Diciembre 19 de 2007
México, desinformación sobre el conflicto colombiano
/■ Un periodista poco riguroso en un semanario de investigación
■ Aparece en la Revista Cambio y Proceso una nota casi idéntica
Por: Vladimir Hierro Voz Bolivariana/ ABP México
La cobertura que hace del conflicto armado colombiano el periodista Edgar Téllez en el semanario mexicano Proceso contradice la buena fama que, con base en arduas investigaciones —sobre todo en temas como narcotráfico y política nacional—, ha ganado dicha publicación.
La revista Proceso es un semanario que se caracteriza por ser cauteloso ante las versiones gubernamentales. Su línea editorial procede de una tradición crítica que ha sobrevivido a múltiples embestidas del Estado mexicano, desde los años sesenta del siglo XX hasta la actualidad.
Por eso sorprende que Édgar Téllez, periodista encargado de dar seguimiento al conflicto colombiano en esa publicación, dé crédito absoluto y haga eco de las versiones que el Estado colombiano produce desde sus organismos de inteligencia –policiacos y militares— contra las organizaciones insurgentes que combaten desde hace décadas a la oligarquía colombiana, una de las más sangrientas de América Latina.
En varios artículos de Téllez suele encontrarse, por ejemplo al referirse a los prisioneros de guerra en poder de las FARC, una mezcla indiscriminada de conceptos que no distingue entre retenidos, rehenes y secuestrados. Estos términos no son sinónimos, cada uno entraña una motivación y fines distintos. Hablar de que la guerrilla “secuestra” soldados, policías y asesores militares estadounidenses es un error, pues como parte contendiente en un conflicto armado, cualquier fuerza al servicio del Estado es objetivo militar de la insurgencia, así como los guerrilleros lo son para las tropas oficiales.
Las “coincidencias”
Al revisar las páginas del número 1624 de Proceso (16 de diciembre del 2007), me encontré con un artículo de Édgar Téllez titulado “Desbandada”. El nombre del artículo me recordó, de inmediato, a uno de los apartados de un reportaje que había leído dos semanas antes en la revista colombiana Cambio (No. 752, 29 de noviembre del 2007).
La revista Cambio es conocida en Colombia y el mundo por ser incondicional del Estado colombiano. Muchos periodistas y estudiosos de los medios informativos en América Latina han denunciado el papel de Cambio como instrumento de desinformación y propaganda al servicio de Álvaro Uribe Vélez, actual presidente de Colombia.
Las “coincidencias” entre el artículo de Téllez en Proceso y el de Cambio son muchas, tantas que nos hacen sospechar que se trata de una nota “en serie” fabricada desde Bogotá.
Difundir la versión del gobierno no tiene nada de malo, siempre y cuando se mencione explícitamente que se trata de una posición gubernamental. Por ejemplo:
“Aun cuando el movimiento insurgente (las FARC) comandado por Manuel Marulanda (…) está muy lejos de ser derrotado, un estudio del comando del ejército colombiano muestra un declive del otrora poderoso ejército de las FARC: en los últimos cinco años el número de sus combatientes se redujo de 16 mil 900 a 8mil 900” (Proceso)*
Esa es la versión de Téllez quien, efectivamente, acepta que su fuente de información es “un estudio del comando del ejército colombiano”. El periodista acepta que la versión ha salido del gobierno colombiano. La revista Cambio publica, con algunas palabras más, la misma versión, pero afirmando que se trata de una investigación periodística propia y no de un documento entregado por el gobierno a su redacción:
“Aún cuando es claro que el movimiento insurgente comandado por Manuel Marulanda está lejos de ser derrotado, es evidente que en los últimos cinco años ha sido duramente golpeado. De acuerdo con la investigación de CAMBIO, el número de combatientes en armas se redujo de 16.900, que había en plena época del Caguán, a 8.900” (Cambio)
Nótese que ambas publicaciones utilizan al comenzar el párrafo una redacción casi idéntica: “Aun cuando (…) el movimiento insurgente comandado por Manuel Marulanda”.
