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  Diciembre 8 de 2007

Reforma Constitucional: balance electoral
Por: Luismi Uharte Pozas/Askapena

A la 1:15 de la madrugada del lunes 3 de diciembre, el Consejo Nacional Electoral (CNE) daba a conocer los resultados del referéndum sobre la reforma constitucional propuesta por el presidente Hugo Chávez y complementada con los aportes de la ciudadanía y de la Asamblea Nacional: 50,7% en contra de la reforma, frente al 49,3% a favor de esta. La diferencia era mínima, de un escaso 1,4 puntos, 4.504.354 votos contra la reforma, y 4.379.392 sufragios favorables, es decir, menos de 125.000 papeletas de diferencia entre una y otra opción.

Una lectura rápida y apresurada de los resultados, podría llevarnos a pensar que estamos ante la primera “victoria” de la derecha venezolana, tras nueve años de imbatibilidad del movimiento bolivariano liderado por Chávez. Incluso, la euforia de algunos personeros de la burguesía criolla, podría hacernos creer que este es el principio del fin de la Revolución Bolivariana. Sin embargo, un análisis más sosegado y profundo, nos muestra un escenario más complejo y sobre todo, bastante distante de esta primera foto en caliente.

Es innegable que matemáticamente, la opción del NO obtuvo una victoria, estrecha, pero en definitiva victoria. Esto, en primer término, refleja que 4 millones y medio de venezolanos y venezolanas, votaron en contra de un proyecto de profundización de la democracia, es decir, de una propuesta de cambio que incluía, entre sus artículos más importantes, el fin del monopolio, del latifundio, la ampliación de la propiedad social y pública, la reducción de la jornada laboral a 36 horas semanales, la extensión de la Seguridad Social a los trabajadores de la economía informal, la igualdad del voto de los estudiantes universitarios respecto al profesorado, la implantación de una nueva doctrina militar bolivariana y antiimperialista, y sin duda lo más importante, la configuración del poder popular (obrero, campesino, estudiantil, etc.). Todos ellos votaron, por consiguiente, a favor de la perpetuación de los monopolios económicos, del latifundio, de la desigualdad del voto en las Universidades, etc., aunque un porcentaje importante de estos no sea todavía consciente de lo que realmente estaba apoyando. La explicación de esto hay que buscarla, como siempre, en la labor de desinformación de los mass media, principalmente la cadena televisiva Globovisión, actual estandarte de los intereses de la oligarquía venezolana.

De cualquier manera, en primer lugar hay que señalar que en realidad no se produjo una “victoria” de la derecha, sino más bien una “derrota” coyuntural del movimiento bolivariano. Y esto lo decimos porque no es la misma cuestión. No se puede hablar de victoria del bloque político de la burguesía, porque comparativamente con el caudal de votos que consiguieron hace un año en las elecciones presidenciales, apenas aumentaron en 200.000 sufragios, pasando de los 4.300.000 a los 4 millones y medio. El aumento porcentual, por tanto, es ínfimo, y la lectura correcta que debemos realizar aquí, es que la derecha consiguió movilizar a todo su espectro político potencial. Nos encontramos, por consiguiente, ante una “derrota” del gobierno bolivariano, por la simple evidencia que más de 3 millones de sus votantes se quedaron en casa, engrosando el bloque del abstencionismo, que en esta ocasión supero el 44% del padrón electoral. De los 7.300.000 sufragios logrados en las presidenciales de hace un año, el bolivarianismo reducía su apoyo a 4.3000.000 votos, una auténtica sangría que supone que el 41% de tus seguidores te castigue con la abstención.

Desentrañar las razones que han llevado a que una parte sustancial de las bases del chavismo hayan castigado al gobierno bolivariano, exigiría una investigación sociológica profunda. Pero lo que sí podemos es adelantar  cuales han sido las dos variables principales que han influido en esta bajada espectacular de apoyo electoral.

Una de las variables está directamente relacionada con la propuesta de reforma constitucional, que tenía como objetivo establecer el marco jurídico que viabilizaría la transición hacia el socialismo. La manipulación sistemática ejercida por los medios de comunicación privados, propiedad de la clase burguesa nacional, ha tenido un efecto innegable, a pesar de que estaba sustentada en la combinación de la mentira y el miedo. Mentiras como atemorizar a la ciudadanía con que el gobierno confiscaría sus propiedades personales como la vivienda o el carro, cuando en realidad la reforma protege la propiedad personal de todos los ciudadanos. Y delirios como que el Estado quitaría la patria potestad de los hijos a los padres, asunto que no aparece ni por asomo en todo el proyecto de reforma. Esta campaña de intoxicación logró su efecto, ya que consiguió activar a gran parte de los estratos medios, que siempre han sido la base electoral del proyecto político de la burguesía. A su vez, generó cierta confusión en parte de los sectores populares, que si bien no se movilizaron a favor del no, tampoco acudieron a votar por un proyecto de reforma que objetivamente les iba a proporcionar beneficios sustantivos.

La variable fundamental que nos ayuda a comprender la pasividad de estos tres millones de personas que optaron por la abstención, tiene raíces que van más allá de la reforma constitucional y de la propuesta de Socialismo del Siglo XXI. Existe un malestar creciente al interior de los sectores populares, por el mal funcionamiento de muchos programas sociales y de gran parte de las instituciones públicas. La impunidad ante la corrupción del propio bolivarianismo, la ineficiencia y la desidia en el manejo de diversos programas, el goteo de recursos hacia las comunidades mientras algunos dirigentes chavistas se han convertido en los nuevos ricos, en la “nueva burguesía bolivariana”, la ineptitud y oportunismo de un buen número de altos funcionarios, alcaldes, gobernadores, etc., están lesionando gravemente el proceso revolucionario. Los innegables e innumerables avances logrados en estos 9 años de gobierno bolivariano se han convertido en un símbolo para América Latina y el resto del mundo, pero los graves problemas citados pueden poner en peligro el futuro de la Revolución Bolivariana. Los resultados del 2 de diciembre han sido un toque de alerta, que deben obligar al movimiento bolivariano no sólo a realizar una reflexión profunda y una autocrítica fuerte, sino también a tomar las medidas necesarias para enfrentar estos nudos gordianos. A nadie se le puede olvidar que gran parte de los procesos revolucionarios de la historia mundial fracasaron por errores internos, no por una victoria del enemigo. Las alarmas ya han saltado en toda Venezuela, y desde este lunes los debates y las críticas se han extendido como la pólvora por todo el territorio nacional.

De todas formas, esta coyuntura no se ha traducido en un deterioro del liderazgo de Chávez, que sigue teniendo, a pesar de todo, un alto porcentaje de apoyo, según todas las encuestas. A su vez, la derecha no tiene todavía una fortaleza suficiente como para doblegar a la alternativa bolivariana, por lo menos a corto plazo. Posiblemente las palabras de Chávez, tras conocerse los resultados, nos muestran una fotografía bastante cercana a la realidad actual: “sepan administrar su victoria, no se desvoquen, porque la victoria fue pírrica... Estamos hechos para una batalla larga... De hecho, me vuelve a la mente la misma frase que me salió del alma hace 15 años, aquel 4 de febrero de 1992, cuando nos levantamos en rebelión militar, y pronuncie aquel por ahora. Porque olvídense, por ahora no pudimos, pero con esta reforma vamos para adelante”