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  Noviembre 14 de 2007

Rechazo al Plan México en la UNAM; es una combinación de injerencia y entreguismo: González Ruiz; busca establecer una misión militar de EU en territorio mexicano: Iruegas
Por: ABP México

La semana pasada hubo al menos dos foros contra el Plan México en la UNAM. El jueves 8 la Cátedra Libertador Simón Bolívar sesionó bajo el título “Del Plan Colombia al Plan México. Balance y perspectivas desde la izquierda”, en la Facultad de Filosofía y Letras. Al día siguiente el Círculo de Estudios de la UNAM organizó una charla sobre el ASPAN y el Plan México, en la explanada de la Facultad de Medicina.

En el primero de los foros mencionados participaron el abogado José Enrique González Ruiz, coordinador del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, y una universitaria perteneciente al Movimiento Mexicano de Solidaridad con las Luchas del Pueblo Colombiano (MMSLPC).

Ambos ponentes caracterizaron los Planes Colombia y México como proyectos de dominación imperialista y criticaron la injerencia de los gobiernos colombiano y estadounidense en los asuntos internos de la política mexicana.

González Ruiz afirmó que el Plan México “es un compromiso que inserta a México en una estrategia de largo alcance del imperialismo norteamericano” y que “formaliza la situación de dependencia México” con respecto a EU. A partir de esta idea, el abogado criticó la propaganda desplegada por el gobierno de Felipe Calderón para implementar dicho plan, llamado oficialmente Iniciativa Mérida.

El gobierno impuesto por el fraude electoral de julio de 2006 oculta y trivializa deliberadamente el contenido y las implicaciones del Plan México, dijo González Ruiz. No es creíble la versión expresada ante el Senado por la Secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, según la cual el Plan México no es un instrumento jurídico formal que establezca obligaciones para el Estado mexicano, sino un acuerdo informal de cooperación y ayuda entre los gobiernos de EU y México.

La “ayuda” norteamericana nunca es ayuda desinteresada, “es ayuda a cambio de algo”. Como ejemplo están las “cartas de intención” firmadas por los gobiernos mexicanos con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En dichas cartas, a cambio de los préstamos otorgados por el FMI, los presidentes neoliberales se comprometieron a privatizar todas las empresas e industrias de propiedad estatal.

Lo mismo ocurre con el Plan México, que incluye un paquete de ayuda financiera norteamericana de 1200 millones de dólares para los primeros dos años. Los EU no entregarán los primeros 500 millones de dólares a cambio de nada, hay “compromisos de acatamiento” político que implican una “profundización del sometimiento de México a las políticas norteamericanas”, como la privatización total de la industria petrolera mexicana.

Además de esto, la ayuda financiera contemplada en el Plan México es “ayuda con dinero etiquetado”, es decir, que “los gringos deciden qué adquiere México con esos recursos”. El dinero del Plan México está destinado a comprar más equipos militares a los fabricantes norteamericanos de armamento y tecnología militar.

González Ruiz expuso también que el Plan México tiene implicaciones de tipo geopolítico. En este sentido, comentó que, ante el fracaso de la invasión norteamericana en Irak y Afganistán, EU busca reasegurar su control sobre América Latina y dar un nuevo impulso a proyectos como el ALCA y el Plan Puebla Panamá, que han sido temporalmente postergados pero no abandonados por el imperialismo norteamericano.

Bajo esta óptica, el abogado hizo énfasis en el hecho de que asuntos como el Plan México “no dependen de tendencias políticas o aparatos de gobierno, son planes que tienen que ver con intereses de Estado del imperialismo norteamericano”. Por lo cual es seguro que, aunque los halcones de Washington sean derrotados en las próximas elecciones y Hillary Clinton gane la presidencia de EU, el Plan México siga adelante.

El ponente añadió a lo anterior la idea de que el Plan México es una combinación de injerencia y entreguismo, que refleja la concepción imperialista y oligárquica de que México es el patio trasero de los EU.

 La experiencia colombiana.

