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Septiembre 17 de 2007

Palestina y Puerto Rico son aves del mismo nido
Por P. Luis Barrios/New York/EEUU

El presente ensayo elabora críticamente una discusión sobre la realidad análoga entre Palestina y Puerto Rico desde la perspectiva de pueblos colonizados, y el mismo intenta dejar al descubierto varias realidades que requieren de nuestra acción solidaria. Por un lado, se establece que el colonialismo es una declaración de guerra, o sea, un acto de violencia de estado en donde una nación extranjera somete a un pueblo a través de la opresión, explotación, desempoderamiento y exclusión. Por otro lado, que todo pueblo colonizado tiene el derecho divino de poder luchar por su autodeterminación utilizando cualquier vía necesaria hasta lograr su descolonización e independencia. Y por último, que el problema fundamental, cuando analizamos la realidad de resistencia Boricua y/o Palestina, debe de estar basado dentro del contexto de lo que es: (a) experimentar la deshonra de que les ocupen sus tierras; (b) la humillación a través del desplazamiento de sus hogares; (c) la denigración de tener que obedecer leyes que protegen los intereses de quienes les despojan; (d) la violación de sus derechos civiles y humanos; (e) la criminalización de sus luchas de resistencia; (f) el encarcelamiento de sus hijos/as; y (g) el asesinato de sus hijas/os. En otras palabras, debemos de tener presente en nuestras mentes la realidad del vivir diariamente el ultraje colonialista del terrorismo político, económico y cultural de una nación extranjera.

Elaborando el contexto de la realidad colonialista:

Comienzo por compartir una experiencia personal la cual surge de una conversación con mi madre. “¡Dios mío, pero en donde diablos yo estaba metida!” Estas fueron las palabras de asombro de mi querida madre cuando conversamos sobre la resistencia Boricua-Palestina que se dejó sentir en las calles de Puerto Rico, durante el mes de abril del 2002. Tal y como mi madre, un sinnúmero de personas, descubrieron por primera vez que tenemos en nuestro suelo patrio una comunidad Boricua-Palestina. “Mi hijo”, me siguió cuestionando mi madre, “¿y ésta gente también son Boricua?” Claro que sí, le contesté. Su respuesta, luego de un silencio, se rebelo con gran arranque diciéndome: “Pues entonces no podemos permitir que sigan jodiendo y matando al resto de nuestro pueblo que vive en Palestina”. En resumidas cuentas, mi madre descubrió lo que estamos gritando hace rato por todos lados: “Todos/as somos Palestinos/as”. De aquí el que proclame que Palestina y Puerto son dos aves del mismo nido, por lo tanto, en este preciso momento vuelan juntas tratando de conquistar su liberación.

Esta conversación me llevó a reflexionar sobre los paralelos de lucha que están desatando estos dos pueblos. Ambos fueron colonizados, se les removió de sus tierras, y se les re-localizó. De aquí el que en el presente tenemos la mitad de la población Boricua fuera del territorio de Puerto Rico, y quienes viven en Vieques, lo cual es territorio de Puerto Rico, actualmente viven en campamentos de refugiados/as rodeados/as por militares y constantemente son bombardeados/as por la Marina de Guerra de los Estados Unidos. O sea, ambos pueblos han experimentado El Calvario y los golpes de que una nación les invada, les ocupe sus territorios, les remuevan de sus hogares, les maten a su gente, le controlen el poder político, les destruyan su infraestructura económica, le rechacen su cultura y su idioma, y le encarcelen a quiénes resisten. También ambos pueblos viven las consecuencias del impacto del estado de guerra del colonialismo, el cual es una dimensión de terrorismo de estado.

