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Septiembre 11 de 2007

Guerrilleros colombianos listos para el diálogo
Numancia Martínez Poggi/Francia

A solicitud de la Senadora colombiana Piedad Córdoba, el presidente Chávez se compromete a cumplir un papel de facilitador en la búsqueda del Intercambio humanitario de prisioneros en Colombia. Chávez tiene relaciones cordiales con el presidente colombiano Uribe Vélez a pesar de visiones, políticas y estratégicas, diametralmente opuestas. Chávez tiene como principio tener relaciones cordiales con todos los países del mundo, aunque en el caso de la Colombia uribista la diplomacia bolivariana tuvo que tener más paciencia, más nervios. No faltaron ni las provocaciones ni las insidiosas invitaciones al enfrentamiento estos últimos años, pero Chávez considera, razonablemente, que nada sería peor que un enfrentamiento abierto, cuando la interpenetración entre los dos países es tan grande.

El viernes 31 de agosto de 2007 Chávez viajó a Bogotá para conversar largamente con el presidente Uribe Vélez. Después de este encuentro, los dos presidentes de lo que fue la Gran Colombia ofrecieron una conferencia de prensa conjunta. En este encuentro Uribe Vélez le dio luz verde a Chávez; y este encuentro en si representa el primer paso concreto de lo que va a ser para Chávez un largo peregrinar por la paz de Colombia. Rápidamente los presidentes de la región, Lula, el ex guerrillero Daniel Ortega, etc., aportaron su apoyo al presidente Chávez.

Chávez es también un militar que peleó contra las guerrillas venezolanas en los años 1970, para después asistir a la pacificación. Ex guerrilleros tienen participación en el gobierno de Chávez. Chávez experimentó personalmente la cárcel después del levantamiento cívico-militar de febrero del 1992. Chávez también conoció en carne propia el secuestro cuando el golpe fascista de abril 2002 en Venezuela. Sus experiencias personales explicarían quizás su percepción llena de humanidad y de sensibilidad sobre estas cuestiones.

Esta iniciativa diplomática desbordó rápidamente la dimensión regional original. El miércoles 5 de septiembre de 2007 la familia de uno de los tres mercenarios estadounidenses retenidos por la FARC-EP visitó el embajador de Venezuela en Washington Bernardo Álvarez. Estas personas le manifestaron su satisfacción por la iniciativa del presidente Chávez y le comunicaron su deseo de encontrarse personalmente con él.

A pesar de la gran cantidad de artículos sobre el tema colombiano, se le esconde al público francófono algunas verdades elementales; difícilmente se difunde información alguna que podría en lo más mínimo permitir una percepción racional al quehacer de la guerrilla. Con la información disponible, el ciudadano medio fatalmente considera que los guerrilleros de las FARC-EP son personas insensibles e irracionales. El conflicto colombiano, como todos los conflictos, se desarrolla también en la presentación del conflicto; y no es nada casual si buena parte del presupuesto del Plan Colombia está orientada a las relaciones públicas, a los temas de imagen, a la propaganda. Las FARC-EP no pueden, o casi no pueden, acceder al vasto dispositivo cultural dominante, mediático y universitario, que difunde noticias y comentarios en el mundo.

Chávez y Marulanda

Chávez, que no esconde la tristeza que la da la perpetuación del enfrentamiento armado en el país hermano, declaró recientemente que le interesaría conocer personalmente a Manuel Marulanda y que el presidente Uribe Vélez le ha dado luz. La proximidad política entre la Revolución bolivariana de Venezuela y la guerrilla colombiana de las FARC-EP-Ejército del Pueblo, ejército bolivariano que lucha por el socialismo, es un hecho fácilmente perceptible.

Manuel Marulanda no se ha pronunciado personalmente, pero Raúl Reyes –responsable de la Comisión Internacional de las FARC-EP–, en una entrevista con Jorge Enrique Botero el 4 de septiembre de 2007 ( La Jornada , México), dice que sería un encuentro muy positivo. Como caballero del campo colombiano, Manuel Marulanda había recibido cordialmente la fascinante reina Noor de Jordania que había venido del lejano oriente árabe hasta el Caguán para visitarlo en junio de 2001.

