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Septiembre 24 de 2007

El día después
Néstor Francia/Venezuela

Todo el mundo sabe en Venezuela cuál será el resultado del referendo decembrino: victoria clara del “Sí” sobre el “No”, probablemente con resultados de votos válidos parecidos a la elección presidencial de 2006, alrededor de 62% sobre 38% (nada ha ocurrido tan importante en menos de un año que haga pensar que ha habido cambios drásticos en las preferencias políticas de la gente)

En materia electoral, el reto de los revolucionarios es mantener al menos ese nivel de contundencia en la victoria, y si es posible superarlo, y además evitar la alta abstención que ha marcado todas las elecciones donde no está en peligro la presidencia de Hugo Chávez.

Lo primero es casi mandado hecho, aunque no hay que dormirse en los laureles, lo segundo dependerá de la calidad y cantidad de nuestra presencia en las calles, y de la inteligencia, seriedad y profundidad de nuestro mensaje al sector del pueblo venezolano menos consciente (entre quienes apoyan al gobierno), esos que votan por Chávez por los beneficios concretos que han percibido o por la relación afectiva que mantienen con el líder o aun por la mala espina que causan los insoportables de la oposición. Que el pueblo vaya masivamente a votar no puede ser logrado con el discurso ramplón de ciertos sectores del chavismo que sólo se hablan a sí mismos, en una acción políticamente masturbatoria, en la cual el chavismo radical se autocomplace oyendo sólo lo que se quiere oír. Es necesario que cada uno de nosotros se convierta en un vocero de alto calibre, capaz de cumplir el papel de vanguardia que tenemos que asumir los que somos líderes no porque queramos sino porque la providencia y el pueblo nos otorgó ese papel: los dirigentes comunitarios, los funcionarios del gobierno electos o no, los promotores del PSUV, los líderes de las misiones, los comunicadores sociales, en fin todos los que tenemos los medios y las vías para que nuestra voz pueda multiplicarse. En ese rol, no basta con echar chispas contra la oposición y sus voceros, pues no podemos conformarnos con que el voto popular sea producto del resentimiento o de las ventajas que nos ha dado la revolución. El voto por Chávez (y el del referendo es también un voto por Chávez) debe convertirse en un voto socialista político y consciente. Es decir, tenemos que lograr que la mayoría del pueblo vote con toda claridad por una estrategia a largo plazo, porque sólo así se garantiza que las metas de esa estrategia sean logradas en el muy largo y difícil camino que nos espera hasta que las alcancemos.

El fortalecimiento de la conciencia política del pueblo será más importante aun el día después del referendo. Ganar esas elecciones es relativamente fácil, pues no sólo tenemos la razón y el apoyo mayoritario de los venezolanos, sino además poseemos en estos momentos la iniciativa política y de calle, ante una oposición que aparece como paralizada y desconcertada (aunque parece ser que están guardando unos cuantos cartuchos para octubre, cuando se incorpore la masa estudiantil de clase media). Pero mucho más arduo y prolongado será hacer realidad las bondades de la Reforma, pues los cambios sociales no se decretan ni dependen principalmente de las leyes, sino que sólo pueden cocinarse en el complejo caldero de las luchas sociales y en el fuego que impulsan las reales contradicciones que actúan en la realidad. Ahí no bastará lo que hemos venido haciendo hasta ahora en el terreno del trabajo político e ideológico que tiende a la profundización del estado de conciencia popular. Necesitaremos verdaderos maestros, no sólo voceros.

Requeriremos algo más que el discurso confrontador, también necesario pero en modo alguno suficiente: precisaremos la presencia cotidiana de la palabra de índole política profunda, la educación, la lectura, el conocimiento, la orientación de las distintas vanguardias: la política, la social, la cultural. Recordemos la palabra de Simón Bolívar: “un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción” y “un ser sin estudio es un ser incompleto”.