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junio 29 de 2007
La Revolución Bolivariana y su fuerza de vanguardia (A propósito del Partido Socialista Unido de Venezuela)
Por Narciso Isa Conde/ABP República Dominicana
Porque
me asumo antillanista, latinoamericanista-caribeño, bolivariano,
martiano, guevarista, caamañista, internacionalista… me tomo la
libertad, nueva vez, de opinar sobre la imperiosa necesidad de la
creación y desarrollo de la nueva vanguardia revolucionaria socialista
venezolana.
No se trata, claro
está, de un tema estructuralmente venezolano, dado que el proceso hacia
la revolución en Venezuela desborda las fronteras de ese país. Se
coloca en el centro de la ola de cambios revolucionarios y progresistas
que tiene lugar hoy en nuestra América, se convierte en el principal
factor de renovación de esperanza y recuperación del sentido actual de
la revolución en esta región y actúa como estímulo fundamental de las
nuevas transformaciones a escala continental. Y dada tambien la
existencia de otros procesos de cambio con exigencias parecidas.
En
Venezuela está activada una vertiente trascendente del laboratorio de
las nuevas revoluciones y de las nuevas modalidades del tránsito al
socialismo y de sus fuerzas políticas conductoras. Ese proceso, junto a
otros ya iniciados o en vía de avances cualitativos, por demás, ha
contribuido a replantear el debate sobre las alternativas
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orgánicas
a la crisis del partidismo tradicional y al capitalismo imperante, y
sobre la necesidad de un socialismo adecuado a las condiciones y
experiencias acumuladas al iniciarse el siglo XXI.
Crisis histórica del partidismo tradicional
Si
hay un país latino-caribeño donde se manifestó en grande la crisis del
partidismo tradicional, ese es Venezuela; aunque ciertamente ese
fenómeno se expresa, con diferentes particularidades y niveles, en no
pocos países de la región.
Esa
crisis no solo ha afectado y está afectando al conjunto de las fuerzas
de extrema derecha, derecha, centro-derecha, y centro, sino tambien
(aunque de otra manera) a la izquierda revolucionaria y a la propia
izquierda reformista.
En verdad la
categoría partido quedó muy maltrecha en Venezuela y lo está en muchos
países del continente. Y ese fenómeno se ha acelerado y profundizado a
raíz de lo acaecido dentro capitalismo internacional y sus expresiones “nacionales”.
Ahora
bien, con las izquierdas y derechas del continente está pasando lo
mismo que pasó hace cerca de dos décadas con el capitalismo y el
“socialismo real” en el siglo XX: están padeciendo sendas crisis, no
iguales, ni con las mismas causas, sino diferentes y a la vez
simultáneas.
- Derechas e izquierdas
La crisis de las derechas
tiene mucho que ver con su papel de administradoras de las
instituciones y ejecutoras de las políticas gubernamentales y estatales
del capitalismo y el imperialismo actual. Con la crisis estructural de
ese sistema y sus efectos, con el empobrecimiento de las sociedades,
con la corrupción y perversión del orden jurídico-político, con la
capacidad secuestradora de la partidocracia sobre las instituciones
vigentes, con el impacto degradante del neoliberalismo y el militarismo
en boga, con los nefastos efectos de su globalización, programas y
modelos
Las crisis de las izquierdas
por su parte se relaciona muy estrechamente con el colapso del
paradigma estatista a nombre del socialismo, con el descrédito del
“socialismo realmente existente” en el siglo XX (sobre todo en la
URSS y en Europa Oriental), pero tambien con el
enraizamiento en el seno del movimiento revolucionario del
ideario clásico anticapitalista y socialista muy propio de la etapa del
capitalismo industrial europeo (basado en las características de las
sociedades creadas por esa formación económica-social en la segunda
mitad del siglo IXX y en gran parte del siglo XX, previas al auge
neoliberal, previas a los procesos de reestructuración material e
ideológico que ha tenido lugar fundamentalmente desde los años 70 del
siglo XX hasta el presente).
Las crisis de los partidos de las derechas
es una crisis progresiva de credibilidad por la insalvable y evidente
contradicción entre lo que dicen y lo que hacen, entre lo que prometen
y lo que ejecutan.
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Es una crisis ética-moral, dada la gansterización del poder que ejercen y administran.
Es
una crisis vinculada a los efectos polarizadores –empobrecedores de la
dinámica capitalista-imperialista, de la cual están imposibilitados de
liberarse.
Es una crisis de descrédito profundo, que asume el grado de lo insuperable y presenta características de “enfermedad terminal”.
La crisis de no pocos partidos de izquierda,
aunque carga en parte con lo acontecido en las gestiones hechas a
nombre del socialismo y del comunismo (crisis que por demás tiene
características y motivos diferentes a lo sucedido en el campo
capitalista), tiene que ver sobre todo con su anquilosamiento
ideológico, con el peso en su interior de lo anterior, con sus ataduras
a las conceptualizaciones del pasado, con su incapacidad para ver lo
nuevo y adecuar su pensamiento y acción a las nuevas realidades creadas
por el nuevo capitalismo y el imperialismo, para renovarse sin
derechizarse.
Y si en cierta
medida cargan –una parte de ellos- por adhesión y defensa dogmática,
con las culpas de lo acontecido en el ex “campo socialista”, la verdad
es que la restauración capitalista en esa parte del mundo ha provocado
males muchas veces más degradantes y dañinos para la humanidad.
Es,
por tanto, una crisis fuerte pero no “terminal”, superable a través de
procesos de auto-transformación y recreación teórica y organizativa.
A
lo dicho pienso que hay que agregarle otros factores que gravitan sobre
estos dos grandes campos del ejercicio de la política.
Y
me refiero ciertamente a la manera como fueron concebidos los partidos
políticos en el contexto de los sistemas jurídicos-políticos emanados
del capitalismo, incluso dentro de la propia democracia liberal.
Construcciones
generalmente de arriba hacia abajo, con gran peso del verticalismo a
todo lo largo de su trayectoria y de su accionar. Separados de los
movimientos sociales o controladores de ellos.
Con
una fuerte cultura autoritaria y estructuras fácilmente secuestrables
por sus direcciones en función de la manipulación de sus bases desde
factores de poder (información, medios, autoridad, economía, prestigio,
liderazgo histórico…)
Con formas
organizativas, en muchos casos, afines a conformaciones clasistas
seriamente modificadas en las últimas décadas a consecuencia de la
evolución y res-tructuración del sistema capitalista- imperialista.
Todo
esto muchas veces se suma y potencia para provocar en partidos de
diversos tipos crisis mayores que obligan a una nueva reflexión.
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Y me interesa particularmente
esta reflexión sobre todo para dar respuesta a los grandes desafíos que
esas realidades nos exigen para transformar revolucionariamente las
injustas sociedades imperantes.
Para
pensar en las izquierdas que necesitamos, en las vanguardias que
necesitamos, en las nuevas fuerzas de conducción necesarias para hacer
nuevas revoluciones, crear y recrear nuevos socialismos a partir de la
experiencias positivas y negativas vividas.
Nuevas formaciones políticas o político-sociales
Este nuevo siglo coincide con la necesidad de nuevas formaciones políticas-sociales revolucionarias.
Ya
antes, hechos acaecidos en las últimas dos décadas del siglo XX,
estaban demandando reflexiones, renovaciones y recreaciones
revolucionarias.
El problema es
que el peso paralizante del pasado casi siempre retrasa las
transformaciones y las auto-transformaciones necesarias, a pesar
de las señales que las exigen.
Con
todos los valores positivos que históricamente han encarnado las
izquierdas partidistas a lo largo de todo un siglo, con su enorme
superioridad ética respecto a las derechas, es claro sin embargo su
actual retraso y su evidente papel secundario en los procesos
transformadores en marcha en el continente.
Los
factores catalizadores y, en consecuencias, protagónicos y hegemónicos
-independientemente de los valiosos aportes en su interior de
militantes y cuadros de la izquierda histórica- han sido, en muchos
casos, generados por actores(as) político-sociales de nuevo tipo.