Hay que sumarle a todo esto que ambos pueblos luchan por lograr su descolonización e independencia, y por desgracia, ambos pueblos son víctimas del mismo enemigo común, o sea, los Estados Unidos. Y esto lo digo sin temor a equivocarme, ya que hace mucho tiempo que descubrí que el gobierno de los Estados Unidos prácticamente creó en el 1948 el estado de Israel, con el propósito de poder tener presencia militar y política en las tierras que manan oro negro, entiéndase petróleo. De aquí el que me atreva a decir, sin temor a equivocarme, que este Israel que estamos presenciando, es lo que es solo porque el gobierno de los Estados Unidos le sigue militarizando, dolarizando, protegiendo, apoyando y tolerando en su genocidio contra el pueblo Palestino. Cabe la salvedad decir que quienes prácticamente llevan a cabo esta guerra racista, genocida y de exterminio contra el pueblo Palestino es un gobierno controlado por sectarios Israelitas-Judíos/as, quienes no representan a todo el pueblo de Israel.

Para validar este atropello, los medios de comunicación, tal y como hacen en el caso de Puerto Rico al parcializarse con el gobierno de Estados Unidos, le dan un apoyo incondicional al gobierno de Israel. De esta manera la campaña ignominiosa de desinformación, verdades a medias y el mercadear la imagen ideológica del “Israel víctima” y el “Palestina terrorista”, siguen siendo la propaganda del lavado de cerebro. Esta construcción socio-política de la comunicación, es manipuladora y la misma responde de una manera maravillosa a los intereses de la clase dominante aquí en los Estados Unidos, muy particularmente a los intereses de nuestro capitalismo neo-liberal y expansionista. Por un lado, los medios de comunicación no nos permiten ver que en los Estados Unidos el grupo “minoritario” mas poderoso, mas rico y mas influyente en su cabildeo político, son los/as Judíos/as. Esto es tan asombrante que tienen la capacidad de poner a bailar a nuestra Rama Legislatura y a la Rama Ejecutiva con la música que ellos/as quieran. En la práctica, todo este cabildeo ha demostrado claramente que la definición de la ideología sionista-estadounidense está basada en una segregación que se autentifica con el postulado de que pueden hacer lo que les venga en gana porque son el “pueblo escogido de Dios”.

A todo esto se le suma la ideología de la derecha religiosa del Cristo-centrismo quienes dentro de su fundamentalismo por un lado también creen que Israel es el pueblo escogido de Dios, y por otro lado, que Israel es el lugar en donde se llevará a cabo la segunda venida de Jesucristo. De aquí el que estas personas no solo promuevan el apoyo incondicional al gobierno de Israel, sino también su protección incondicional. Curiosamente esta ideología de pueblo escogido por Dios para proteger a otros pueblos es la racional detrás de lo que se conoce como la doctrina del buen vecino que Estados Unidos lleva a cabo con Puerto Rico y otros países Latinoamericanos. La censura es tan alarmante que la ideología que se está practicando con el sionismo-estadounidense, mas allá de controlar la mayoría de los medios de comunicación, tampoco permite, ni tolera, que se le hagan críticas al gobierno de Israel. Los paralelos son increíbles, toda crítica contra Israel se cataloga como “anti-semitista” y toda crítica contra los Estados Unidos como “anti-americana”, “anti-patriótica” o “personas mal agradecidas”. Así también se utiliza la misma metodología para construir una falsa realidad que justifique la ocupación que ha llevado a cabo el gobierno de los Estados Unidos en territorio Boricua desde el 25 de julio del 1898. Esto se acompaña con el término “seguridad nacional”, con el propósito de evitar, dicen quienes nos colonizan, un holocausto contra el pueblo estadounidense.

Violencia en sus dimensiones:

Ante esta realidad que viven estos dos pueblos hay que reconocer que frente a procesos inhumanos, como lo son la colonización, opresión, explotación, exclusión, genocidio y asimilación, tiene que existir una cultura de la conspiración la cual produzca una resistencia sagrada. Esta resistencia, a mi juicio, construye un pasaje que busca armonizar en lo personal y en lo colectivo. En lo personal la armonía es entre lo material y lo espiritual, y en lo colectivo, entre esa persona y el resto de la naturaleza. Esto se manifiesta en dos dimensiones, las cuales se complementan: la espiritualidad del josconiando y la espiritualidad del pitirreando. Estos conceptos los elaboro de la literatura Boricua, uno del cuento El Josco de Don Abelardo Díaz Alfaro y el otro del cuento El Pitirre, de Don Juan Antonio Corretjer.