Pero hay más “coincidencias”:
“guerrilleros desertores entrevistados por Proceso confirmaron el desmantelamiento de al menos 20 frentes que realizaban atentados y atacaban al ejército” (Proceso)
“Después de consultar diversas fuentes oficiales y de efectuar varias entrevistas con jefes guerrilleros desmovilizados (…) CAMBIO logró armar el rompecabezas de la situación actual de las Farc desde el punto de vista militar y político (…) Los frentes subversivos han sido diezmados de manera significativa, hasta el punto de que al menos 20 de ellos han desaparecido en la práctica” (Cambio)
Parece que ambos reporteros hicieron exactamente las mismas preguntas a los mismos “jefes guerrilleros desmovilizados”. Por pura curiosidad ¿no se los habrá contactado el gobierno colombiano? Tal parece que sí pues, aunque nada dice Cambio al respecto, Téllez acepta haber entrevistado a “Carlos Alberto Plotter, ideólogo del bloque José María Córdoba [de las FARC] (…) que desertó de la guerrilla desde 2003 y ahora trabaja de manera discreta con los funcionarios del Ministerio de Defensa que coordinan las estrategias regionales para estimular la deserción de rebeldes”.
No es la primera vez que Uribe utiliza a desertores de la guerrilla (reales o ficticios) para esparcir, en voz del supuesto arrepentido, las historias que sus propagandistas tejen sobre las organizaciones insurgentes colombianas. Hemos visto de todo: desde “guerrilleros” con melena de cantante de rock que abandonan las filas insurgentes por insatisfacción intelectual hasta “guerrilleras” que aseguran haber formado parte del harén personal de algún comandante. El periodista que no se fíe ciegamente de los testimonios de los reinsertados y se acerque, al menos de soslayo, a los testimonios de la vida guerrillera colombiana, tendrá motivos para dudar, de los espectáculos mediáticos ofrecidos por el gobierno.
Cuando se trata de un verdadero desertor de la guerrilla que ha caído en manos de la policía o el ejército, el testimonio debe abordarse con más precaución aún pues, estando su vida en manos de sus captores, tendrá que pagar su “desmovilización” sirviendo como vitrina del discurso gubernamental, llegando incluso a participar en situaciones degradantes como los tragicómicos sketch de la política de reinserción llamada “Perdón y olvido”, una especie de talk show donde aparecían los “desmovilizados” lanzándose a los brazos (literalmente) de Uribe para agradecerle su infinita bondad al no mandarlos matar.
Este tipo de notas ganan resonancia gracias a la pereza de algunos reporteros o por franca complicidad con el régimen de Uribe. En el caso de Cambio está clara la motivación: son cómplices y propiedad de los empresarios que ocupan el gobierno actual; en el caso de Edgar Téllez está por verse.
Más “coincidencias”. Ambos reporteros entrevistan al mismo piloto de la Fuerza Aérea colombiana que les habla sobre lo mucho que han mejorado los bombardeos de las fuerzas gubernamentales contra la guerrilla:
“´Con las aeronaves que teníamos antes el margen de error en los bombardeos era de 100 a 150 metros; hoy esa cifra se ha reducido prácticamente a cero´, se ufana un piloto de la fuerza aérea colombiana” (Proceso)
"Con los mecanismos de antes lanzábamos las bombas pero éstas caían a 100 o 150 metros del objetivo. Y por las dificultades para el desembarco de tropas nos quedábamos casi siempre sin saber qué había pasado allá abajo -dijo a CAMBIO un piloto de la Fuerza Aérea-. Ahora el margen de error no sólo es cero sino que las tropas del Ejército llegan casi de inmediato al lugar para chocar con los guerrilleros" (Cambio)
No hay duda, el gobierno de Uribe les proporcionó a ambos medios los documentos, los entrevistados, las fuentes y hasta el estilo de redacción para elaborar sus reportajes.
Citando a El Tiempo sin citarlo
En algunos momentos del artículo Téllez reproduce, sin mencionar la fuente de donde extrajo la información, las versiones difundidas por el diario colombiano El Tiempo, propiedad de la familia Santos, una de las más poderosas de la oligarquía bogotana, presuntamente vinculada al paramilitarismo a través del actual vicepresidente de Colombia, Francisco Santos.
Santos es bien conocido en México, pues en una gira que realizó recientemente junto al fiscal general colombiano, Mario Iguarán, y José Obdulio Gaviria, consejero de Álvaro Uribe Vélez, aseguró que en México operaban desde hace algún tiempo agentes colombianos encubiertos, y recomendó a las autoridades mexicanas romper con el “paradigma tradicional de soberanía” para permitir a los gobiernos de Colombia y Estados Unidos mayor margen de acción para desarrollar su “lucha contra las drogas” y el “terrorismo” (La Jornada, 2 de octubre del 2007).