Y
esto apunta en dirección a la necesidad de nuevas formaciones políticas
(o político- sociales) de vanguardia; conductoras, orientadoras,
organizadoras…con renovada capacidad para articular y dirigir las
confrontaciones con las derechas, sean estas nuevas o viejas.
La
necesidad de esas nuevas vanguardias –evidente en procesos como el
venezolano, el bolivariano, el ecuatoriano-, en franco proceso de
desarrollo en el caso colombiano, puede ser suplida temporalmente en
forma un tanto limitada por la relación entre líderes y masas, y por la
confluencia más o menos efectiva de las diferentes organizaciones y
movimientos que respaldan los procesos hacia las revoluciones.
Pero
en la medida crece la confrontación entre revolución y
contra-revolución, en la medida se intenta profundizar el cambio, en la
medida sube el tono anticapitalista y pro-socialista del proceso, en
esa misma medida la exigencia de una gran fuerza organizada,
conductora- transformadora, se torna imprescindible.
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El nuevo proyecto venezolano
Eso es lo que a mi entender está pasando en Venezuela.
Y
eso es lo que con gran agudeza ha captado como imperioso el comandante
Hugo Chávez, al proponer, primero el Partido Único y luego el Partido Socialista Unido de Venezuela.
La
propuesta en cuestión, como puede verse, ha evolucionado positivamente,
porque a todas luces hablar, después de lo acontecido en los países del
Este europeo, de “partido único”, se prestaba y se presta a muy malas
interpretaciones. Y ha evolucionado positivamente, aunque sin excluir
tropiezos, maltratos, incomprensiones, reacciones contradictorias y
hasta reacciones contraproducentes entre fuerzas realmente interesadas
en la profundización del proceso y en la transición al nuevo socialismo.
Lo
positivo está en haber desechado lo de “partido único” para proponer la
unificación orgánica de todas –o la mayor parte- las fuerzas
anticapitalistas y pro-socialistas (no solo de los partidos de
izquierda existentes hasta la fecha), en dirección a impulsar con más
conciencia y mejor organización el proceso hacia el socialismo bolivariano, anunciado por Chávez en el contexto de las pasadas elecciones presidenciales.
Y subrayo en este punto lo del proceso hacia el socialismo bolivariano,
porque creo importante que se reconozca que el socialismo implica una
transición, una construcción progresiva, una creación paulatina. Y esto
fue muy bien enfatizado por el comandante Chávez cuando se refirió a
los planteamientos que hice hace unos meses durante mi participación en
el prestigioso programa “La Hojilla” que se transmite todas las noches
por Venezolana TV, canal 8; planteamientos que he desarrollado
tambien con más extensión y profundidad en mis libros y
ensayos recientes.
Insisto tambien en lo de nuevas formaciones políticas o político- sociales,
porque evidentemente estamos frente a nuevos fenómenos sociales,
culturales, ideológicos, económicos y militares, generados por un
capitalismo y un imperialismo diferente al de décadas pasadas, pero
peores que todas sus modalidades anteriores.
La
globalización capitalista y recolonización neoliberal, por demás, han
traído nuevos problemas y significativos cambios en las bases y las
superestructuras de las sociedades dominadas por esta nueva dinámica
capitalista.
Y me inclino a hablar de la necesidad de nuevas formaciones políticas, y no simplemente de nuevos partidos
(aunque la denominación en toda categoría no es lo fundamental, sino su
esencia), porque el descrédito del término partido ha sido muy profundo
y extenso, aunque no uniforme ni igual en todos los países.
El
acento en lo nuevo, claro está, hay que ponerlo, en el contenido de los
procesos de construcción, articulación y concienciación de las fuerzas
transformadoras.
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Si hablamos de nuevas
democracias, de democracias participativas, integrales, protagónicas…
si hablamos de nuevas sociedades, si queremos diferenciar las
propuestas de hoy de aquellas que colapsaron…estamos obligados a pensar
en fuerzas organizadas y concientes de nuevo tipo, en nuevas
formaciones, en nuevas vanguardias; capaces de prefigurar las
nuevas sociedades y de superar las limitaciones y deformaciones que
concluyeron en reveses tan drásticos y conturbadores como los acaecidos
Europa del Este.
