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Noviembre 13 de 2007
El exabrupto del rey Juan Carlos con el Presidente Chávez
Por: Nelson del Castillo/Argenpress
Siempre me pareció un hombre ecuánime, consciente de desempeñar un papel intermedio en el proceso de transición en España que no debía exagerar. Por eso, frente a las bambalinas del escenario político ibérico, el rey Juan Carlos lucía muy propio. Las veces que lo he visto en persona, desde su primera visita a Puerto Rico y en algunas de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y Gobierno, su conducta era inofensiva. Es más, hasta generaba cierta simpatía, por más que se aborrezca ese anacronismo que es la monarquía.
Ahora son otros tiempos en América. Tiempos de rescate de la dignidad de nuestros pueblos y el rey Juan Carlos no ha tenido la resistencia para escuchar, con la corrección diplomática apropiada, las denuncias del mandatario venezolano Hugo Chávez Frías acerca de la participación de España, y en particular del entonces presidente español José María Aznar, en el golpe de Estado de abril de 2002, en contubernio con la administración estadounidense de George W. Bush.
El escenario de reclamo, contrario a lo que se ha apuntado, era el perfecto: la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana el pasado sábado –10 de noviembre– en Chile. ¿Qué mejor que un encuentro de esta naturaleza para denunciar los asuntos que preocupan a Iberoamérica, como el sabotaje a sus procesos políticos y económicos?
Ya en la víspera, el viernes 9 de noviembre, el presidente de Argentina, Néstor Kirchner, había hecho duras denuncias de los empresarios españoles que, en muchas ocasiones, actúan como bandadas depredadoras por la geografía americana, como si quisieran reeditar los tiempos de la conquista.
“Los empresarios españoles –afirmó el Presidente argentino– me corrían por todos lados y yo no tuve más remedio que pelear”. Cierto que Kirchner introdujo, al despedirse de sus homólogos, un agradecimiento particular al rey Juan Carlos por respaldarlo en esos momentos, pero la verdad quedó dicha.
El exabrupto del monarca español que quiso reducir la autoridad de un gobernante iberoamericano, lo ha dejado en ridículo y ha desenmascarado a los medios de comunicación ibéricos en su desprecio hacia los procesos democráticos en América.
Mientras aplauden la inapropiada conducta del monarca español –que está ahí por la gracia del dictador fascista Francisco Franco–, los medios de comunicación han querido descalificar a Chávez Frías, cuya probada legitimidad en el poder es incontrovertible.
Ese “¿Por qué no te callas?” que espetó el rey Juan Carlos con incontenible rabia al mandatario de la República Bolivariana de Venezuela le perseguirá por el resto de sus días, porque lo dejó al desnudo en su intolerancia. ¿Cómo permitir que el mandatario de una nación latinoamericana califique de “fascista” al súbdito español José María Aznar, por más que le siente el adjetivo?
Es que, como en los tiempos de sus afanes imperialistas, muchos españoles parecen no soportar que los pueblos amerindios empiecen a caminar a partir de sus propias realidades y no de imposiciones colonialistas.
Bien lo recordó en el mismo escenario el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, al referirse a la conducta filibustera de las corporaciones españolas, en particular Unión Fenosa, a la que “le entregaron la generación del 47 por ciento de la energía”.
“Los inversionistas no compraron las empresas generadoras que estaban en mal estado, compraron mediante actos de corrupción las empresas generadoras que estaban en buen estado, donde podían sacarle utilidades y ganar lo que estaban dando por la empresa en un año”, afirmó Ortega el pasado sábado, a la vez que recordó que Unión Fenosa “llegó con los gobiernos peleles”.
En Puerto Rico sabemos bien de qué se trata este filibusterismo, pues de ese modo se perdieron, gracias a la corrupción gubernamental de Pedro Rosselló, amigo de Aznar, la Compañía Telefónica cuando más valor económico tenía; los hospitales públicos, los millones que se llevaron los franceses de Ondeo por privatizar la administración de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, así como la privatización parcial a elevados costos de servicios de la Autoridad de Energía Eléctrica, sin olvidar los planes de salubridad que desangran al pueblo.
Por esa política global de saqueo se ha querido descalificar al presidente democrático –refrendado varias veces por la mayoría del pueblo– de la República Bolivariana de Venezuela al denunciar el intervencionismo del gobierno español en los asuntos internos de las naciones latinoamericanas.
Esto a pesar de que los comentarios de Hugo Chávez Frías respondieron a la intención del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero de coartar la denuncia sobre la conducta de Aznar en contra de un gobierno legítimamente apoyado en la voluntad popular, como es el venezolano.
“Todos los líderes iberoamericanos aspiramos ser respetados hoy y mañana, sin importar las ideas que tengamos”, reclamó Rodríguez Zapatero olvidando la gravedad de los acontecimientos que llevaron a Chávez Frías a llamar “fascista” a José María Aznar, un asunto que no debería estar en discusión.
Y olvidando también el desprecio manifiesto, en más de una ocasión, por Aznar desde la presidencia española al referirse a mandatarios y procesos políticos latinoamericanos impulsados por las grandes mayorías.
Zapatero debe replantearse si lo que es válido para un ex mandatario español no lo es para un latinoamericano en pleno ejercicio de sus funciones gubernamentales, como puede ser Chávez Frías.
El periodista Nelson del Castillo (Puerto Rico), es Secretario General Adjunto de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).
NDC
lunes, 12 de noviembre de 2007 |