Téllez da por sentado que lo publicado por El Tiempo es verdad, y además lo narra como si él hubiera estado presente en el lugar de los hechos. Por ejemplo, cuando inicia su artículo contando una historia que apareció publicada en dicho diario: la de una joven de 19 años de edad que supuestamente desertó el 4 de diciembre pasado de las filas de las FARC en el departamento de Arauca “con todo y un niño al que la guerrilla tenía secuestrado”.
Una vez más Téllez recurre –para afianzar el testimonio que reprodujo (sin citarlo) de El Tiempo— a un agente colombiano, un coronel que supuestamente fue encargado del caso. El militar le confiesa “en privado” al reportero que “la guerrillera tomó la decisión de entregarse con el niño porque le pareció inhumano retener a un inocente y porque a este le hacían falta su mamá y sus hermanos”. Algo que ya habíamos leído también en las notas presentadas durante la primera semana del mes por el diario bogotano.
Inmediatamente después, Téllez cita otra versión difundida por El Tiempo, nuevamente sin citar su fuente: se trata del caso de Tanja Nijmeijer, una holandesa militante de las FARC que supuestamente abandonó, tras un ataque del ejército al campamento donde se encontraba el pasado 18 de julio, un diario personal donde consigna su decepción de la lucha armada y de las FARC.
Édgar Téllez le da calidad de testimonio a la versión que difundió el ejército colombiano a través del diario El Tiempo en julio de este año. El periodista ni siquiera repara en que –como ha sucedido en repetidas ocasiones— el ejército pudo haber “editado” los apuntes de la holandesa de tal manera que dijeran justo lo que el gobierno de Uribe quería que dijeran. Recordemos que por su nacionalidad de origen, la blancura de su piel y el supuesto arrepentimiento que manifestaba su diario, El Tiempo consideró a Tanja una “secuestrada” de las FARC, y no una “terrorista” como sí considera a miles de guerrilleros y guerrilleras que por ser pobres, colombianos, mulatos, indios y negros no sirven a sus intereses propagandísticos.
Peligroso, seguir el juego de Uribe
Desear no basta. El gobierno de Uribe Vélez desea derrotar a la insurgencia, pero no es suficiente. ¿Cómo echar por tierra un conflicto que dura ya más de cuatro décadas? ¿Negando el conflicto? ¿Negando las raíces sociales de éste? ¿Desapareciendo por decreto —y con una ayudita de los medios— al adversario?
Cuántas veces se ha difundido en los medios oficialistas, desde la década de los 50 del siglo XX, la supuesta muerte del máximo jefe de las FARC, Manuel Marulanda, a manos del ejército, el cáncer de próstata y sus propios compañeros de armas en las FARC. Cuántas veces hemos leído, visto o escuchado en los medios notas donde se anuncia que se dio de baja “al cerebro financiero”, “al número tres en el mando”, “al ideólogo del bloque X” de la organización insurgente. Cuántas veces hemos leído en el último año cifras de bajas guerrilleras que, de ser ciertas, demostrarían que es el fantasma de la guerrilla quien pelea con el ejército, pues las cifras de militantes en activo y bajas guerrilleras que maneja el gobierno desafían las más elementales reglas de la aritmética.
Evidentemente, ésta es una más de las muchas farsas de Uribe en lo que lleva de gobierno. Es imposible que las deserciones y bajas guerrilleras hayan mermado a las FARC al 50 por ciento en estos años sin que el gobierno se apunte un triunfo visible. Por el contrario, vemos un presidente colombiano cada vez más acabado por su incapacidad para sofocar la rebelión popular colombiana, tal y como se lo prometió a los Estados Unidos y a la oligarquía paramilitar que lo eligió.
Las cifras y los análisis gubernamentales no hacen una cortina de humo lo suficientemente gruesa como para ocultar el hecho de que las FARC ganan credibilidad y terreno como fuerza beligerante en el campo nacional e internacional. De ahí la abrupta reacción de Uribe contra las gestiones del presidente venezolano Hugo Chávez, y la senadora colombiana Piedad Córdoba, como facilitadores del intercambio humanitario de prisioneros entre el gobierno y la organización guerrillera.