La organización y
la conciencia, la ciencia y la mística, la posibilidad de articular
voluntades diversas, la capacidad de confrontar y de potenciar las
fuerzas que puedan derrotar la contrarrevolución y sus planes; como
tambien transformar la sociedad, crear sus nuevos valores, liberarla y
desarrollarla a favor de los(as) oprimidos (as) y de todos (as) los
(as) excluidos (as)…son requisitos imprescindibles para el éxito
revolucionario en términos estratégicos.
Y
esto no se logra espontáneamente. Ni siquiera puede alcanzarse con una
positiva relación entre el líder (o los líderes) y el pueblo, por más
formidable que esta sea.
Esto
requiere de un tejido político organizado y articulado a los sujetos
sociales de la revolución, exige de estructuras organizadas y
politizadas en torno al programa estratégico de la revolución.
Necesita
de una fuerza unificada y organizada, de una fuerza conciente, de una
fuerza conductora, enraizada en el pueblo-pueblo, dotada de capacidades
tecno-científicas, de mística y ética revolucionaria abrazadas a
principios e ideales ¡Necesita de vanguardias a tono con los nuevos tiempos y las nuevas realidades socio-culturales!
Vanguardias de verdad- verdad
No
hablo –y esto lo he dicho y escrito muchas veces- de vanguardias
autoproclamadas, sino de una fuerza revolucionaria que encarne todas
rebeldías justas y todas las liberaciones necesarias, en estrecha
relación con las clases y sectores explotados, oprimidos y excluidos…
Vanguardia clasista de los(as) trabajadores (as).
Vanguardia de las mujeres enfrentadas al patriarcado.
Vanguardia de los pueblos originarios vilipendiados y sobre-explotados.
Vanguardia de las etnias y nacionalidades sometidas y discriminadas.
Vanguardia de los(as) excluidos (as) socialmente y culturalmente.
Vanguardia de las justas insumisiones y demandas de la juventud discriminada y subordinada.
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Vanguardia de los movimientos ambientalistas.
Vanguardia de la pobresía excluida, explotada y discriminada por la gran burguesía local y transnacional.
Vanguardia de todos (as) los afectados por la ofensiva neoliberal del gran capital.
Vanguardias de verdad -verdad, a tono con los nuevos tiempos
Necesidad sentida en la Venezuela de hoy
Esta
necesidad es muy sentida por una gran parte del pueblo venezolano, más
allá de las estructuras partidistas existentes y antes de que se
propusiera la unificación de todos (as) los partidarios concientes de
ese proceso hacia la revolución.
En
la última década el proceso transformador en Venezuela ha creado
conciencia y generado activismo revolucionario en innumerables
movimientos sociales, agrupaciones y espacios organizativos que no
participaban en los partidos políticos existentes y que no se sentían a
gusto dentro de ellos o en sus periferias.
Por
eso la nueva fuerza, la nueva formación política, o político-social
revolucionaria, no debe limitarse a la suma de los partidos de
izquierda existentes, mucho menos circunscribirse a repetir fórmulas
conocidas y fracasadas.
Incluso
hay que tener en cuenta que en esta última década se desarrolló el
Movimiento V Republica (MVR), que pese a su impresionante fuerza
electoral, se quedó corto en cuanto a representatividad de los factores
revolucionarios acumulados y más aun respecto a los requerimientos de
una fuerza de vanguardia a tono con los nuevos desafíos.
Más
aun, la existencia y la confluencia de todos los partidos políticos que
hicieron causa común con el presidente Chávez –con sus límites en
fuerza, forma y contenido, con su espíritu de competencia (unos más que
en otros) por cuotas y espacios de poder electoral y de otra índole
–está distantes de representar a todos los (as) actores (as) sociales
de la revolución actual y de encarnar una fuerza conductora eficaz.