En el documento de Santa Fe IV, publicado en el año 2000, se puede leer que las “sucesivas negociaciones entre el gobierno colombiano y las FARC-EP nunca han tenido significado real porque no tienen agenda autentica (…)”; pero más adelante en el mismo documento se puede leer que es “razonable suponer que cuando lleguen al poder, si llegan al poder, su sistema de gobierno será totalitario (…)”, obviamente. Bueno, no solamente las FARC-EP carecen de ideas pero además tienen muy malas ideas. Este documento traza los lineamientos del clan Bush en sus relaciones con América Latina así como las orientaciones para la propaganda. Entonces, lógicamente, esta presentación, binaria y chueca, es la preferida del dispositivo cultural dominante sobre el tema colombiano. La verdad es que las FARC-EP tienen un programa y una propuesta política: es la Plataforma en diez puntos para un Gobierno de Reconciliación y Reconstrucción Nacional de 1993.

Calificadas en octubre de 2001 por Francis X. Taylor –entonces coordinador de la Oficina antiterrorista del departamento de estado de los Estados Unidos– como “el grupo terrorista internacional más peligroso instalado en nuestro hemisferio”, las FARC-EP siempre han afirmado su solidaridad con Cuba socialista, con la Venezuela bolivariana, hoy con la Bolivia liberada, y con la izquierda latinoamericana más generalmente. Les FARC-EP tienen relaciones fraternales con la organizaciones que comparten ideales y principios, el FPLP palestino por ejemplo, y relaciones amistosas con todo el movimiento antiimperialista.

El desacreditado gobierno de Uribe Vélez

Chávez entra en escena a un momento muy particular de vida política colombiana. El tema del Intercambio humanitario de prisioneros es cada vez presente en el debate público, particularmente gracias a la movilización de las familias, pero también debido a las declaraciones, favorables, dadas hace pocos meses por cuatro ex presidentes colombianos – señales del cambio de clima. El clamor ciudadano en defensa del Intercambio humanitario de prisioneros coge fuerza y eso complica el discurso de Uribe Vélez, el cual suele atribuir a la guerrilla la responsabilidad del impasse sobre este tema.

Hace un mes el profesor Gustavo Moncayo atrajo la atención con una larga caminata por el país para dar a conocer la causa de los secuestrados. Llegando a la Plaza Bolívar de Bogotá el profesor Moncayo dirigió la palabra al público reunido, nada simpatizante de la causa guerrillera; luego, cuando el presidente Uribe Vélez habló al mismo público lo abuchearon y le lanzaron calificativos de desaprobación. Una reunión que hace poco tiempo hubiera sido escenario perfecto para propaganda antiguerrilla se tornó hostil a Uribe Vélez y a los partidarios de la intransigencia. La distancia se acentúa entre los que están interesados en hacer propaganda y los que tienen objetivos concretos –la liberación de sus familiares– y son lógicamente más pragmáticos. El ambiente cambia.

Por otra parte la imagen del régimen de Uribe Vélez está gravemente dañada. Muchas cosas que ya se sabían, pero que no se publicitaban en el marco del dispositivo cultural dominante, salen hoy a la luz pública. El pacto que ataba el gobierno Uribe Vélez y los paramilitares fue roto luego de contratiempos en el sistema de la justicia. Los paramilitares que tenían como norte la impunidad se consideran engañados, y entonces hablan. Uribe Vélez es un representante de la neo-burguesía enriquecida en el narcotráfico. Muchas personas cercanas a él están hoy en la cárcel o son prófugas de la justicia.

Ya no se puede esconder más, digan lo que digan intelectuales de las cortes del dispositivo cultural dominante, que el ejército colombiano organizó y mantuvo los escuadrones de la muerte paramilitares. La necesidad de dar señales, inclusive hacia algunos sectores demócratas estadounidenses que regañan públicamente a Uribe Vélez, origina cambios en el ejército, lo cual naturalmente provoca una crisis de confianza en dicha institución.


¿Por qué la lucha armada?

