Octubre 8 de 2007
Genocidio en el delta del río Colorado
ABP México, octubre de 2007.
El jueves 27 de septiembre se presentó, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el libro Genocidio en el Delta del Río Colorado, editado por el Partido de los Comunistas. En el evento, auspiciado por la Cátedra y el Centro de Documentación Libertador Simón Bolívar, intervinieron Luis Alfonso Vargas Silva y Marco Vinicio Ávila, de la Brigada Comunista Sergio Almaguer Cosío.
Los presentadores explicaron que el libro recoge la experiencia del campamento "Los pueblos indios en defensa de la vida, la cultura y la naturaleza: abajo y a la izquierda. Cucapás, Quilihuas y Zapatistas unidos en defensa de las pueblos originarios y de la madre tierra”. Dicho campamento fue realizado entre marzo y mayo de 2007, en el poblado de El Mayor, Baja California, como parte de las actividades de La Otra Campaña.
En el evento se comentó también que Genocidio en el Delta del Río Colorado es un libro concebido y elaborado como publicación independiente, de izquierda, para reflejar la problemática, las propuestas y la lucha de los de abajo.
Finalmente, a tenor con esos principios, los presentadores expresaron su solidaridad –y exhortaron a los organizadores y al público a hacer lo mismo– con las comunidades zapatistas en resistencia, que en los últimos meses han sufrido intensas amenazas y agresiones por parte de las autoridades federales y el gobierno de Chiapas.
Ponemos a disposición de nuestros lectores la intervención del compañero Luis Alfonso Vargas Silva:
COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS:
Agradecemos a la Universidad Nacional Autónoma de México, a la Facultad de Filosofía y Letras, el espacio que nos dan para presentar este esfuerzo editorial, que muestra una experiencia de lucha de La Otra Campaña.
Hablar de genocidio entre los mexicanos no es una novedad. De tal manera que ni siquiera nos alarma el término, porque desde hace 25 años que se implanto la dictadura neoliberal en nuestro país, la política económica del gobierno tiene un marcado sello genocida, cuando ha condenado a más de la mitad de la población a morir de hambre y de enfermedades curables.
Nuestro pueblo es, en consecuencia, víctima de este genocidio genérico.
Sin embargo hay otro: el genocidio específico. El que discrimina y mata a los pueblos indios, y tiende a desaparecerlos por completo. Se trata de castigar a aquellas comunidades o grupos sociales, por el simple hecho de que tienen una manera propia de vivir, distinta a las normas de vida de la Nación a la que pertenecen, aún cuando no se hayan incorporado plenamente a ella.
El concepto semántico o el histórico no bastan para calificar de indígena a un conjunto humano; ni el origen ni la raza ni el idioma son nociones válidas para ese propósito. Hace más de medio siglo que la Organización Internacional del Trabajo estableció que por poblaciones indígenas debe entenderse a las comunidades o grupos sociales que tienen una manera propia de vivir, distinta, en nuestro caso, a la del resto de los mexicanos. Que el progreso de estas comunidades ha de ser hacia adentro y hacia afuera, según el criterio de la propia OIT. Hacia adentro, logrando que las poblaciones indígenas tengan tierras propias, las cultiven de manera científica, disfruten de créditos y de ayuda técnica, exploten racionalmente las riquezas naturales, aprendan las formas modernas de producción y eleven su nivel de vida en todos sus aspectos. Hacia afuera, facilitando el proceso de su integración en la gran comunidad nacional, sin coacción, sin violencia, respetando su manera de ser, sus tradiciones, sus costumbres, su forma de gobierno, su lengua y sus atributos generales.
Las autoridades que en los últimos sexenios ha padecido nuestro país, en lugar de atender los problemas de los pueblos indígenas en la dirección indicada por las Naciones Unidas, ha resuelto simplemente que deben desaparecer.
A partir del decreto de 1993, cuando Salinas de Gortari creó la “Reserva de la Biosfera del Alto Golfo de California y del Delta del Río Colorado”, que es el lugar donde precisamente pescan los cucapá, ha generado que este pueblo y sus hermanos los quilihuas no cuenten en el futuro con recursos para subsistir, quedando condenados, por lo tanto, a la extinción.
Esta forma de genocidio, dirigida a pueblos por el simple hecho de ser diferentes, se parece a la que practicaron los nazis contra las comunidades judías y las tribus gitanas.
El SCI Marcos, durante el primer recorrido de La Otra Campaña, se dio cuenta del problema y advirtió sobre los graves peligros que amenazan la vida de los pueblos cucapá y quilihua, convocándonos entonces a todos los adherentes a evitar este genocidio con las siguientes palabras:
Durante siglos, por no decir milenios, la actividad económica fundamental del pueblo cucapá – que significa gente del río o gente que vuelve- ha sido la pesca. Con todo y ser una economía de autoconsumo, aunque en la actualidad ya comercializan su producción, es la base material de su supervivencia y de su desarrollo. De esta actividad se desprenden toda su superestructura cultural y religiosa, sus costumbres, su lenguaje y sus tradiciones, de tal manera que si ésta se cancela, al pueblo cucapá no le queda más remedio que desaparecer.