Esto
explica el impacto que ha tenido la propuesta del comandante Chávez en
el seno del pueblo, más allá de los evidentes déficit e indefiniciones
en el proceso real de su creación sobre todo en materia de métodos,
procesos previos, contenidos teórico- políticos… Más allá de la
reacciones explicables o no, justificables o no (desde intereses
particulares), correcta o incorrectamente formuladas, de determinados
agrupamientos históricos de la izquierda venezolana (Partido Patria
Para Todos -PPT, Podemos, Partidos Comunista Venezolano- PCV).
Explica
la avalancha de afiliaciones hacia el nuevo proyecto, hacia la
propuesta de Partido Socialista Unido de Venezuela, que casi llega a
cinco millones y medio de ciudadanos (as) de todas las edades,
acercándose cada vez más a la votación a favor de Chávez en las pasadas
elecciones presidenciales.
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Y esto es una inequívoca señal
de que en la actualidad, al margen o independientemente de la
organización que encabece el líder de ese proceso revolucionario, no es
posible construir y desarrollar la nueva vanguardia; esfuerzo que por
su carácter de masas, sus déficit históricos y limitaciones heredadas,
por las particularidades de este tipo de sociedades, no está ni estará
libre de múltiples problemas y escollos, de innumerables obstáculos
(objetivos y subjetivos) a vencer; al tiempo que requiere tener
presente el bloque histórico a representar y el proyecto de sociedad a
crear y desarrollar.
Como bien apunta Amílcar Figueroa, luchador revolucionario de toda la vida e historiador marxista venezolano…“se
trata hoy de conformar un partido cuyo imaginario en buena medida sigue
en construcción. Le corresponde desempañarse sobre las realidades de
los albores del tercer milenio y en un país que no transitó, como hemos
señalado en muchas oportunidades, un camino clásico en su desarrollo
capitalista, por tanto, su composición social es particular y ello
determina características específicas del bloque histórico interesado
en el cambio revolucionario, más allá de la clase obrera y el
campesinado. Pero a la vez, un país cuya contradicción principal a lo
largo de más de un siglo ha sido con el imperialismo norteamericano y a
consecuencia de ello existen inmensas tareas nacionales por adelantar.
Por lo demás, -y esto no es menos importante- un proceso de cambios que
se ha desarrollado, ampliado y recreado en el ámbito de la democracia”(Sobre la Construcción del Partido Socialista Unid.--Amilcar Figueroa, Pág. 40)
Y esa es la razón para que a su vez el referido dirigente venezolano
destaque las certeras palabras del comandante Hugo Chávez, cuando en el
Teatro Teresa Carreño de Caracas ante los primeros propulsores (as) de
la nueva organización socialista, enfatizara que “la propuesta hoy es un partido de masas que genere los cuadros que el proceso requiere” (obra citada, Pág. 40)
La
era neoliberal del capitalismo, su impacto en las sociedades
dependientes, la fuerza de masa desatada e incorporada al proceso
revolucionario, el profundo calado del liderazgo de Chávez, el caldo de
cultivo que todo este implica para crear una gran organización
revolucionaria representativa de un heterogéneo sujeto popular,
potencia las razones para emprender este original camino.
Cierto
que quizás, por momentos, las orientaciones bien intencionados (aunque
a veces impetuosas) emanadas desde el impactante liderazgo que encarna
el Comandante Hugo Chávez tienden a disociarse de los procesos
necesarios, de los prerrequisitos convenientes y de las no pocas veces
lentas respuestas de los promotores de la nueva organización.
Cierto
que faltan cosas por importantes por definir sobre el nuevo socialismo
y el tránsito hacia él, sobre la relación de la vanguardia
político-social y el Estado, sobre la autogestión y co-gestión de la
propiedad pública y los procesos productivos y distributivos, sobre el
programa de largo plazo y sus fuentes teóricas; sobre la relación entre
Estado y sociedad, entre activistas- cuadros y la gran membresía del
partido, y entre éste y las organizaciones sociales.
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Hay cosas por definir y otras han sido muy bien esbozadas.
