Noviembre 28 de 2007
La “solución humanitaria” de Uribe, ¿otro rescate a sangre y fuego?
Por: Jaime Rivera Gascón
ABP México
Cualquier lector consuetudinario de noticias colombianas podría haber predicho este desenlace. ¿Qué reacción podía esperarse de un jefe paramilitar como Álvaro Uribe Vélez ante ese eje de la dignidad latinoamericana que figuró durante algunas semanas en el escenario mundial?
El presidente Hugo Chávez, la valiente senadora Piedad Córdoba y la delegación de las FARC que, encabezada por el comandante Iván Márquez, llegó a Caracas hace dos semanas, figuraron en improvisado cónclave de los pueblos grancolombianos que vuelven a encontrarse como en tiempos de Bolívar.
Uribe, siempre servil a los Estados Unidos, sintió que se le venía una avalancha encima: la avalancha de los pueblos del mundo, y particularmente del colombiano que exige la concreción del Intercambio Humanitario de prisioneros ya, sin más demora ni demagogia.
Por si fuera poco, a la avalancha colombiana se le sumó la venezolana que asumió como propia la demanda del Intercambio. ¿Qué puede hacer un enano político de poca monta como Uribe ante esto? Lo mismo de siempre: mandar a matar.
Tan indignante como previsible, la torpeza que el gobierno de Uribe trasluce se hace más venenosa cada vez que aparece ante las cámaras de su televisora y el periódico de su vicepresidente diciendo que siempre no, que ya no quiere entenderse con “los terroristas” cuando apenas unos días antes prometió hacer todo para lograr el Intercambio Humanitario.
Todo tiene un límite, y el uribismo está jugando temerariamente al filo de la navaja. Los medios informativos y propagandísticos no son suficientes para aplacar los ánimos. Los trabajadísimos titulares de El Tiempo, Semana y Caracol, apenas alcanzan para disimular los traspiés de Uribe y su Corte Paramilitar, no para devolver a los retenidos por las FARC a sus familias.
Los Términos del Intercambio Humanitario están muy claros, la guerrilla se ha mantenido en la misma posición y así ha mostrado la seriedad y el respeto que se merecen los prisioneros de parte y parte, así como sus familiares.
Eso que los analistas colombianos llaman --haciendo su mejor cara de interesantes ante las cámaras— “los inamovibles de las FARC” no son más que muestras de congruencia que hacen parecer más gobierno a las FARC que al gobierno.
Dicen los cortesanos de Uribe que las FARC tienen posiciones “inamovibles” y que no se muestran dispuestas al diálogo. Qué curioso, con piedad Córdoba y el presidente Chávez como mediadores el diálogo en torno al Intercambio Humanitario avanzó hasta el punto de que Uribe se vio obligado a tirar las fichas del tablero.
Y, como si no fuera suficiente burla hacia los familiares de los prisioneros y retenidos, el Establecimiento colombiano anuncia que se hará cargo, a través de su Comisionado para la Paz (sic), Luís Camilo Restrepo, de todo lo necesario para alcanzar una “solución humanitaria”.
¿Será esta “solución” gubernamental tan “humanitaria” como la que precipitó la muerte de los once diputados en octubre pasado? ¿No es una infamia y una falta de respeto a los prisioneros y sus familias, llamar “solución humanitaria” al nuevo intento de rescate militar que están preparando los altos mandos castrenses colombianos y sus asesores gringos desde el Palacio de Nariño?
En fin, qué más puede esperarse de un gobierno que alega no conocer de qué conflicto armado se le habla cuando se le pregunta sobre la guerra que vive Colombia.
Ese aparente autismo es perversión pura. La perversión de la sanguinaria oligarquía paramilitar colombiana; la perversión del expansionismo estadounidense, nervioso ante el avance de la ola bolivariana en América Latina y el Caribe.
Que no venga a decirnos Uribe que paró las gestiones de Chávez y Córdoba porque temió por la soberanía de Colombia. ¡Eso sí es descararse!
¿Por qué no recomienda mejor a su vicepresidente, el tristemente célebre por paramilitar Francisco Santos, que cierre la boca cuando viaja a México y recomienda al gobierno de ese país “replantear el paradigma de soberanía” para eficientar el trabajo de guardacostas gringos que ambos gobiernos han asumido.
Pero, en fin, qué podemos esperar del mismo gobierno que se atreve a decir, sin el mínimo rubor que denote un sesgo de vergüenza siquiera, que combatiendo a las FARC combate también… ¡el cambio climático!
Ese gobierno es la representación política del paramilitarismo fascista que carga en su cuenta con cientos de miles de colombianos asesinados. No debe sorprendernos, entonces, su alto grado de estupidez y prepotencia.
Pero afortunadamente ahí siguen Chávez y Córdoba, como certeza de que el Intercambio Humanitario es posible. La gran simpatía que acarrea esta demanda del pueblo colombiano en el mundo hace creer que no todo está perdido.
Ese Intercambio se llevará a cabo tarde o temprano, con o sin el enorme estorbo del gobierno paramilitar. Muy probablemente sin. |