Al finalizar su artículo, Téllez presenta una extraña conclusión: “Aun cuando las FARC han perdido parte de su fuerza militar y las autoridades les han asestado fuertes golpes (…), la organización mantiene una imagen robusta en el exterior gracias a la manera en que ha manejado el tema de sus 45 rehenes”.
Incomprensible. Sencillamente incomprensible desde cualquier punto de vista (militar, político, sociológico), resulta la teoría de que una guerrilla con más de cuatro décadas de existencia pueda sobrevivir por su imagen exterior y 45 retenidos, y no por lo que hace y deja de hacer en el espacio geográfico y humano donde opera.
Es tarea ardua para los periodistas al servicio de Uribe hacer pasar por lógicas las disparatadas versiones que les manda tramar el gobierno; pero en un medio como el semanario mexicano Proceso, con fama de serio y democrático, es escandaloso encontrar reporteros que repitan al pie de la letra las versiones que les proporcionan desde la Casa de Nariño (sede del gobierno colombiano en Bogotá).
En estos momentos, hacer eco sin una investigación a fondo de las versiones del gobierno colombiano equivale a tomar partido por la negativa de Uribe a concretar el intercambio humanitario de prisioneros entre la guerrilla y el Estado.
Uribe ha puesto a circular la versión de que las FARC están diezmadas en el terreno militar para legitimar así su intransigente política de Seguridad Democrática con que sostiene su dictadura civil de extrema derecha. La cerrazón militarista del gobierno de Uribe lo ha llevado a, entre otras cosas, buscar a toda costa el cierre de las puertas de la negociación política con la guerrilla, incluyendo el tema del intercambio humanitario.
Uribe está preparando un nuevo intento de rescate “a sangre y fuego” de Ingrid Betancur y los demás prisioneros en poder de las FARC. Recordemos que en uno de esos intentos de rescate perdieron la vida a mediados del 2007 diez de los once diputados que estaban en poder de las FARC.
No se deben firmar cheques en blanco al paramilitar Uribe. Por eso es tan importante que el periodismo serio no se deje llevar por la superficialidad de las versiones, análisis, cifras y voceros del gobierno colombiano. Hay que pensar con cabeza propia. Esa es ya, de entrada, una gran contribución a la causa de la paz para Colombia.
Pd1 . Una de las dos fotografías de la agencia AP que apoyan el texto de Édgar Tellez, muestra a un soldado del ejército oficial caminando entre dos hileras de cadáveres de supuestos guerrilleros muertos en combate. Pero hay un detalle: las botas de los presuntos guerrilleros lucen impecables, prácticamente nuevas. Uno podría pensar que después de un fiero combate al menos deberían haberse manchado de barro y polvo, sin contar el desgaste propio del tiempo que los “combatientes” llevaran usándolas.
Por desgracia, una práctica común en el ejército colombiano es la de matar campesinos indefensos y disfrazarlos de guerrilleros muertos en combate. A eso, y otras acciones por el estilo (autoatentados, autosabotajes, atentados del ejército contra la población civil) se les ha llamado los “falsos positivos”. En Internet se encontrará abundante información sobre ese tema macabro que evidencia los alcances del terrorismo de Estado contra la población civil colombiana.
Pd2. Al cierre de esta edición, el que suscribe se ha enterado a través de Internet que las FARC, unilateralmente, han decidido liberar a dos retenidas, como gesto humanitario y desagravio a Chávez y Córdoba. Se trata de Consuelo González y Clara Rojas, así como Emmanuel, el pequeño hijo de Clara nacido durante el cautiverio de su madre.
El comunicado de las FARC no está disponible en Internet. De hecho su página web está bloqueada.
El diario El Tiempo está publicando noticias en un tono francamente desconcertado. No tardarán en aparecer en ese y otros medios noticias sobre el “populismo” e “intervencionismo” de Chávez y sobre la “perversidad” de Marulanda en este gesto humanitario. Se los aseguro.
Sólo queda esperar que Proceso y los demás medios mexicanos que aún conservan la fama de democráticos le den un seguimiento imparcial y serio a esta noticia que demuestra que la paz sí es posible en Colombia. Enhorabuena, hermanos colombianos.
*Todos los subrayados en las notas textuales son nuestros. |