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agosto 8 de 2007
Falso de toda falsedad
Decía pública y reiteradamente el presidente de Colombia – en la plaza Bolívar – ante el flagelante por el acuerdo humanitario Gustavo Moncayo, su familia, los familiares de los prisioneros y ante un buen número de ciudadanas y ciudadanos que le gritaban vehementemente: “Uribe paraco, el pueblo está berraco”, “Uribe asesino asesino”. Pero también ante millones de televidentes que no se explicaban cómo no hubo ni un sólo paneo, ni una sola cámara registrando lo que hacía o decía el público asistente a la plaza. ¡Bonita manera de ejercer la información veraz y democrática!
Claro que según Uribe, eso es “falso de toda falsedad”. Como también lo serán, los 56 niños que se mueren por causas previsibles y prevenibles en Colombia diariamente, dicho por la UNICEF. O “falso de toda falsedad” cuando el profesor Moncayo le definió que: “presencia del Estado en cualquier lugar del territorio nacional también es un maestro o una enfermera y no únicamente la presencia represiva de las fuerzas militares”.
¿“Falso de toda Falsedad” el aumento del desempleo a nivel nacional, el crecimiento de la informalidad y la precarización laboral; informe de este mes dado por el Dane. Seguramente también es “falso de toda falsedad” que el – entonces – congresista Uribe propuso y aprobó la Ley 100/94 que mercantilizó el derecho a la salud y disparó la apropiación individual de clínicas y hospitales públicos, patrimonio de todos los colombianos. Privatización que se sigue hoy en día con las sedes del ISS de Neiva, Ibagué y Girardot.
Pero es “falso de toda falsedad” su maquiavelismo político, las licencias otorgadas a los narcos para volar avionetas y helicópteros cuando se desempeñaba como director de aerocivil y señaladas por el periodista Joseph Contreras.
“Falso de toda falsedad” que los Uribe Vélez son propietarios del “Ubérrimo”, paraíso de planes narcoparamilitares. Igualmente, falso el contubernio amistoso y caballístico con los Ochoa, fundadores del MAS en Medellín. Denuncias hechas por un senador en el Congreso nacional y registradas hace años atrás en libro “los Jinetes de la Cocaína”.
Ese “falso de toda falsedad” también lo utilizó el Presidente para señalar de guerrilleros a quienes no piensan o hablan con su estilo o interés. Esa fue la misma actitud y el mismo comportamiento con todo el público presente en la plaza Bolívar. Muletilla fácil y de poco talante, expresada precisamente por quien gusta mucho de los caballos de paso fino. Porque lo que no puede pasar por “falso de toda falsedad” es que se irrespete y menosprecie a todo un sentir y un anhelo popular de justicia y acuerdo humanitario, visibilizado a través de la inteligente y sensata iniciativa del Profesor Moncayo.
Jorge Enrique Ríos/ Iniciapopular@yahoo.es
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