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Julio 19 de 2007

Es inaudito que la Corte Suprema de justicia sólo hasta ahora, después de tantos millares de muertos, voltee la mirada hacia la tierra sabanera. Y es peor la pena cuando después de tanta denuncia y evidente tragedia de la humilde gente sucreña victimizada por el paramilitarismo, sólo se comience a prestar atención al asunto a partir de lo que se encuentra en el famoso computador de Jorge Cuarenta. Que no sea que lo que ahí no esté ya no tenga posibilidades de ser resarcido.
Sobre lo de los tres congresistas sucreños acusados de ser paramilitares, como se dice en la tierra sucreña, eso es sólo el pico de la tragedia que padece el pueblo. Esto no es nuevo. Las andanzas del Gordo García Romero, por ejemplo, que fueron denunciadas por la Fiscalía en el 2001, y especialmente la masacre de Macayepo cuyos datos fueron enviadas a la Corte, ya era un hecho extremo bastante conocido por la población, entre tantos otros de los que la gente se cansó de hablar dirigiéndose a las autoridades locales en procura de ayuda. Siempre la gente tuvo una mezcla de esperanza y temor: esperanza en algunas autoridades civiles a las que se dirigían y temor a los policías y militares porque todo el mundo sabía que estos actuaban también como asesinos. Pero la esperanza se fue perdiendo porque luego nos percatamos que las autoridades o las personas “prestantes” también estaban en el clan de los criminales. Ahora se entiende porqué todas las denuncias eran pasadas por alto, pues como dicen los gamonales despectivamente, se trataba de “bochinches de provincia”, mientras corría la sangre y el desespero de los más pobres.

Ahora la gente se atreve a denunciar, pero ya empezamos a ver los muertos entre los denunciantes. ¿Entonces qué es lo que debemos hacer, en quien debemos confiar cuando nos llaman a que denunciemos? Esto es una tragedia de nunca acabar mientras Uribe siga a la cabeza del Estado. La solución debe ser que ese asesino se vaya del gobierno.

ANTONIO BERTEL: