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Noviembre 19 de 2007
Perspectiva y Precedentes de la Novísima Lucha de Independencia en Puerto Rico
Por: Juan Mari Brás/Mayagüez Puerto Rico
El siglo XXI ha traído cambios significativos a la región caribeña y toda la América Nuestra. Sobre todo, es importante señalar las nuevas corrientes políticas que van re-definiendo un camino claro hacia la liberación y el desarrollo real para los pueblos de la región. Esos cambios presagian una función de gran relevancia mundial para los países insulares y continentales que componen o bordean la cuenca Caribeña.
Desde los albores del siglo XIX, el libertador Simón Bolívar anticipó la certera visión de que estas islas formarían parte de la independencia de América. Posteriormente, en el último tercio de ese mismo siglo los puertorriqueños Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, los cubanos José Martí y Antonio Maceo y los dominicanos Máximo Gómez y Gregorio Luperón fueron iniciadores de un movimiento antillanista en el que se integraron los más preclaros combatientes y divulgadores de las ideas que configuraban esa corriente histórica.
A contrapelo de imposiciones imperiales, viejas y nuevas, de potencias europeas y norteamericana que han querido someter a nuestros pueblos a su dominación colonial o neo-colonial, durante todo el siglo XX se fue desarrollando y consolidando, al calor de luchas y combates de diversas manifestaciones, con gran continuidad histórica, el empeño de dar concreción a los programas libertarios heredados de aquellos movimientos decimonónicos.
Esas iniciativas cobraron identidades nacionales en cada uno de estos países, tanto en lo sustantivo como en lo procesal, pero manteniendo siempre fuertes lazos de amistad y solidaridad mutua. Si vamos a buscar la cúspide representativa de estas luchas incesantes durante el siglo pasado, hay que destacar, como el primero entre iguales, al Comandante cubano Fidel Castro Ruz, al dirigente dominicano Manuel Tavares Justo y al patriota nacionalista puertorriqueño Don Pedro Albizu Campos. Dentro y fuera de las organizaciones originales de estos tres grandes personajes de nuestra Antillanía, se han destacado, en todos los órdenes de la creatividad y acción revolucionaria, muchos millares de mujeres y hombres: héroes, mártires, combatientes y luchadores, tanto por la liberación plena de nuestras patrias respectivas como por la solidaridad activa con los demás países caribeños y los de la América Latina en general. Todos estos forcejeos se dieron durante el período histórico-político al que los europeos llaman la modernidad.
En el caso de Puerto Rico, Estados Unidos se apropió, mediante invasión del país y la imposición de la cesión de nuestro archipiélago como botín de guerra para utilizarnos como bastión militar de sus fuerzas armadas, anclaje geo-político de su interés en convertir al Mar Caribe en el “Mare Nostrum” del nuevo imperio yanqui, en emulación del lugar que el imperio romano asignó al Mediterráneo en la antigüedad; y un modelo de explotación económica típicamente colonial. En el mismo se somete al pueblo puertorriqueño a un riguroso mercado cautivo, que propicia la exportación hacia nuestro país de los grandes excedentes de la producción agrícola e industrial norteamericana, con precios inflados incluso por el monopolio de la transportación marítima de Estados Unidos a Puerto Rico y viceversa. Nos sometieron también a un forzado esquema pseudo-industrial que le asigna al territorio colonial los trabajos originarios del proceso de industrialización con el pago de los salarios más bajos de cualquier lugar bajo el dominio directo yanqui.
Primero intentaron destruir las bases de nuestra nacionalidad, imponiendo el inglés como vehículo de enseñanza en las escuelas públicas y privadas, cambiando el sistema jurídico del país al antojo de sus intereses, eliminando los fueros autonómicos que el pueblo puertorriqueño había podido conquistar de España. Todo aquel esquema fracasó. El pueblo boricua resistió aquella brutal embestida y tuvieron que ceder en algunos reclamos de gobierno propio hechos por los boricuas. Fueron nuestros más preclaros luchadores, como Albizu Campos y su movimiento nacionalista, los verdaderos causantes de esas concesiones.
La dominación militar de nuestro país, convertido en un momento dado en sede de sus mayores operaciones caribeñas tanto de la Marina de Guerra como del Ejército y la Fuerza Aérea de Estados Unidos, así como la imposición del servicio militar obligatorio a los puertorriqueños en las fuerzas armadas norteamericanas, se ha ido desmantelando lentamente pero en progresión creciente, gracias a las luchas incesantes de los boricuas.