La pesca de la que viven, han venido realizándola en la parte baja del Río Colorado y en el Golfo de California. Su tragedia consiste precisamente en que el Río Colorado ha desaparecido prácticamente de nuestra geografía y la parte cercana a su desembocadura en el Golfo de California ha sido declarada zona de reserva ecológica, donde se prohíbe la pesca. De tal modo que estamos ante el caso de un cambio radical del medio ambiente, con la consecuente desaparición de antiguas especies, el surgimiento de otras nuevas y una modificación sustancial en el modo de vida del hombre, que bien puede conducirlo hacia su extinción.
Este cambio del entorno donde realizan su actividad económica los cucapá, no es obra de la naturaleza, del cambio climático, del calentamiento global, ni de la depredación excesiva de las especies que habitan en dicha zona. Es obra exclusiva de la decisión de los hombres.
La desaparición del Río Colorado de nuestro territorio se explica por la única y sencilla razón de que su enorme caudal quedo en el lado del territorio que nos quitaran los norteamericanos, a causa de la guerra injusta de 1846-47 que provocó que el gobierno de México concertara con el de los Estados Unidos un tratado internacional en 1848, conocido como el Tratado de Guadalupe Hidalgo, mediante el cual se legalizo el despojo de más de la mitad de nuestro territorio en favor de los EEUU.
El primer responsable, entonces, de la desaparición del Río Colorado en nuestro territorio es el imperialismo norteamericano y su política de conquista y de avasallamiento sobre los países vecinos primero, y después sobre todos los países del mundo.
El segundo responsable es el gobierno conservador de Santa Anna, de mediados del siglo pasado.
Muchos historiadores atribuyen nuestra derrota en esa guerra de rapiña y la consecuente pérdida de la mayor parte de nuestro territorio, al hecho de que los mexicanos estábamos divididos y enfrentados. Están equivocados. La causa fundamental de la derrota y el despojo que sufrimos los mexicanos, es que en ese momento la dirección del país estaba en manos de un gobierno de derecha y conservador.
Es más, cada vez que tenemos que soportar a gobiernos de esa naturaleza, tan reaccionarios como antipatriotas, los despojos continúan.
No conformes los norteamericanos con haberse llevado la mitad de nuestro territorio, se siguen apropiando, con la alcahuetería de nuestras autoridades, de otras porciones territoriales y recursos naturales que no están comprendidos en el Tratado de Guadalupe Hidalgo.
Según la tesis del abogado internacionalista Alejandro Sobarzo, expresada en la tribuna de la Cámara de Diputados en el año de 1974, corresponde a los mexicanos la propiedad del Río Colorado, puesto que en el artículo 6° de aquel instrumento internacional, se establece que “...los buques y ciudadanos de los Estados Unirlos tendrán en todo tiempo un libre y no interrumpido tránsito por el Golfo de California y por el Río Colorado, desde su confluencia con el Gila, para sus posesiones y desde sus posiciones, sitas al norte de la línea divisoria que queda marcada en el articulo precedente; ntendiéndose que este tránsito se ha de hacer navegando por el Golfo de California y por el rio Colorado y no por tierra, sin expreso consentimiento del gobierno mexicano...”
En la opinión del diputado Sobarzo, México concedió a los norteamericanos una servidumbre de paso por el Golfo de California y el Río Colorado, y esa servidumbre solo la puede otorgar el propietario de los terrenos o aguas donde ésta se establezca.
Esto quiere decir, que los gringos nunca tuvieron el derecho de retener en su territorio las aguas del Río Colorado por medio de presas o canales, porque ese río nos pertenece al menos, desde la confluencia con el río Gila hasta su desembocadura en el Golfo de California.
No obstante que esta interpretación al Tratado de Guadalupe Hidalgo es la correcta, durante el gobierno de Ávila Camacho, que empezó el proceso de rectificaciones a los principios de la Revolución Mexicana, nuestro país celebró otro tratado con los Estados Unidos que se refiere a las aguas internacionales, con el objeto de utilizar en la forma “...más completa y satisfactoria...”, las aguas de los ríos Bravo, Colorado y Tijuana. Y la forma más satisfactoria que encontraron los negociadores de ese tratado, fue que México autorizara a los Estados Unidos a quedarse con las aguas del Río Colorado, a cambio de ciertas cuotas de agua que ellos nos entregarían por conducto de sus instalaciones hidráulicas.
"Los funcionarios mexicanos que intervinieron en la reducción de ese Tratado -dice el Ingeniero Emilio López Zamora- y los senadores que lo ratificaron en 1945, no tuvieron el cuidado de que los derechos de México quedaran establecidos en forma explícita, de tal suerte que ahora estuviéramos en posición de exigir que se nos entreguen aguas útiles para la agricultura, la industria y otros "usos benéficos ", y no vernos en el caso -como actualmente sucede- de tener que recurrir a la interpretación de términos en los que sólo en forma implícita puede encontrarse el derecho de México en lo que se refiere a la calidad de las aguas del rio Colorado..."