La represión del ejército y de los escuadrones de la muerte paramilitares impactó la sociedad colombiana. Al final de los años 1980 se produjo un genocidio político en Colombia, acompañado del silencio de rigor del dispositivo cultural dominante. Una agrupación política de izquierda, la Unión Patriótica , fue físicamente eliminada: sus dos sucesivos candidatos presidenciales, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, ediles electos a todos los niveles, miles de militantes fueron asesinados con meticulosa persistencia.

En los años 1990 las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo, vieja guerrilla campesina comandada por el legendario Manuel Marulanda, tuvieron que acoger centenares de militantes que huían del genocidio entre trauma y furor. ¿Cuantos jóvenes, hoy guerrilleros implacables, han visto desaparecer sus familiares en la tormenta de la represión? La masacre de los dignos y límpidos militantes de la Unión Patriótica tiene consecuencia – o sería mal conocer el pueblo colombiano. Entonces se revivificó la fraternidad entre los campesinos veteranos de la resistencia heroica de Marquetalia y los militantes que provenían del movimiento popular urbano.

He aquí la explicación de la fuerza de las FARC-EP hoy – no se puede tapar el sol con ningún dedo. Jorge Enrique Botero recuerda por ejemplo que Raúl Reyes trabajo en la empresa Nestlé y que fue dirigente comunista en el Caquetá. Otro ejemplo: Simón Trinidad, trabajaba en la banca, muchacho de extracción social acomodada, lector apasionado de Simón Bolívar, empezó a militar en la Unión Patriótica. Luego tuvo que irse al monte para escapar de la masacre que lo rodeaba.

Una guerrilla invencible

En el año 1996 las FARC-EP coparon la base militar de Las Delicias en el sur del país, llevándose entonces nada menos que 67 prisioneros. Estos últimos fueron liberados el año siguiente, entregados al presidente Samper que había para este efecto desmilitarizado temporalmente el municipio de Cartagena del Chairá en el departamento del Caquetá.

En diciembre de 1997 la guerrilla tomó el Cerro de Patascoy, cumbre andina a 4200 metros en el sur del país, donde se encontraba una importante base de comunicación del ejército. 40 guerrilleros, apoyados por una retaguardia de 100 compañeros, vencieron los 34 militares que vigilaban la base. Los guerrilleros vinieron de las zonas tropicales donde la temperatura media es de 30 grados para combatir, y vencer, a pocos días de Navidad, sobre una cumbre donde la temperatura es de más o menos 0 grados. Los guerrilleros pudieron retirarse sin complicación antes de que llegara la aviación.

No sorprende entonces que la diplomacia estadounidense haya querido encontrarse con la FARC-EP. En diciembre de 1998 el responsable de la Comisión Internacional de las FARC-EP Raúl Reyes se reunió en Costa Rica con Philip Chicota, responsable de la región andina en el departamento de estado de los Estados Unidos. Encuentro sin consecuencia. Es ciertamente gran hipocresía de parte de los Estados Unidos cuando pretenden estigmatizar gobiernos que acepten reunirse oficialmente con representantes de la guerrilla colombiana.

Negociaciones y liberaciones unilaterales

En 1998 el presidente Andrés Pastrana había anunciado que deseaba entrar en negociación con las FARC-EP. Para el Proceso de Paz las FARC-EP pedían la desmilitarización de cinco municipios en el sur del país. Los intelectuales y cronistas del dispositivo cultural dominante consideraron enseguida esta solicitud como extravagante. Sin embargo los municipios de San Vicente del Caguán (en el departamento Caquetá), Vistahermosa, La Macarena , Uribe y Mesetas (en el departamento Meta estos cuatro) fueron desmilitarizados tal como lo solicitaban las FARC-EP – una región de 42 000 kilómetros cuadrados. El Proceso de Paz comenzó en enero de 1999 en esta región de cinco municipios que se vino a conocer popularmente como “el Caguán”.

Este Proceso de Paz entre Andrés Pastrana y las FARC-EP tenía enemigos, públicos unos, escondidos otros, en el seno de la oligarquía colombiana. Las posiciones iniciales estaban bastante alejadas: el gobierno anhelaba una desmovilización sin concesiones políticas; las FARC-EP querían cambios políticos sustanciales, o por lo menos señales claras de una reorientación de la política del estado sobre temas tan elementales como el paramilitarismo, las riquezas nacionales, la distribución de la tierra, etc. A pesar de las dificultades y de la reticencia a tocar los temas políticos, la buena voluntad compartida en cuanto a la humanización del conflicto mantuvo el contacto, y la esperanza.