Ante la persecución sistemática del nacionalismo albizuista, la tortura, encarcelamiento, destierro y asesinato de Don Pedro, fue surgiendo un nuevo movimiento en varias organizaciones y frentes de acción y militancia que, en su conjunto, se conoce como “la nueva lucha de Independencia”. Se fortalecieron los organismos rectores de esa nueva lucha con la incorporación a los mismos de los mejores artistas, los científicos de mayor erudición y los combatientes de la más alta disposición al valor y al sacrificio, que había sido la clave de la prédica albizuista. Fue ese gran aluvión de pueblo el que logró detener la explotación de nuestros mayores recursos mineros en la zona central del país, donde dos compañías norteamericanas, con la anuencia de los gobernantes coloniales de turno, pretendieron despojarnos de grandes reservas de cobre, oro y otros metales que tiene toda la Cordillera Central que divide la Isla mayor del archipiélago entre norte y sur. La militancia patriótica del MPI (Movimiento Pro Independencia), la FUPI (Federación de Universitarios Pro Independencia), la Vanguardia Popular y otras organizaciones paró aquel saqueo, cuando ya estaba al borde de su realización.
La lucha de la juventud puertorriqueña contra el servicio militar obligatorio durante la guerra de agresión de Estados Unidos contra Viet Nam, hizo fracasar el mismo. Millares de jóvenes, no solo se negaron a ingresar a las fuerzas armadas yanquis, sino que, en un acto simbólico de sus desafíos, hicieron quemar miles de las tarjetas de inscripción en dicho servicio militar un 23 de septiembre, día del Grito de Lares, fecha en que se conmemora la proclamación de nuestra primera república en 1868.
En el 1970, en la histórica Plaza de la Revolución en Lares, Monseñor Antulio Parrilla Bonilla, Obispo de la iglesia Católica, que unía su vocación religiosa con la mayor fidelidad a la causa patriótica puertorriqueña, echaba en una pira las tarjetas que nos entregaban los jóvenes a quiénes ayudábamos al clérigo a ejercer su ministerio de desafío anticolonial. Los pliegos acusatorios del FBI, en los que se nos imputaba al obispo y a sus ayudantes delitos graves en Estados Unidos, fueron devueltos por la Casa Blanca al Secretario de Justicia de Wáshington, indicándose que no sería del mejor interés político del imperio acusar a un jerarca de la iglesia por sus actividades patrióticas en Puerto Rico. Posteriormente, al ventilarse las decenas de casos contra jóvenes que se negaban a responder al Servicio Militar Obligatorio ante el tribunal extraterritorial de Estados Unidos en San Juan de Puerto Rico, todos y cada uno de ellos fueron archivados.
En la Universidad de Puerto Rico, donde los estudiantes habían levantado múltiples protestas muy combativas contra la presencia del ROTC (Cuerpo de preparación de cadetes para las fuerzas armadas yanquis), el programa de adiestramiento y sus miembros tuvieron que abandonar el campus principal de la misma. Eventualmente, cerraron la base aérea de Punta Borinquen, en la ciudad de Aguadilla, que era la más importante de dicho instituto armado en todo el Caribe.
El uso militar de Puerto Rico quedó circunscrito a la acción de la Marina de Guerra, que mantenía en el oriente de nuestra Isla mayor la principal base naval de Estados Unidos en todo el Caribe y quizás en el Atlántico Norte en general, así como las islas-municipio de Vieques y Culebra, como sus campos de maniobras para su Marina y sus aliados en el Tratado del Atlántico Norte y en la Organización de Estados Americanos.
Con nuestras acciones de desafío, el movimiento patriótico junto a todo el pueblo de Culebra, logramos paralizar las maniobras navales en esa isla-municipio. Poco tiempo después, la Marina cerró sus operaciones en esa isla. Entonces dedicaron todos sus recursos a reforzar el uso de la isla-municipio de Vieques para sus operativos navales. Sus actividades en esa isla, poblada originalmente por más de treinta mil habitantes, con una historia de producción agrícola y ganadera muy importante para su economía y la de todo el país, obligaron a más de dos terceras partes de la población a emigrar por el colapso de su agricultura.
Vieques tiene una geografía esplendorosa que ofrece a quienes la visitan paisajes de insuperable belleza y playas de gran atractivo turístico. Esta actividad turística también sucumbe, pues la isla se convirtió, en el curso de los años, desde los cuarenta del siglo XX hasta los primeros años del siglo XXI, en un campo de tiro, ensayos bélicos y almacenamiento de armas---incluyendo armamento nuclear de la Marina de guerra norteamericana.
El gobierno yanqui llegó a proponer un plan de desalojo total de la población viequense. La resistencia, a diferentes niveles de acción y solidaridad, tanto por parte del movimiento patriótico puertorriqueño que, como siempre, fue el iniciador de los mayores desafíos, como por los pescadores viequenses, quienes con el refuerzo del patriotismo boricua pudieron generalizar una lucha por sacar a la Marina de Vieques, tuvo su punto culminante cuando un trabajador civil de la propia Marina yanqui, David Sanes, fue alcanzado por un misil disparado desde un avión de la Armada por uno de sus miembros, matándolo en el acto. Aquel crimen, que históricamente fue uno más de muchos ocurridos en el curso de los años, tuvo como resultado que el pueblo entero de Vieques, y pronto todo el pueblo puertorriqueño, cobrara conciencia de que teníamos que sacar la Marina de Vieques.
