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Terrorismo de Estado en Colombia VI.
Uribe: Fascismo, Mafia y Camorra.
Por ABP Colombia.
La evidente pretensión del imperio yanqui de hacerse a un labensraum (espacio vital), pero -a diferencia de la Alemania fascista de la época hitleriana-, sin tener siquiera contra sí el antecedente de un Tratado de Versalles con el cual levantar la queja que le permita justificar su expansionismo, no es cosa nueva para los compatriotas de la América Nuestra que ya tanto han sufrido las agresiones colonialistas de Mr. Sam.
Otras, múltiples y tantas, son las justificaciones del presente, que bien entre ellas puede estar cualquier cuento de camino. Hoy, la geopolítica yanquimperialista está concebida en apoyo de aquella fatídica máxima monroista que reza que América es para los americanos; es decir, para los halcones de washington. En esencia se trata del mismo panamericanismo contra el que tanto advirtió y alcanzó a luchar el Libertador.
En la manera desbocada de su consumismo depredador, la conquista del “espacio vital”, para los gobernantes gringos, implica arrasar con la posibilidad de que otros pueblos puedan tener en el planeta un lugar donde coexistir con dignidad. Su comportamiento ecocida e inhumano podría, a no muy largo plazo acabar, incluso, con sus propias posibilidades de sobre vivencia.
Es inadmisible por el peligro que representa para la existencia del orbe, la irracionalidad del modo de explotación económica y de la política interna e internacional de los Estados Unidos, cuyo guerrerismo y voracidad no observa consideraciones de respeto hacia los derechos de los pueblos del mundo ni hacia los derechos de los más desfavorecidos de su propio pueblo. El sentido imperialista de su globalización neoliberal, posee peores características que el del pangermanismo hitleriano. Y esa condición le es propia desde su génesis como Estado independiente.
Precisamente, por lo aleve de la conducta de los gobernantes norteños, quienes nunca mostraron interés por coadyuvar a la independencia de la América meridional, sino que por el contrario, opusieron todo tipo de artimañas allanando el camino para al final tomarnos como botín, el humanismo liberador de Bolívar se opuso siempre al Monroísmo panamericanista. Nada hay más antitético al Panamericanismo gringo que el Bolivarismo emancipador.
Hace bastante tiempo que el “espacio vital” de los halcones no está circunscrito solamente a la América Nuestra, a la que siempre ha considerado su patio trasero, sino al ámbito mundial. La lógica de sus ambiciones, intrínsecamente militarista, no puede abstraerse, además, de la ansiedad belicista contra las riquezas de los pueblos de todas las latitudes. Y, como en el pensamiento del fascismo, el socialdarwinismo es el fundamento de la política interna y externa del imperio yanqui, opuesto al pacifismo, al internacionalismo y a la democracia. Por ende, entonces, las “democracias” que auspicia, este fascismo del imperialismo norteamericano, obviamente, tienen la misma o peor caracterización. Cuando hablamos, por ejemplo, de gobernantes colombianos, tal como para el caso de su amo imperial, bien podríamos decir que perfectamente acoplan los mandatos de “¡Creer! ¡Obedecer! ¡Combatir!” consignados en Fascisti, el libro aquel italianoque respondía contra los ideales avanzados de “libertad, igualdad, fraternidad”.
Con unanimismo soberbio y alucinado, el imperio y sus cipayos realzan, entonces, el autoritarismo y la expansión militar, lo cual les es común también al nazismo y al falangismo.
Y Como en la idea principal de la obra de Maquiavelo, en el escenario imaginado por Uribe Vélez, es el príncipe quien, con su actuación, ha de modelar la esencia de su principado. Para el caso, el desempeño es el del déspota, el de gobernante absoluto, que amañando la legalidad misma burguesa ha logrado su reelección saltando, con el concurso de su pléyade parlamentaria, y con la pusilanimidad de las Cortes, toda restricción y obstáculo constitucional: igual le ha sido fácil imponer la reelección presidencial que era algo que fue negado por los constituyentes del 91, como le ha sido sencillo escamotear la prohibición de extraditar a colombianos por motivaciones políticas, tal como lo hizo con los insurgentes Simón Trinidad y Sonia, a partir de “pruebas” inventadas.
Está claro, entonces, que el absolutismo es la constante en el comportamiento de Álvaro Uribe. A cada instante su expresión parece gritar “L'Etat, c'est moi” (“El Estado soy yo”) resumiendo su mentalidad de reyezuelo infame que ha hecho utilización execrable de la violencia para afianzar el poder político imperialista a cambio de mendrugos para los de su casta y miseria total para los pobre de Colombia. Y sus cancerberos, le siguen haciendo creer que es “el gran líder”, con la herramienta imbatible de “ la fuerza vital del Estado”, que descansa -como por todos es ya sabido-, no sólo en la maquinaria de guerra oficial del régimen, que incluye a los grandes medios de comunicación y desinformación, sino además, en sus formaciones paramilitares y, por consiguiente, en la utilización desbocada de la guerra sucia, la represión…, el terrorismo de Estado en general, para afianzarse en el poder.
Esto es lo que en defensa de la humanidad debemos detener quienes hoy bregamos por hacer realidad el sueño bolivariano de la Patria Grande. Por eso, ahora más que nunca al grito de “ni un soldado yanqui en Nuestra América”, hay que sumarle acciones prácticas y debemos agregarle con vehemencia la exigencia de la renuncia inmediata de Uribe Vélez a la Presidencia de la patria de José Antonio Galán, El Comunero. Nuestra Patria es América, Colombia necesita solidaridad.
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