El propio Chávez ha rescatado interesantes ideas de Lénin, Gramci, Mao, Marx, Engels y Mariategui sobre estos temas.
Yo
diría que entre la propuesta de Mariategui sobre el Partido Socialista
que trató de crear y los actuales planteamientos de Chávez hay
esencialmente bastante similitud.
Mariategui
quiso subvertir el proceso tradicional y clásico de creación de la
vanguardia proletaria, reivindicando la necesidad de una partido
socialista de masas, con fuertes raíces obreras, populares, indígenas…
del cual surgiera la columna vertebral de sus cuadros dirigentes y
militantes revolucionarios para lograr un mejor producto, invirtiendo
así el orden rígido establecido entonces en el movimiento comunista
internacional y además deformado por su dogma- stalinización.
Chávez además ha insistido en la necesidad de que la membresía del nuevo partido socialista haga “vida política en un organismo social”, subrayando
la necesidad de no separarse de la sociedad, de sus organizaciones
sociales y sus órganos de poder. Solo que faltaría pensar y definir
bien el cómo establecer las garantía para que las organizaciones
políticas ni se fundan con el Estado, ni se traguen ni sometan ni
anquilosen las organización sociales, como aconteció con los soviet en
la URSS y con otros órganos de poder popular en otras revoluciones.
Hay temas éticos y morales, de mucha envergadura, que están por definirse, formularse y solventarse.
Como
tambien el papel del saber, del conocimiento, de la formación
teórico-política. Los tipos de escuelas políticas, sus contenidos, sus
mecanismos y métodos al interior de la fuerza política conductora.
Cuestiones
trascendentes para su calificación y capacidad transformadora.
Cuestiones complejas dada la necesidad de superar y/o evitar la
indigencia teórica, el dogmatismo, el atraso, el reduccionismo, el
burocratismo y la corrupción en las filas revolucionarias o
potencialmente revolucionarias.
¿Cuál democracia?
¿Cuál socialismo?
¿Qué tipo de poder y de organizaciones exigen los grandes cambios que necesitamos?
¿Cuál
debe ser la relación y la dinámica diferenciada entre el Estado con sus
políticas, y la vanguardia revolucionaria y las suyas?
¿Cómo definir el internacionalismo, el latinoamericanismo, el antillanismo que hoy necesitamos?
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¿Cómo
gestionar y controlar socialmente las propiedades y bienes del Estado
para que no sean enajenados por la burocracia y no puedan generar
partidocracia y sistemas de privilegios?
Hay
que avanzar más aun – ya se está avanzando- en esas trascendentes
respuestas a esas agudas preguntas, pero no hay que cerrar el proceso
de creación del conocimiento, ni con sentencias inapelables, ni con
referencias doctrinarias desmentidas por el curso de la historia. Se
hace camino al andar y se hace teoría sin dejar de seguir luchando.
La
nueva vanguardia no puede ser una receta. El proceso hacia ella es algo
mucho más vivo que un esquema preconcebido, resultando de una
permanente relación entre la teoría y la práctica, sin despreciar
ninguna de estas vertientes y otras más.
Desde la nueva propuesta, no al margen de ella
En el Discurso
de la Unidad del Comandante Chávez (Propuesta sobre el Partido
Socialista Unido de Venezuela), pronunciado el 15 de diciembre del
2006, hay una buena base y un conjunto de ideas para empezar la marcha
creadora, enriquecer, corregir y desarrollar el proceso de construcción
de la nueva vanguardia.
Su
contenido, como el de otras intervenciones esclarecedoras y educativas,
es más importante que cualquier choque o distanciamiento temporal de
otros(as) puntos de vista, que cualquier exceso o maltrato real o
supuesto de esas diferencias, y que cualquier respuesta excluyente de
una u otra resistencia.
Los
grandes líderes no son infalibles y no siempre saben dosificar su
inmenso poder o medir el impacto de sus expresiones respectos a aliados
a veces ciertamente incómodos.
Los (as) colaboradores (as) o funcionarios a su servicio, mucho, pero mucho menos aun.