En la resistencia espiritual del Josco, josconiando con mi muerte yo no le permito a mi enemigo que se apodere de lo más sacrosanto que tengo: mi vida. Por lo tanto se recurre al suicidio como una medida de resistencia que le diga al enemigo; muero libre. En lo físico la resistencia es literal, me quito la vida para no darle ese honor a mi enemigo. En lo espiritual el suicidio es mucho mas metafórico, y es la realidad que viven a aquellos/as hermanas/os que han pasado a ser nuestros/as prisioneros/as políticos/as y/o de guerra, y también quienes viven en la resistencia de la clandestinidad.

Por otro lado, también está la resistencia espiritual del Pitirre, en la cual pitirreando con mi vida yo mato al enemigo. Esta medida radical de, “los/as mártires de la patria”, dentro del contexto de la desesperación sigue siendo otra alternativa de lucha para algunos grupos Palestinos. Esta es su manera de eliminar a su enemigo, tal y como el Pitirre lo hace con el Guaraguo. Por lo tanto, que no se nos olvide que Palestina y Puerto Rico son aves del mismo nido, elaborando su resistencia y volando por la paz con justicia.

¿Qué sucede entonces cuando se organiza, por parte de Palestina y Puerto Rico, una resistencia contra el colonialismo? El análisis se eleva a dos niveles de propaganda. Por un lado cuando los grupos oprimidos, explotados y colonizados ejercen la lucha de resistencia la misma tiende a ser catalogada como: terrorista, violenta, fanática, anormal, paranoica, salvaje, extremista, inhumana, sectaria, etc. Por otro lado cuando los opresores, describen y actúan contra esa lucha de resistencia, tienden a presentar la opresión dentro del contexto de la victimización. Esta victimización justifica todo ataque contra la lucha de resistencia, como “defensa propia”, “protección nacional” y/o “seguridad nacional”. De esta manera se justifica la violación de derechos humanos y civiles, la encarcelación o los asesinatos. Para muestra tres botones. Analice detenidamente la manera en que se criminalizó la lucha de resistencia llevada a cabo por el Partido Nacionalista de Puerto Rico, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), y se sigue criminalizando al Ejercito Popular Boricua (Los/as Macheteros/as), por solo mencionar tres de esas resistencias Boricuas.

Ante esta realidad se presenta la necesidad de entender cualquier acción de “violencia revolucionaria” de quienes resisten dentro de su contexto histórico, político y socio-económico. Primero, se hace necesario el poder entender esa violencia como un “mal necesario”, siempre y cuando deje como resultado el que cese la opresión, explotación y colonización. Segundo, a mi juicio, esta “violencia revolucionaria” debe de estar validada por los siguientes postulados espirituales: (a) fueron agotados los recursos de la negociación política; (b) las acciones revolucionarias no están dirigidas a la población civil; (c) nos motive el amor hacia la liberación y la construcción de un nuevo orden social, y no el odio hacia quienes ejercen la opresión, explotación y/o colonización. Me explico.

Soy solidario de que muchos conflictos pueden resolverse con las negociaciones políticas, por lo tanto, no creó en que “los fines justifican los medios”, sino más bien, que algunos fines justifican algunos medios. Si no es posible la negociación entonces mantengo el derecho divino del uso de la “violencia revolucionaria”, la cual dentro del contexto de opresión, explotación y colonización, pasa a ser defensa propia, como una medida de resistencia. De aquí la necesidad de poder entender la realidad social como el posible problema y la violencia como un posible síntoma.

Esta “violencia revolucionaria” de ninguna manera debe de estar dirigida hacia poblaciones civiles. Nada justifica este tipo de acciones contra-revolucionarias, ni aun la realidad de que el enemigo las utiliza. Por eso es que de la misma manera que condeno las acciones terroristas del gobierno de Israel contra el pueblo de Palestina, también condeno las acciones terroristas de grupos Palestinos como Hamas, contra el pueblo Israelita. De la misma manera que condeno el terrorismo del gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo de Vieques, también condené cuando la FALN, un 24 de enero del 1975, puso una bomba en el Fraunces Tavern cerca de Wall Street, como represalia por una bomba que la derecha puso en un restaurante en Mayagüez, Puerto Rico, el 11 de enero del 1975, en donde murieron dos jóvenes independentistas: Luis Chavonnier y Eddie Ramos, y quedaron heridas mas de diez personas.

