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  Octubre 13 de 2007

El internacionalismo de las FARC EP
Por: Mario Rivera Guzmán / Para ABP

De realizarse el encuentro entre los altos mandos de las FARC y Hugo Chávez para negociar la liberación de presos (algo que es de esperarse y tiene buenas posibilidades de realizarse si, y sólo sí, los movimientos revolucionarios de América logran evitar que avance la mancuerna militarista México-Colombia al servicio de la DEA y del Tratado de Libre Comercio para las Américas), nosotros veríamos con simpatía una iniciativa de las FARC para retirar de México a todos los miembros de la seguridad colombiana que asesoran los golpes del calderonismo contra el movimiento popular.

Incluso pensamos que una consigna de estas características daría el ejemplo del tipo de tareas que irán forjando un verdadero movimiento internacionalista revolucionario en toda América. Y ello no sería sino la respuesta adecuada a lo que ya ha sido trasnacionalizado de facto y con las botas por los gobiernos de Estados Unidos, México y Colombia... pero también por los flujos migratorios de trabajadores indocumentados que van hacia el norte y mueven las fronteras.

Sería fértil intentar una historia de las FARC para hallar en sus raíces y en su metamorfosis del liberalismo radical al comunismo toda la tradición democrática del movimiento campesino comunitario. Un tipo de democracia irreconciliable --según se deja ver claramente a lo largo de toda la historia europea y en la propia experiencia de México-- con el parlamentarismo republicano de la burguesía.

Más bien, este último es en todas partes como el espectro superestructural de la comunidad agraria una vez que ha sido expropiada y escindida. En América Latina, antes de las FARC y en una época bien distinta, esta corriente tuvo su expresión más alta con Emiliano Zapata en México. Como es sabido, el líder guerrillero suriano murió en una emboscada, traicionado y victimado por hombres del carrancismo.

Sólo los cruzados del Pentágono, que desde unos días después del 11 de septiembre de 2001 anunciaron su guerra mundial contra los malos (que en el lenguaje de Bush son todos los que no estén de acuerdo en colaborar con la globalización de la democracia capitalista), pueden pretender reducir a movimientos profundos de la historia latinoamericana a categorías como el terrorismo o el narcotráfico. Perderán peor que en Vietnam con una inteligencia tan raquítica. Serán condenados por su ignorancia histórica casi cartesiana y, sobre todo, por su pretensión de contaminar al mundo con su profunda amnesia de caricatura.

Las guerrillas campesinas de las FARC han subrayado en su programa de lucha histórico las tareas de construcción de un régimen democrático que sustituya al militarismo imperante en Colombia.

Principalmente acentúan la importancia de hacer existir realmente a los poderes legislativo y judicial, lo cual es nítido en su política de alianzas y frentes democráticos. La reforma agraria desde el nuevo poder democrático sería la gran tarea histórica en un país de terratenientes.

Las FARC --a diferencia de otras guerrillas latinoamericanas--, nacidas también de la crítica del colaboracionismo browderiano de los partidos comunistas de América Latina hacia finales de los años cuarentas del siglo XX, no ponen el acento estratégico en la lucha de liberación nacional, señalando así el carácter endógeno de la contradicción social y al enemigo principal como interno.

Esto no quiere decir que las FARC dejen de tener claro que un factor principal de la guerra actual lo constituyen los brazos policiaco-militares de Estados Unidos. Caso de que existiese la intención imperial de dar a Tirofijo y a las FARC el mismo tratamiento que se le administró al dictador De Francia a principios del siglo XIX --cuando el Paraguay democrático se radicalizaba más allá de los marcos históricos del área y fue invadido por todos sus vecinos al unísono--, más que levantar la consigna de la "liberación nacional" habrá que pensar seriamente en romper las fronteras nacionales y generalizar por todos lados las acciones revolucionarias. Finalmente, las tareas democráticas que plantean las FARC por la vía revolucionaria, están vigentes en toda el área.