Lo
fundamental es apreciar la certeza esencial de la propuesta formulada y
la complejidad de su ejecución, abordándola con determinación desde
adentro, asumiéndola desde sus propios espacios, desde el proceso que
pueda conducir, en intensa y contradictoria brega, a su feliz
desarrollo.
Ninguna organización
en una situación como esa debe pretender que lo nuevo por construir sea
a su imagen y semejanza. Por el contrario, el nuevo reto es
precisamente considerarse un instrumento a ser superado y desbordado
por algo muy superior. Y esto es válido para todos los partidos del
campo “chavista” incluyendo el Movimiento V República, el PCV, el PPT,
Podemos, MEP, Liga Socialista, Tupamaros y otros; aunque ciertamente,
sobretodo en el caso del glorioso PCV, hay que ponderar su larga
historia y las hondas raíces de su fuerte identidad.
La
revolución ha creado fuerzas revolucionarias no encuadradas ni dentro
de sus estructuras ni dentro de las esferas de influencias de esas
organizaciones y puede crear una que unifique todas las corrientes de
izquierda y sea superior a todo lo existente.
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Por eso a mi entender el énfasis ha debido ponerse en la creación de lo nuevo, no en la disolución o permanencia de lo viejo.
Cada
quien ha debido- y todavía hay tiempo para ello- antes que defender lo
propio, cargado de insuficiencias, empeñarse en la nueva construcción
colectiva con otras calidades y mayor dimensión, desde una actitud
fundamentalmente propositiva.
Y no
lo digo solo frente a quienes –con razones particulares, fuertes o no,
atendibles o no, erradas o no- se han resistido a la integración
orgánica, sino tambien ante lo que han asentido con mayor o menor
entusiasmo sin superar las viejas concepciones.
Y
lo digo porque no tengo seguridad de que en el nuevo proyecto en
marcha, absolutamente necesario e impostergable, no comiencen a
reproducirse las malas prácticas y malas concepciones que llegaron a
tomar mucho cuerpo, por ejemplo, en el disuelto Movimiento V República.
Porque
me parece que todavía- más allá de las sabias e inteligentes
recomendaciones y advertencias de Chávez- colectivamente no se han
puesto los debidos énfasis en precisar, debatir y consensuar temas como
estos:
- Las características democrática-participativa del proceso constituyente
de la nueva organización (algo así como las normas, métodos y
procedimientos democráticos, que incluyendo a todos sus protagonistas,
garanticen los consensos o decisiones legítimas sobre su
institucionalidad, bases ideológicas y programáticas y normas de
funcionamiento)
Esto precisa de un conjunto de proyectos de tesis a elaborar, debatir y
aprobar.
- El bloque social histórico a representar, orientar, conducir…
- Los detalles del proceso de organización de abajo hacia arriba y la manera de escoger democráticamente sus dirigentes.
- La
ética revolucionaria y los procedimientos para depurar los partes
contaminadas de las fuerzas concurrentes, producto de una excesiva
tolerancia de la corrupción a nivel del aparato burocrático.
- Su democracia hacia adentro y hacia fuera.
- Las relaciones con el Estado y con el gobierno.
- Las
relaciones con la sociedad, sus organizaciones y mecanismos de
participación y decisión dentro de una democracia participativa e
integral.
- Sus principales fuentes teóricas
- Su visión internacionalista.
- Su política exterior diferenciada de la del Gobierno y el Estado.
A
todo esto ayudaría enormemente avanzar más en el debate de las ideas y
en logro de grandes consensos sobre el nuevo proyecto de nación,
sociedad y Patria Grande, y sobre las características fundamentales del
socialismo del siglo XX, superando la dispersión, las confusiones y
sobre todo las desviaciones tanto stalinistas como socialdemócratas y
eurocentristas, que todavía dejan sentir su impronta negativa.
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Ayudaría
mucho precisar más aun la relación entre las diversas tradiciones,
fuentes y experiencias socialistas en la historia del mundo y de
nuestra América. Así como destacar el valor del salto histórico que
implica el desarrollo del socialismo basado en las ciencias, sin negar
los aportes a su fuerza, a su mística y a su poder transformador de los
valiosos antecedentes socialistas primitivos, indígenas, utópicos,
religiosos, debidamente rescatados y remozados.
Contribuiría
enormemente a esos propósitos que desde el inmenso valor del quehacer
científico se haga acopio de una actitud ecuménica, incluyente,
respetuosa de las mejores tradiciones y creencias integradoras y
multiculturales.
En la propuesta
del comandante Chávez podemos encontrar no pocos puntos de partida e
ideas frescas para crear esa nueva vanguardia política y ese nuevo
proyecto de sociedad superadora del capitalismo.
Pueden
existir otros puntos de vista diferentes y/o complementarios, que si
bien deben ser respetados y tenidos en cuenta, no deberían esgrimirse
como razones para la separación y el paralelismo desde proyectos
organizativos diferentes.
El
propio Chávez ha convocado a todas las corrientes de izquierda, a todos
(as) los partidarios (as) del socialismo, a formar parte de lo nuevo y
ha dado garantías para el debate de ideas, para la vigencia de métodos
democráticos, para la escogencia de los dirigentes por la base, para la
superación de la democracia, para al eliminación de los cuotas
electorales y la dedocracia.
El
mismo ha declarado que la nueva organización deberá ser la más
democrática de la historia venezolana, comprometiéndose a trascender lo
exclusivamente electoral y a superar el clientelismo. Ha declarado
tambien que en ella no habrá espacio para “ningún ladrón corrupto, irresponsable o borracho” (aunque
en verdad pienso que lo del alcoholismo es otra cosa y creo tambien que
el “trago social” es parte respetable de nuestra alegre cultura)
Esto
independientemente de que se le haya podido “ir la mano” o “elevado la
voz”, en aquellos instantes agudos de la polémica, en los que ha lucido
duro y excluyente frente a ciertas disidencias dentro de campo de la
revolución.
Bueno, -y lo repito-
es que los grandes líderes no son infalible, no están vacunados contra
errores, insuficiencias y reacciones fuertes.
A
ellos –y más a los que como él son muy inteligentes y estudiosos- le
ayuda muchísimo el debate de altura, las propuestas consistentes, las
críticas constructivas y bien fundamentadas. Mientras que la
incondicionalidad de una parte de sus seguidores le hace daño, la
autocensura de los que tienen ideas propias limita su auto-superación y
la del proceso, y la inseguridad o los límites propios para debatir
estos temas a veces hacen preferir el camino aparte o la segregación
sectaria.
Pienso que hay algo de todo esto en el presente de la revolución venezolana.
13
Sumar aun más
Y
siento además que al proceso de creación y desarrollo del nuevo partido
socialista de ese país, faltan por incorporarse muchos cuadros valiosos
que por razones mas o menos válidas –aunque no fundamentales-, por
apego a lo propio, por identidades muy preciadas y difíciles de obviar,
por temores fundados (algunos de ellos anticipados por el propio
Chávez), por reservas morales , por el peso de ciertos dogmas o por
enfoques erróneos, no han decidido todavía trascender sus tradicionales
fronteras partidistas o su aislamiento y dar el salto al espacio de la
construcción colectiva de la nueva vanguardia.
Su ausencia no ayuda.
Su presencia sería estimable e importante.
Su peso cualitativo y su integridad moral contribuirían a las mejores decisiones. Igual su firmeza en el rumbo socialista.
Sin
resignar ninguna íntima convicción, ningún principio político o moral,
sería muy bueno que de la separación y el paralelismo actual se pase a
la convergencia, al ejercicio común de lo nuevo en formación.
Ojala desde todas partes y trincheras surjan esfuerzos en esa dirección.
Hay que distinguir entre las rosas y las espinas.
Ese desencuentro es entre las rosas rojas de diferentes tonos, pero rosas al fin y rojas siempre.
No hay que descalificar a nadie.
No hay que estigmatizar a nadie.
En el camino hacia la creación y desarrollo de la nueva vanguardia de esa revolución queda mucho por hacer ¡Muchísimo!
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