Cuando la venganza y el odio pasan a ser la motivación de nuestras luchas hemos perdido el objetivo de la justicia. El amor hacia la liberación debe de ser nuestra inspiración. Ya nos lo dijo el compañero y hermano Jesús: “Amar a Dios sobre todas las cosas, y a tu prójimo/a como a ti mismo/a”, y también el compañero y hermano Ernesto “Che” Guevara: “todo/a revolucionario/a tiene que ser inspirado/a por el amor”.

Sembrando la paz:

Ahora bien, dentro de toda esta realidad Boricua-Palestina me gustaría dejar claro que soy fiel creyente que se hace necesario el no solo reaccionar a lo que ocurre, sino mas bien desarrollar alternativas que eviten, o por lo menos minimicen, las acciones destructivas por parte de grupos que ejercen dominio y opresión. Una manera de poder hacer esta realidad palpable puede ser a través de la creación de proyectos de paz comunitarios que promuevan los verdaderos valores de las relaciones humanas equitativas que dejen como resultado la sobrevivencia colectiva de los pueblos. En la construcción de proyectos de paz nuestra espiritualidad debe de ser la fuente de inspiración revolucionaria. Esta espiritualidad del josconiando o del pitirreando, es por lo tanto una experiencia de empoderamiento solidario que busca por un lado el despertar la conciencia critica y de clase, para que podamos entender nuestras realidades sociales, políticas, económicas, históricas, y religiosas, sin tener que recurrir a respuestas mágicas que nos enajenan de nuestras responsabilidades. Por otro lado, también nos hace partícipe de un poder que nos debe llevar a la organización estratégica que deje como resultado la organización socio-política para lograr la transformación de circunstancias opresoras en experiencias de liberación. La misma, a mi juicio, debe por lo menos incluir los siguientes postulados:

Comunión espiritual: Cuando pedimos comunión, pedimos respeto. Por tanto nuestra espiritualidad nos debe llevar a respetar la creación de Dios, teniendo todo en común. En otras palabras, el respeto manifestado hacia mí mismo, y al resto de los/as seres humanos me motiva a que sea partícipe en identificar y suplir aquellas necesidades que nuestros sistemas sociales y políticos han creado en nuestros/as hermanas y hermanos.

Armonía espiritual: Esto no quiere decir que estamos obligados/as a sacrificar nuestras diversidades con la intención de crear una unidad en la uniformidad, sino mas bien a celebrar las diversidades. Conocer a Dios es entender y aceptar que no hay nada más ajeno a la divinidad que la uniformidad. Nuestra Diosa es amante de la diversidad y por eso en su molde de la creación del universo ejercitó una diversidad imposible de imaginar o comprender por el/la ser humano.

Espiritualidad sociohistórica: Nuestra conceptualización de lo sociohistórico debe traer a la luz otros elementos de análisis como lo son las llamadas “estructuras” de nuestra sociedad. En otras palabras, debemos analizar cómo se identifican las instituciones con las ideologías, en las escuelas, el gobierno, las iglesias, la familia, los sindicatos laborales, y el sistema judicial, por mencionar algunas. También debemos ver las divisiones sociales que se crean basadas en lo económico, religioso, racial, étnico, sexual, y edad, por mencionar algunas de ellas. No podemos negar que estas estructuras y divisiones, están presentes, nos gusten o no nos gusten, aunque muchas veces en nuestra realidad sociohistórica la opresión tiende a ser sofisticada dando la impresión errónea de que no existe. Las desigualdades creadas por nuestras estructuras y divisiones sociales han desarrollado relaciones enfermizas entre los/as seres humanos.

Espiritualidad de la llanura: Quienes están en la llanura buscan una manera de sobrevivir con sus luchas contra las injusticias sociales, económicas, políticas, y religiosas. La espiritualidad de la altura es una práctica de quienes escapan de las realidades del pueblo, y son simbolizados en el Evangelio de Lucas (9:28-36) cuando Pedro fue tentado luego del milagro de la transfiguración de Jesús, y le sugirió a Jesús que se quedaran en aquel lugar, en aquella altura, lo cual era equivalente a decirle que se sentía muy bien alejado del pueblo y de sus luchas. Jesús emprendió su viaje hacia la llanura, comprendiendo Pedro más adelante que su deber era estar donde el pueblo estaba siendo oprimido.

