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  Noviembre 21 de 2007

La senadora Rosario Ibarra tiene la integridad necesaria para hacer frente al paramilitar que ocupa la embajada de Colombia en México
ABP México

Rosario Ibarra de Piedra, senadora mexicana y defensora de los derechos humanos que propuso un punto de acuerdo al Senado mexicano para exigir al gobierno el retiro de la aceptación de Luis Camilo Osorio como embajador de Colombia en México, nació en 1927 en la ciudad de Saltillo, Coahuila.

Su actividad como defensora de los derechos humanos se remonta a 1975, año en que su hijo, Jesús Piedra Ibarra, estudiante de medicina presuntamente vinculado a la Liga Comunista 23 de Septiembre, es detenido y desaparecido por la policía judicial del estado de Nuevo León en el marco de lo que se ha conocido como la Guerra Sucia, oleada represiva del gobierno mexicano contra los luchadores sociales, activistas políticos y militantes de organizaciones armadas en la década de los setenta.

Desde antes de la desaparición de su hijo, Rosario Ibarra ya participaba en las movilizaciones de los mineros de Monterrey, pues su marido era médico de la Siderúrgica de ese estado de la República y ella se sentía identificada con la lucha de los trabajadores de la ciudad. También participaba en las marchas contra las guerras de Vietnam y Corea.

En 1975 fundó el comité que hoy lleva el nombre de Eureka, dedicado a la búsqueda de los desaparecidos por la Guerra Sucia. En entrevista para la periodista Melissa Cardoza, Rosario Ibarra explica cómo se creó esta organización de madres y familiares de desaparecidos: “El 18 de abril de 1975 secuestraron a mi hijo y ya no supe de él, hice todo lo que pude en las instancias regiomontanas pero no me dieron respuesta; me trasladé al DF el cinco de mayo de ese mismo año. Supuestamente venía a la ciudad de México por veinte días, porque pensaba que aquí funcionaría la justicia, pero en vez de eso me encontré con otras mujeres, madres, esposas, hermanas, que andaban en los mismos trámites que yo y así al correr del tiempo nos juntamos y formamos nuestro comité que se llamaba Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México, un nombre que todo el mundo olvidaba y nadie escribía bien. Le cambiamos a Eureka, a medida que encontrábamos desaparecidos, porque a lo largo de la lucha hemos encontrado 148 desaparecidos vivos, y ellos vieron vivos a los demás, por eso seguimos diciendo ¡vivos se los llevaron, vivos los queremos! Todos son nuestros hijos. La esperanza nunca muere entre nosotros”.

Su firmeza en la lucha le ha valido el respeto de la izquierda en México y otras partes del mundo. Su lucha ha sido identificada con la de las Madres de la Plaza de Mayo, agrupación con la que se ha entrevistado en repetidas ocasiones.

Ha sido candidata a la presidencia de México (1988) y es reconocida por su intensa actividad en la búsqueda de soluciones políticas al conflicto de Chiapas y por su solidaridad con la lucha del pueblo oaxaqueño en el movimiento contra el gobierno de Ulises Ruiz.

Actualmente es senadora y se caracteriza por la firmeza de sus posturas frente al gobierno de Felipe Calderón y la ultraderecha del Partido Acción Nacional (PAN).