Le siguió una lucha diversa, que incluyó desde manifestaciones masivas y unitarias de todo el pueblo boricua hasta actos continuos de desafío para obstaculizar e impedir las maniobras navales del imperio en nuestra tierra. A esa lucha se unieron en múltiples participaciones solidarias, movimientos y agrupaciones, así como influyentes personalidades de Estados Unidos.
Más tarde, la solidaridad se amplió extraordinariamente, llevando el reclamo contra la Marina y a favor del pueblo de Vieques y el de todo Puerto Rico a prácticamente todos los foros internacionales en diferentes lugares del mundo. El Comité de Descolonización de Naciones Unidas, que ejerce jurisdicción sobre Puerto Rico por su relación colonial con Estados Unidos desde el año 1972, aprobó, como parte de sus resoluciones anuales tras el debate sobre la cuestión puertorriqueña, un reclamo reiterado de que la Marina de Estados Unidos cesara sus bombardeos de Vieques y devolviera al pueblo los terrenos ocupados por la Marina en esa isla-municipio, limpiándolo de sus basuras tóxicas.
En Cuba pudimos hablarle al pueblo en una de las Mesas Redondas de la televisión nacional, con la participación de un grupo de representantes de diversas entidades patrióticas y teniendo como invitado al Comandante en Jefe de la revolución Fidel Castro Ruz. Fidel estuvo tan impresionado con la lucha que estaba demostrando el pueblo puertorriqueño respecto a la causa de Vieques, que nos ofreció allí mismo, en un día miércoles, que le habláramos a los cubanos en una tribuna anti-imperialista frente a la llamada sección de interés de Estados Unidos en La Habana el sábado siguiente.
Así, pudimos participar en el acto masivo dedicado al propósito de ayudarnos a sacar la Marina de Guerra de Estados Unidos de Vieques. A ese momento, centenares de puertorriqueños habían estado presos por entrar en terrenos alegadamente propiedad de la Marina en Vieques para obstaculizar las maniobras navales que allí efectuaban los invasores yanquis. Finalmente, más de dos mil desobedientes civiles fuimos arrestados y/o encarcelados por el aparato represivo de Estados Unidos por nuestras acciones de desafío en Vieques.
Todo lo cual llevó al Sr. Bush, presidente de Estados Unidos, al contestar una pregunta de un periodista en una conferencia de prensa suya en Estocolmo, Suecia, a decir , como quien no quiere las cosas, “esos son unos amigos y vecinos nuestros, pero no nos quieren allí, así que tendremos que irnos.” Y se fueron de Vieques. Al poco tiempo cerraron también la gran base naval de Roosevelt Roads, en el pueblo de Ceiba, al oriente de Puerto Rico.
Todo lo anterior, en una cápsula, fue el resultado de lo que se conoció en la segunda mitad del siglo XX como “la nueva lucha de independencia”. Pero nuestro forcejeo libertario no ha terminado. Todavía Puerto Rico sigue siendo una colonia de Estados Unidos.
El siglo XXI ha iniciado una novísima fase de nuestra lucha, ya varias veces centenaria. Habrá que llamarla entonces la novísima lucha de independencia. Es otra etapa de la misma lucha. Participa, por tanto, del acervo acumulado por sus luchas anteriores. Al mismo tiempo, va marcando rutas y características propias.
Ya tenemos organizaciones y líderes representantes de diversas corrientes del pensamiento y la acción independentista. El más destacado de todos es Filiberto Ojeda Ríos, comandante del Ejército Popular Boricua, una pequeña pero heroica organización armada que ha hecho patente, desde el primer momento de su existencia, la voluntad de mantener la reserva del derecho de Puerto Rico a utilizar todas las formas de lucha, incluyendo la lucha armada, hasta alcanzar la independencia. Ojeda Ríos llevaba quince años en el clandestinaje y nunca fue arrestado, a pesar de sus frecuentes expresiones públicas desde diferentes lugares del país, incluyendo entrevistas televisadas y radiales con periodistas muy reconocidos de los diferentes medios.
Filiberto manifestó en uno de sus escritos su adhesión al propósito de unidad en la acción de todos los sectores patrióticos del país. En demostración de esa propuesta unitaria, expresó su respeto a los grupos y personas que realizaban acciones pacíficas, que demostraban ser exitosas, en la lucha por sacar a la Marina de Vieques.