En junio de 2001, aporte concreto en cuanto a la humanización de la guerra, y puerta abierta a la reconciliación de los colombianos, las FARC-EP liberaron unilateralmente 242 militares y policías. Estaban presos, la mayoría de ellos, desde las batallas de finales de los 1990, es decir desde hacía varios años. La guerrilla sin embargo mantuvo en detención, secuestrados en la lengua del dispositivo cultural dominante, los oficiales militares. El hijo del profesor Moncayo, oficial hecho prisionero cuando la toma del Cerro de Patascoy en diciembre de 1997, no fue liberado. El dirigente de las FARC-EP Jorge Briceño (“el Mono Jojoy”) informó entonces de la decisión de la guerrilla de capturar miembros de la oligarquía con el fin de modificar su percepción sobre el tema del Intercambio humanitario de prisioneros.

En febrero de 2002, el gobierno de Pastrana, sin aliento, sin resultados, acosado por los sectores belicistas en el ejército, puso brutalmente término al Proceso de Paz. Enseguida la Zona desmilitarizada del Caguán fue intensamente bombardeada durante horas. Los guerrilleros, vieja rutina, se dispersaron sin daño notable. Pocos meses después Uribe Vélez llega al poder como representante de los sectores que rechazan radicalmente el Proceso de Paz y que optan por la victoria militar sobre la FARC-EP.

Dos departamentos para el Proceso de Paz

El 15 de mayo de 2002, es decir apenas tres meses luego de la brutal ruptura del Proceso de Paz en febrero de 2002, las FARC-EP emiten un comunicado oficial en el cual precisan las tres condiciones para reanudar el Proceso de Paz: 1) los departamentos de Caquetá y Putumayo serán desmilitarizados; 2) los representantes oficiales del estado se abstendrán de calificar a las FARC-EP de “terroristas” y “narcoterroristas”; y 3) la política del gobierno será claramente orientada hacia la eliminación del paramilitarismo. Este comunicado, ni reemplazado ni tampoco modificado, es de total validez. El Caquetá es de casi 89 000 kilómetros cuadrados y el Putumayo de un poco menos de 25 000 kilómetros cuadrados; se trata entonces de casi 115 000 kilómetros cuadrados (un poco más grande que Guatemala) solicitados para reanudar el Proceso de Paz. Este territorio tiene una característica nueva: bordea la frontera sur del país. Esta solicitud es también considerada extravagante por el dispositivo cultural dominante – cuando por lo menos se plantea, porque lo más común es que ni siquiera se dé a conocer.

Dos municipios para el Intercambio humanitario de prisioneros

En mayo de 2003 las FARC-EP por comunicado público hicieron públicos los nombres de los tres guerrilleros oficialmente encargados del Intercambio humanitario de prisioneros: Carlos Antonio Lozada, Simón Trinidad et Domingo Biojó. El Tiempo, único diario de dimensión nacional, el 3 de mayo de 2003, explica entonces que Domingo Biojó fue el encargado del tema de las Negritudes cuando el Proceso de Paz del Caguán. Carlos Antonio Lozada fue responsable de la guerrilla urbana en Bogotá y, según en diario único El Tiempo, su presencia en este trío debe ser entendida como la “cuota” de “Jojoy”, sin aportar datos sobre la cuota que representarían Domingo Biojó y Simón Trinidad.

En enero de 2004, Simón Trinidad es capturado en Quito, Ecuador, donde realizaba tareas propias de su condición de encargado oficial de los contactos. Enseguida lo transfieren hacia Colombia, sin respeto por la legalidad, con por lo menos la complacencia del gobierno de Lucio Gutiérrez. Esa fue la respuesta de Uribe Vélez al planteamiento de las FARC-EP. Eso no construye confianza.

