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julio 18 de 2007

Terrorismo de Estado en Colombia VII 
URIBE, EL BENITO ADOLFO DE SALGAR
Por ABP Colombia

En verdad se cree el pajarraco Álvaro Uribe Vélez, el “superhombre” de Nietzsche, siguiendo el conservadurismo hipócrita de un falso cristianismo, cuya alianza no se define hacia el Cristo símbolo del humanismo, y condena a la injusticia, sino hacia los sectores más descompuestos del alto clero católico, que en nada coadyuvan al torrente de la lucha social que enfrenta la exclusión, la miseria y el terrorismo gubernamental.
Se expresa sí, en Uribe, tiranuelo de la decadencia oligárquica, la voluntad de poder como supremacía de la fuerza bruta y destructora, sumisa a Washington y a las ansias personales de venganza: he ahí la caricatura de “el gran hombre sintético…” del autor de Así hablaba Zaratustra, pero sin el dominio capaz de someter sus fuerzas dispares bajo un mismo yugo…; he ahí el signo del individualista y la contradicción al ascetismo robustecedor del hombre, planteado por el filósofo alemán.
En este fascismo de Uribe, el fasces, antiguo símbolo romano de la autoridad real o magistral, consistente en el hacecillo de varas de abedul atadas con cintas de cuero escarlata, y que incluía también un hacha sobresaliente, ha sido reemplazado por el fajo de los dólares del narcotráfico y los del sometimiento a los halcones gringos, amarrados por el látigo de la ignominia a una motosierra para despedazar inocentes.

Y en este caso, el emblema no lo llevan delante del Duce paisa los lictores, sino sanguinarios paramilitares y desvergonzados politicastros de su cossa nostra. Es el poder de la corrupción y la tiranía y el poder del terror y la muerte lo que ahora simbolizan esos fasces del procónsul Uribe, pero en configuración más infausta quizá que los signos de castigo de Franco y Mussolini.

Ésta bestia proterva, éste Führer, este Duce, éste Benito Adolfo de Salgar, no ha tenido una guerra mundial a la cual sumarse para emular a sus nefastos inspiradores de los años 40, pero si, desde mucho antes de afiliarse al montón de los que apoyan a EE. UU en la execrable invasión a Irak, persiste en desenvolver su belicismo enfermizo aferrado a la sed de venganza por el fallecimiento de su padre, un Vito Corleone antioqueño cuya muerte endilgada ligeramente a la guerrilla revolucionaria de las FARC, aún no ha sido verdaderamente esclarecida por lo intrincado del mundillo de narco-vendetta en el que vivió.

El hijo de Laura Vélez, empuñando la segur del odio y el desquite, se ha puesto al servicio de un imperio criminal, de unos empresarios avarientos y de unos latifundistas retrógrados, juntándose además con lo peor de la iglesia católica, el Opus Dei, para aplastar cualquier intento de reivindicación patriótica y bolivariana, no importándole que el país entero se ahogue en sangre.

Demagogo de poca monta, sus fascios del terror, sus “Camisas Negras”, están encarnados en hordas paramilitares que de una u otra manera configuran el partido paraUribista, el de la U, que ha pretendido perfilar en función de una dictadura tiránica en la que se mezcla mafia y camorra, pero no la camorra como simple trifulca sino la de los camorrista; es decir aquella organización terrorista napolitana de comienzos del siglo XX.
En nuestro país, el fraude, la venalidad, la corrupción, el crimen y el terrorismo hacen presencia desbocada desde el seno de una oligarquía violenta, lumpenizada, que se ha arraiga en el poder transgrediendo su propia legalidad y contra toda legitimidad, acabando con los espacios de participación democrática e implementando, como nunca antes, la impunidad para favorecer a sus esbirros paramilitares y protegerse a sí misma de las consecuencias adversas de sus crímenes de lesa humanidad y de lesa patria.
Para ello es que han puesto en marcha, con el diseño y garantías de Washington, inventos como el Plan Colombia, el Plan Patriota, el Plan Victoria…, la política toda de la Seguridad Democrática y demás intentos militaristas de acción contrainsurgente y anti popular, como también esperpentos específicos para fomentar la impunidad como ocurre, por ejemplo, con los llamados Diálogos de Ralito y la ley de “Justicia y Reparación”, que son mercedes a los victimarios, que contrastan de manera abominable con las acciones de persecución a la dirigencia popular que sufre la desatención social y las consecuencias de la guerra impuesta por el Régimen.
Al mismo tiempo la criminalidad y la descomposición en el seno de las Fuerzas militares y de policía, como la entrega genuflexa de los gobernantes al imperio, han crecido de manera repugnante. 
Hay en Colombia, definitivamente, una profunda crisis política que carcome al Sistema, a la que están sumadas, por un lado la crisis económica generada por las imposiciones del FMI y por el descomunal gasto bélico en la guerra contra el pueblo, y por otro la crisis misma del militarismo de la oligarquía, que con seguridad deben estar produciendo los fracasos sin remedio de operaciones específicas de las Fuerzas Armadas estatales como el Plan “Patriota”, entre otros; con el inconveniente para el actual gobierno, de que además de sus propio desprestigio por toda la podredumbre que se destapa a su alrededor, antes que una guerrilla derrotada enfrenta ahora a una guerrilla más experimentada, en medio de un escenario social explosivo que reclama justicia.

Esta realidad nos pone en un camino que requiere de máxima organización, disciplina y perseverancia como pueblo, respecto a los planes político-militares de Uribe Vélez, que no son otros que los del imperialismo. Requieren las circunstancias el mayor esfuerzo en la búsqueda de la unidad entre los sectores democráticos y patrióticos que asuman que la situación exige la renuncia del Presidente, el desmantelamiento del parauribismo y la búsqueda urgente de una salida dialogada al conflicto político-social-armado que, en todo caso, deberá tomar en cuenta los puntos de vista y la participación de la insurgencia como una de la expresiones populares más activas y comprometidas en la resistencia al fascismo del yanquimperialismo y al Duce de la camorra.

 ¡Fuera Uribe del gobierno!