El antecedente directo del Plan México es el Plan Colombia, que también fue diseñado en los EU y se presentó como iniciativa bilateral para la lucha “contra el narcotráfico”, ocultando su carácter esencialmente contrainsurgente. El Plan Colombia, sin embargo, no ha logrado disminuir el tráfico de drogas en aquel país –pese  que lleva más de siete años aplicándose– y las fumigaciones realizadas supuestamente para erradicar los cultivos ilícitos sólo han provocado “desplazamiento y dolor” a los campesinos colombianos.

Más grave aún que lo anterior es el hecho de que, al amparo del Plan Colombia, muchos narcotraficantes, paramilitares y políticos colombianos reforzaron sus vínculos y afianzaron su presencia en el aparato gubernamental. A decir de González Ruiz, esta presencia es tan fuerte que actualmente muchos congresistas colombianos no sólo tienen vínculos con el paramilitarismo, sino que ellos mismos son paramilitares.

Ambos ponentes coincidieron en señalar que el gobierno mexicano está siendo asesorado y respaldado –para poner en marcha el Plan México– por funcionarios colombianos del más alto nivel, algunos de los cuales han sido señalados como cómplices del paramilitarismo en su país. Entre ellos mencionaron al vicepresidente Francisco Santos, al fiscal general Mario Iguarán y, especialmente, al embajador de Colombia en México, Luis Camilo Osorio Isaza.

Estos tres funcionarios han realizado declaraciones y actividades que constituyen actos de injerencia política en México. González Ruiz comentó que el gobierno impuesto de Felipe Calderón cuenta con la ayuda de Luis Camilo Osorio Isaza para tratar de legitimarse mediante la propaganda militarista y el uso de la histeria y el miedo contra la sociedad, en lo cual los representantes del régimen colombiano tienen sobrada experiencia.

Por su parte, la integrante del MMSLPC señaló que así como el gobierno de Felipe Calderón busca apoyarse en la experiencia del régimen de Álvaro Uribe, el pueblo mexicano debe conocer la lucha y la resistencia del pueblo colombiano, sin dejarse influenciar por la propaganda que descalifica y estigmatiza a todos los opositores del régimen uribista, particularmente a los insurgentes.

ASPAN y Plan México.

En otro evento, Gustavo Iruegas, Secretario de Relaciones Exteriores del “gobierno legítimo”, dio una charla pública sobre el Acuerdo para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) y el Plan México. Señaló que ambos proyectos están relacionados con temas de seguridad, estrategia antinarcóticos y migración; asimismo, replicó algunos de los argumentos con los que el gobierno de Calderón ha defendido su aplicación.

El ASPAN y el Plan México, afirmó Iruegas, están concebidos bajo la idea de que México forma parte del perímetro de seguridad de los EU. En razón de esto el gobierno estadounidense busca desplegar personal y equipo militar norteamericano en territorio mexicano, lo cual ha sido ocultado y negado de forma inverosímil por el gobierno de Felipe Calderón.

La “discreción” del calderonismo en cuanto a la injerencia militar directa de los EU en México responde al hecho de que el pueblo mexicano nunca ha aceptado ese tipo de intromisiones. Pero con el Plan México “los equipos y asesores militares estadounidenses vendrán”, el gobierno de Calderón está tratando de crear las condiciones para que el pueblo acepte esa injerencia.

Cuando se concrete este aspecto del Plan México, los EU habrán logrado establecer en territorio mexicano algo semejante a una misión militar norteamericana, igual que en todos los países de América Latina. Iruegas explicó que las misiones militares de los EU son delegaciones numerosas y que en varios países han llegado a funcionar como un Estado Mayor paralelo; mencionó que en El Salvador, durante la guerra de los 80, en cada batallón del ejército salvadoreño había un militar norteamericano.

Además de lo anterior, el Plan México incluye un paquete de reformas legales –algunas de ellas ya aprobadas– para crear leyes antiterroristas y permitir que el presidente pueda decretar el Estado de excepción y enviar tropas mexicanas al extranjero sin permiso del Senado.