En septiembre de 2004 las FARC-EP solicitan la desmilitarización de San Vicente del Caguán y de Cartagena del Chairá, dos municipios del departamento Caquetá, zona que representa alrededor de 31 000 kilómetros cuadrados para la realización del Intercambio humanitario de prisioneros. El ejército oligárquico pretende entonces que esta exigencia de las FARC-EP es desleal porque es precisamente en estos dos municipios rurales que se da mayormente la confrontación en el marco del Plan “Patriota”, etapa del Plan Colombia, etapa nada original que pretende ser la ofensiva final contra la insurgencia. Se acusa a la guerrilla de querer ganarse una ventaja militar usando el chantaje sobre la base de la seguridad de las personas secuestradas. El vice-presidente Santos, de la familia de los dueños del diario único El Tiempo, declara entonces que no se necesita ninguna zona desmilitarizada; “lo que se necesita es voluntad, y pensamos que las FARC no la tienen”.

A principios de diciembre de 2004, señal de buena voluntad y de flexibilidad constructiva, las FARC-EP piden entonces que sean desmilitarizados los municipios de Pradera (403 kilómetros cuadrados) y Florida (395 kilómetros cuadrados). Estos dos municipios, 800 kilómetros cuadrados en total, propuestos como teatro del Intercambio humanitario de prisioneros, se encuentran en el departamento Valle del Cauca cuyo pragmático gobernador Angelino Garzón es conocido por su espíritu constructivo en el tema. Esta propuesta sustituye la solicitud de desmilitarización anterior sobre los municipios de San Vicente del Caguán y de Cartagena del Chairá, pero ni anula ni modifica la exigencia de desmilitarización de los departamentos de Putumayo y Caquetá para reiniciar el Proceso de Paz sacrificado en febrero del 2002. La zona desmilitarizada sobre los municipios de Pradera y Florida, en el Valle del Cauca, sería 40 veces más pequeña que la zona de San Vicente del Caguán y Cartagena del Chairá.

El perímetro de la zona desmilitarizada de Pradera y Florida, criterio clave para este tipo de operaciones, sería tres veces inferior al perímetro de la primera propuesta. Lo que importa para los guerrilleros, en caso de zona desmilitarizada, es poder entrar en ella sin ofrecerse como blanco sobre bandeja de plata; y las fuerzas armadas seguramente armarían un dispositivo militar alrededor (en el mejor de los casos) del perímetro de la zona. Si las FARC-EP solicitaban una desmilitarización de tres días en el primer caso, piden un período de varias semanas para la zona de Florida y Pradera, siendo de procedimiento complejo el traslado seguro de las personas retenidas. Este mismo período debe además permitir la dispersión de los guerrilleros liberados; algunos presos desde hace muchos años no están en las condiciones optimas para un desplazamiento veloz.

¿Desenlace?

La guerra colombiana entre el ejército y la guerrilla se considera a veces como un enfrentamiento de campesinos pobres con campesinos pobres, lo cual podría explicar la insensibilidad y la intransigencia de la oligarquía colombiana sobre el tema del Intercambio humanitario de prisioneros. La casta oligárquica puede ser pragmática cuando uno de sus miembros se encuentra en delicada situación. Por ejemplo cuando el hermano del presidente César Gaviria, Juan Carlos Gaviria, fue secuestrado por el grupo Jega, en el año 1996, los contactos para las negociaciones empezaron instantáneamente al más alto nivel del estado.

Casi todas las guerras han pasado por la experiencia del Intercambio humanitario de prisioneros, e inclusive en Colombia existe una larga experiencia al respecto. Lo único necesario es un mínimo de voluntad y la construcción de mecanismos seguros y leales para dar confianza a las partes que se encuentran en situación de confrontación militar.

Les FARC-EP, que retienen menos de 50 personas –oficiales militares en su mayoría–, piden la liberación de varios centenares de guerrilleros presos y de militantes injustamente encarcelados. Algunos se escandalizan por la desproporción evidente de este intercambio desigual. Es corriente en los conflictos que la desproporción de las fuerzas militares sea reflejada al momento del Intercambio de prisioneros. Se intercambia un oficial israelí con decenas de resistentes palestinos o libaneses, por ejemplo – aunque por cierto en el caso colombiano la desproporción de fuerzas tiende a disminuir a medida que pasa el tiempo.

