándose en terminaos del Bolívar Libertador lo imposible que ha de concretarse como el alumbramiento de la perseverancia revolucionaria, con aquella convicción de que “ la única forma de alcanzar la libertad es luchar por ella” .

Y es que el derecho que tienen los pueblos a su autodeterminación no se lo otorga nadie en particular. Es ese, elemento inmanente de la historia; es ese, valor motriz de la liberación. Pero, pareciera que los explotadores no han aprendido de los procesos de transformación y siguen intentando contener y someter a esa gran masa que lucha por emanciparse para tomar las riendas del poder en defensa de los intereses de los desposeídos. Las experiencias de las insurrecciones populares son muchas, y nos dejan entre su infinidad de enseñanzas la certeza de que la lucha es el sendero por el que los oprimidos concretan el triunfan sobre los opresores:

  •    El del pueblo francés con la revolución del 14 de julio de 1789, con la toma de La Bastilla y la llegada de las ideas liberales para asestar duro golpe al antiguo régimen instaurando el Estado burgués.

 

  •    La primera independencia liderada por Bolívar y sus guerrillas patriotas en América, liquidando a los españoles que intentaban mantener a toda costa su feroz imperio de expoliación y avaricia.
  •    La primera revolución socialista bolchevique en octubre de 1917 dirigida por Lenin que destruyó el zarismo como forma de gobierno absoluto y antipopular.

 

  •    El virtuoso pueblo del Vietnam que en 1975 demostró al mundo cómo un pequeño país, con la táctica de la guerra de guerrillas, con su valentía, patriotismo e ingente moral revolucionaria derrotaba en el campo de batalla al imperialismo gringo con todo su poderío tecnológico y su perversidad.
  •    El heroico pueblo de Cuba que resiste las provocaciones del imperio y marcha avante en la construcción de su proyecto de justicia social, en libertad.

 

  •    La valiente y eficaz resistencia del pueblo de Irak invadido y ultrajado por el imperialismo norteamericano.
  •    La consecuente y tenaz lucha del pueblo colombiano resistiendo los embates y la violencia impuestos por la oligarquía liberal-conservadora y la intervención norteamericana que procuran instaurar el colonialismo neoliberal.

 

(…)

Tendría la extensión de la historia de la dignidad humana la lista de pueblos alzados contra la tiranía y la injusticia de los poderosos. Definitivamente se trata del desenvolvimiento de la lucha de clases antagónica, de la cuál, muchos no quieren oír hablar.

Los opresores han utilizado siempre la violencia a través de la explotación, las humillaciones, el desconocimiento del otro, los sobornos, la guillotina, la quema en la hoguera, las cadenas, los grilletes, la calumnia, la tortura, el destierro, la invasión, la extradición de nacionales, la guerra sucia, las mazmorras, jaulas y cárceles, el chantaje, la silla eléctrica…, la represión, para ejercer su dominio. Y para ello, no lo olvidemos, para el caso de América Latina y el caribe, no en poco se ha valido de la iglesia, de la cristianización, de la inquisición y la hipocresía como apoyo prioritario de los Estados burgueses, con todos sus aparatos de alienación, mientras califican a los revolucionarios de sediciosos, revoltosos y terroristas, como un verdadero ladrón gritando cojan al ladrón. Pero peor aún, usando toda su maquinaria de guerra y terror para contener el avance de los millones de resistentes y vejados que van levantando cada día con más fuerza, con el convencimiento de que otro orden mundial, otro orden social sin clases es posible.

“Es mejor morir de pie, que vivir de rodillas”, nos ha enseñado el padre Libertador, y esta frase que sintetiza la acción consecuente como herencia para los pueblos que hoy protagonizan los cambios sociales, políticos y estructurales que esperanzan al continente y al mundo con las banderas redivivas del socialismo avivan el fuego de los anhelos realizables de Bolívar, la Pola, Lenin, Martí, el Che, Ho Chi Min, Caamaño, Jacobo Arenas, Hernando González Acosta, Nariño y los miles de mártires y héroes cuyos ideales palpitan en nuestras conciencias consagradas a la causa de la patria grande hasta el triunfo definitivo, para decir con El Che.

Cerremos esta reflexión con un pensamiento del Che en el que nos expresa que como revolucionarios debemos “sentir indignación contra cualquier injusticia cometida contra cualquier persona, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad mas bella de un militante.”