Los gobernantes yanquis decidieron asesinar a Filiberto, por las mismas razones por las cuales asesinaron a don Pedro Albizu Campos mediante la tortura y la aplicación contra su cuerpo de sus ensayos bélicos mas execrables. Con un ejército de más de doscientos alguaciles y agentes del FBI y otras agencias de represión del gobierno de Estados Unidos, armados con armas largas y todo tipo de parafernalia de combate, rodearon la modesta casa en que se albergaba el patriota junto a su esposa en un operativo en que incluso desconocieron las menguadas áreas de jurisdicción semiautonómica del llamado “estado libre asociado de Puerto Rico”, que es el que supuestamente retiene el poder de policía y el de investigación de homicidios dentro de la jurisdicción, y lo asesinaron dejándolo desangrar por horas, tras un tiro que no le produjo la muerte instantánea. Los reclamos que ha hecho la Secretaría de Justicia del gobierno de Puerto Rico para que el FBI y las otras agencias “federales” involucradas en el caso le produzcan los documentos y pruebas que tienen en su poder sobre sus “investigaciones” han sido infructuosos, porque se han rechazado todas las peticiones y no han soltado un solo dato de los que retienen sobre su alegada investigación de los hechos.
Todo lo anterior niega la alegación de los desinformantes del gobierno de Wáshington, y los más incautos de los puertorriqueños, que alegan que Estados Unidos ya no tiene interés en retener a Puerto Rico bajo su dominación colonial. Se argumenta que el interés de Washington sobre Puerto Rico era por su uso militar durante la guerra fría y que, habiendo terminado esa “guerra fría”, ya a Estados Unidos no le conviene mantener a Puerto Rico como colonia, porque esta relación lo que produce son pérdidas presupuestarias a su gobierno. Eso es un disparate mayúsculo del que nadie debe hacerse eco. El interés de Wáshington por mantener a Puerto Rico bajo su dominación colonial es por razones geopolíticas y económicas.
Geopolíticamente, Puerto Rico es el único país caribeño donde convergen los dos archipiélagos del Mar Caribe, el de las Antillas Mayores, en el que nuestra Isla mayor es la más oriental del mismo, y el de las Antillas Menores, en el que las islas puertorriqueñas de Culebra y Vieques son las primeras de la cadena de islas que forman un arco que se extiende hasta la misma costa venezolana. Somos, por tanto, una de las principales entradas hacia América de todo tráfico entre Europa, África, el Este de América del Sur y la América Central y América del Norte. Y sobre todo, somos, si libres e independientes, un factor importante en la formación de una gran organización regional caribeña que nos permita, como lo predijeron Betances, Martí y Hostos, equilibrar las fuerzas del Nuevo Mundo y propiciar el bienestar y avance de todos nuestros pueblos.
Económicamente, Puerto Rico es el principal mercado de Estados Unidos en ambos archipiélagos caribeños. De un ingreso bruto anual de Ochenta Mil Millones de Dólares, Puerto rico exporta hacia Estados Unidos unos Treinta y Cuatro Mil Millones de Dólares, lo cual crea una situación de creciente dependencia y sub-desarrollo, que obliga a un sector de la población nacional a buscar su subsistencia en acciones y actividades delictivas. Todo lo cual nos condena a un deterioro social que hace peligrar grandemente la vida misma a una gran parte de nuestra gente. Los llamados “fondos federales” que suplementan nuestra economía no son, en su mayoría, tales ayudas como se argumenta por los defensores de la sumisión colonial. Son pagos por contratos y por servicios prestados. Por ejemplo, en el Seguro Social, los puertorriqueños cotizamos este año pasado al fondo del mismo en Estados Unidos, dos veces y medio lo que ellos devuelven en pensiones y pagos a los boricuas. La otra partida significativa de esos fondos es el pago a veteranos de las fuerzas armadas yanquis y a los ex-empleados “federales”, que representan obligaciones contractuales por servicios prestados y no ayudas del gobierno norteamericano al pueblo de Puerto Rico.
De todo cuanto hemos explicado, se puede deducir con gran certeza que ahora, mas que nunca antes, a Puerto Rico se le presenta la oportunidad de invocar su derecho inalienable a la libre determinación y la independencia, tal como lo reconoce el Derecho Internacional y, apoyado en éste, el Comité de Descolonización de Naciones Unidas. Por lo cuál estamos demandando---y ahora con el apoyo de todas las fuerzas políticas del país---que se ventile en toda su amplitud el caso de Puerto Rico ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Es urgente que así se haga, porque somos, sin lugar a dudas, el territorio colonial remanente de mayor importancia del imperio más poderoso de nuestra época.
Tales son los antecedentes y las perspectivas de lo que será, en adelante, la novísima lucha de independencia, sobre la cual seguiremos informando a nuestros amigo(a)s solidario(a)s en todo el mundo.
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