Las FARC-EP retienen asimismo tres ciudadanos estadounidenses, capturados el 13 de febrero de 2003, cuando el avión en el que viajaban cayó en el departamento del Caquetá. El 26 de febrero de 2003 la estadounidense Northrop Grumman Corporation declaró que estas tres personas capturadas estaban trabajando para la empresa California Microwave Systems, especializada en la instalación de sensores y de radares para la vigilancia aérea. Esta empresa trabaja en Colombia contratada por el departamento de Defensa de los Estados Unidos, según dio a conocer el Comando Sur del ejército estadounidense (USSOUTHCOM), responsable de las operaciones que se desarrollan en Colombia. Según el diario The Baltimore Sun, el 27 de febrero de 2003, ni la empresa ni el Pentágono han querido ofrecer más comentarios sobre la naturaleza de las actividades de la empresa en Colombia. Desde luego el dispositivo cultural dominante considera que estas tres personas son secuestrados víctimas de la arbitrariedad y de la inhumanidad de los guerrilleros. En el año 2002, un francés, Pierre Galipon, y dos canadienses fueron retenidos por las FARC-EP en el sur de Colombia. Luego de averiguaciones, las tres personas fueron liberadas el 30 de julio de 2002. El dispositivo cultural dominante no le dio gran publicidad a este caso: el francés contaba que lo habían tratado bien, que sus bienes personales les fueron devueltos, etc.

La oligarquía colombiana impedía por todos los medios posibles que se avanzara sobre el tema del Intercambio humanitario de prisioneros. Al principio del gobierno Uribe Vélez fue proscrita cualquier idea que tuviera que ver con zona desmilitarizada (para la guerrilla) y el coro uribista repetía: “En Colombia no hay conflicto, hay terroristas y nosotros luchamos contra los terroristas igual que lo hacen nuestros amigos en el mundo…” Para evitar cualquier tipo de dudo sobre su tajante rechazo al Intercambio humanitario de prisioneros Uribe Vélez procedió a la extradición hacia los Estados Unidos de Simón Trinidad, capturado en Quito en enero de 2004, uno de los tres portavoces designados por la guerrilla para entablar los contactos necesarios al Intercambio humanitario de prisioneros.

Sin embargo el tiempo pasa; y la victoria no está a la vista. La guerrilla ya culminó su despliegue estratégico en todo el territorio nacional. Es entonces difícil para conservar algo de credibilidad de presentar las FARC-EP como un grupo de delincuentes en desbandada. La confrontación militar podría eternizarse largos años si no hay Proceso de Paz para darle una salida negociada. Aunque se trata claramente de dos procesos distintos, realizar el Intercambio humanitario de prisioneros podría ser un paso hacia la reanudación del Proceso de Paz que todos desean en Colombia.

Los argumentos de Uribe Vélez en contra del Intercambio humanitario de prisioneros fueron eliminados del panorama por la misma realidad; la iniciativa del presidente Chávez da un nuevo aliento a los defensores de la idea de Intercambio humanitario de prisioneros. Uribe Vélez seguramente no ha cambiado de opinión – pero cede. Ya pasó a la historia la época en la que él que se creía el Sharon de los Andes mandaba a raptar en Caracas, en plena luz del día, a un miembro de la Comisión Internacional de las FARC-EP. Que Uribe Vélez esté obligado a dar luz verde à Chávez es también, más allá del tema del Intercambio humanitario de prisioneros, clara muestra de la fuerza del campo progresista en la región. Imaginemos el corazón de los palestinos cuando los Estados Unidos ya no tengan capacidad para imponerse como mediadores entre ellos e Israel. No es que Jerusalén la Santa esté a la vista pero, sin duda, avanzamos.

El presidente Chávez, cuya paciencia es conocida, tiene otra calidad necesaria aquí: sabe jerarquizar los problemas, ignorar lo que no es otra cosa que la espuma decorativa de la vida, para aprehender sinceramente, y concretamente, las cosas a profundidad.


Jueves 6 de septiembre de 2007


(en francés:http://www.legrandsoir.info/article.php3?id_article=5422)


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