Espiritualidad que escucha y siente de cerca el dolor del pueblo: Estar en la llanura es poder practicar una espiritualidad que escucha y siente de cerca el dolor del pueblo. Esta realidad nos ayuda a escuchar sobre todo las voces, lamentos, llantos, y gritos de quienes nuestro sistema capitalista neoliberal hace invisibles y por tanto inexistentes, implementando prácticas injustas como lo es la exclusión. El propósito de escuchar las voces de quienes están siendo excluidos/as es poder entrar en una solidaridad a través de la cual les podamos ayudar a que resistan, se organicen, luchen y se liberen. En ningún momento debemos de pedirle al pueblo que se someta o se rinda.

Espiritualidad con espíritu de martirio: Esta realidad es inevitable una vez emprendemos una lucha en favor de los/las oprimidos/as, ya que usted, directa o indirectamente, está cuestionando, retando, y/o resistiendo las estructuras e instituciones que la clase dominante usa para implementar sus procesos de opresión y explotación. Por lo tanto no esperemos que esta gente nos haga una fiesta o nos condecore por el trabajo. Una vez retamos a la clase dominante, estos impulsados por la ambición de mantener procesos opresivos que les generan beneficios económicos nos harán sentir su poder y su odio.

Espiritualidad con conciencia crítica y de clase: También nuestra espiritualidad debe tener la capacidad de inspirarnos al desarrollo de la conciencia crítica, y la creación de movimientos sociales, dos pre-requisitos fundamentales para la acción colectiva que busca cambios sociales. Esto es de gran importancia, sobre todo dentro de realidades socioeconómicas que vivimos en donde la mayoría de las personas, tanto víctimas como victimarios/as tienden a identificar sus conductas como naturales o inevitables.

Espiritualidad anticapitalista: Otro postulado lo es el reconocer que nuestra espiritualidad debe ser anticapitalista. Todos/as hemos vivido bajo sistemas capitalistas y hemos vivido en carne propia la tremenda capacidad que tiene este sistema para destruir. Por otro lado, nuestra espiritualidad debe evitar la seducción de sólo describir la pobreza, moviéndonos hacia las raíces de identificar las causas de la opresión, explotación, exclusión y alineación. E
Espiritualidad subversiva: La espiritualidad liberadora, contraria a la espiritualidad opresora, es una espiritualidad subversiva porque tiene el compromiso moral de reemplazar cualquier proceso de opresión y explotación contra la creación de Dios. Es subversiva porque tiene la responsabilidad de imitar la vida de Jesús, quien nació, vivió, murió, y resucitó subversivamente, para recordarle al Imperio de Roma que la lucha seguía. Por tanto, esta espiritualidad liberadora que es subversiva tiene que salir a destruir el supuesto orden que la clase dominante ha creado para llevar a cabo sus procesos de explotación y opresión.

Espiritualidad utópica: Nuestra espiritualidad es utópica en el sentido de que nos obliga a ejercitar nuestra fe en la búsqueda de una esperanza, en el presente, en contra de algo que existe. Por lo tanto nuestra utopía no es un sueño o quimera, sino algo realizable. Es como dice el libro de Hebreos (11:1): “La fe es la manera de tener lo que esperamos, el medio para conocer lo que no vemos”. Esto quiere decir que nuestra espiritualidad liberadora necesita tener visión de futuro, ya que un pueblo sin visión va a perecer.

Sigamos creyendo que podemos tener un mundo nuevo, con mujeres y hombres diferentes, en donde un verdadero orden social, político y económico refleje el respeto, la aceptación y la celebración de las diversidades de los/as seres humanos, y sobre todo, la repartición de la creación de Dios de una manera equitativa. Palestina y Puerto Rico necesitan de nuestra acción solidaria. Sigamos conspirando con la paz con justicia.

Padre Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York