En esto último tiene razón el Ingeniero López Zamora, que fue parte de la Comisión Mexicana que participo en la elaboración del Tratado de Aguas Internacionales del año de 1944. Pero en lo que se equivoca, y eso no lo dice, es que ese Tratado jamás debió suscribirse en los términos de compartir con los norteamericanos las aguas del Río Colorado, porque ese río nos pertenece por completo ya que no son internacionales sus aguas, sino que son propiedad de los mexicanos.
Ese tratado sólo hubiera sido válido, si se denunciara por ambos países el Tratado de Guadalupe Hidalgo, de tal manera que a cambio de compartir las aguas del Río Colorado, los norteamericanos nos regresaran California, Nuevo México, Arizona y Texas.
Desaparecido el Río Colorado, cuyo cauce hoy es solo un zanjón de tierra que agarra agua solamente en el Delta a causa de las mareas provenientes del Golfo de California y de pequeños afluentes del subsuelo, al gobierno mexicano -a cargo también ahora de reaccionarios y apátridas- se le ha ocurrido declarar esa zona, que es la única donde pueden seguir pescando los cucapá, es una reserva ecológica donde queda prohibida la pesca. Con ello prohíben también la vida presente y futura del pueblo cucapá, condenándolo de plano a la extinción.
De esta manera, el gobierno está cometiendo genocidio en los términos aceptados por la legislación penal de todo el mundo: el intento o la acciín de desaparecer a pueblos enteros.
Por si no fuera suficiente el castigo a que están sometidos los pocos sobrevivientes cucapés, éstos tienen que soportar la competencia desproporcionada que les imponen las grandes empresas pesqueras, propiedad de inversionistas privados nacionales y extranjeros.
Esta competencia ruinosa hubiera sido imposible antes de la reformas salinistas a la Ley de Sociedades Cooperativas que declaraba en su tiempo, a la curvina, como una de las especies reservadas para los cooperativistas. De tal manera que aquí vemos la mano no de la naturaleza, sino de un gobierno reaccionario, impopular y proimperialista como fue el de Salinas de Gortari.
Tienen que sufrir también, el asedio, las amenazas y los atropellos de los marinos, los soldados, los policías y otros grupos represivos que les envía el gobierno para quitarles sus embarcaciones, aperos de pesca y el producto mismo de su trabajo, como lo hacen a diario, temporada tras temporada, de manera contumaz e inmisericorde.
Los comunistas queremos decir que en lugar de que el gobierno siga molestando a los pescadores cucapá, debería reclamar en los tribunales internacionales la vigencia del artículo sexto del Tratado de Guadalupe Hidalgo, que reconoce la propiedad mexicana sobre las aguas del Río Colorado. Pero eso equivale a pedirle peras al olmo.
Los comunistas tenemos la convicción de que la supervivencia de los cucapá, con todo y sus prácticas productivas, su lengua, sus usos y costumbres, sólo puede garantizarse plenamente en un sistema superior al capitalismo, donde no gobiernen ni los genocidas ni los vendepatrias.
El Partido de los Comunistas y la Juventud Comunista de México comparten el orgullo y la satisfacción de haber participado durante la pasada temporada de pesca con un importante grupo de compañeros, que se llamo Brigada Comunista Sergio Almaguer Cosdo, que compartió fraternalmente con los pueblos indígenas de la región las labores de la pesca y afronto junto a ellos los peligros que representan la presencia de las fuerzas armadas de tierra y de mar, que pretenden impedirles esa práctica ancestral.
Queremos decir con satisfacción, que la presencia de nuestro Partido, de la Juventud Comunista de México, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, del Subcomandante Marcos, del Frente Popular Francisco Villa-Independiente, de la Unidad Obrera y Socialista, del Congreso Nacional Indígena, de toda La Otra Campaña, evito que se diera cualquier incidente, amenaza o atropello en contra de nuestros hermanos indígenas durante la pasada temporada de pesca.
Si estas fuerzas pudieron hoy evitar los atropellos y la consumación total del genocidio, en un acto hermoso, solidario y fraterno para con el pueblo cucapá, mañana serán capaces de conducir al éxito las luchas fundamentales de la Nación mexicana y de tomar en sus manos la dirección de nuestro país.
A continuación, en este esfuerzo editorial del Partido de los Comunistas presentamos una compilación de discursos pronunciados, documentos elaborados y testimonias obtenidos previo, durante y después de la realización del Campamento "Los pueblos indios en defensa de la vida, la cultura y la naturaleza: abajo y a la izquierda. Cucapás, Quilihuas y Zapatistas unidos en defensa de las pueblos originarios y de la madre tierra ", de parte de los diversos actores que participamos en este acto solidaro de La Otra Campaña.
Muchas gracias por su atención.
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