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Agosto 16 de 2007

CRONICAS DE MI PUEBLO

“Siempre es dañina la sombra del árbol que da leche”

Por: Boris Isidro/Colombia
Agosto 13 de 2007

Curioso ver a Peñalosa (candidato Uribista a la alcaldía de Bogotá) caminar por las laderas marginales de la Localidad de Santa fe. Fue a mirar cómo la maquinaria imperialista iba abriendo la Avenida los Comuneros, que está siendo construida sobre la base del hambre y la miseria acumulada y arraigada históricamente en estos asentamientos humanos. Fue a darle el adiós a los Lavaderos Comunitarios, iniciativa y obra de Jorge E. Gaitán, o a la fábrica de Loza, resultado del esfuerzo y la lucha de campesinos y artesanos en el siglo pasado.

El candidato se arrimó y paseó por allí, jactándose de sus lujos y costosos vehículos y por supuesto, no lo acompañaba sino su estruendosa seguridad, más no el pueblo, que lo recriminó acordándole que como buen politiquero sólo se acuerda de los empobrecidos en tiempos electorales.
Pero no falto el esquirol, que le enseñó sus colmillos de hambre y su visceral mezquindad abriéndole la puerta a cambio de una sonrisa hipócrita o un saludo fariseo.  A esos moradores oportunistas, ignorantes o equivocados, - a lo mejor no de mala fe – que le abren la puerta a la inhumanidad y a la barbarie hay que recordarles lo que decían los Gauchos en el sur: “Siempre es dañina la sombra del árbol que da leche”. Ojalá nunca olvide que el supuesto desarrollo y el supuesto progreso que este “riquito” encarna, no llegará, ni alcanzará a los empobrecidos que han vivido, luchado y trabajado siempre en y desde estas laderas. “Al rico nunca le ofrezca y al pobre nunca le falte”, dice Jorge Cafrune y es una buena cita para mirar cuál tiene que ser la actitud de los sectores populares en los procesos electorales.

¿Será que estos politiqueros se han sensibilizado y ocupado de la niñez hambrienta y desamparada que cada día aumenta en Bogotá y Colombia? Madres viudas y solteras que tienen que prostituirse por un bocado de comida para sus críos o que tienen que someterse a trabajar en una “olla” (expendio de droga) como un empleo más; pero en grave riesgo de que llegue la “eficiencia del Estado” y las encarcele por expendio de narcóticos. Lo paradójico es que ese “eficiente Estado” es el policía que también es consumidor y cobra la “vacuna” respetiva… a cambio de no ejercer la “eficiencia del Estado”.

Qué bonita presencia de Estado: Un politiquero que se ha embolsillado millones de Dólares ejerciendo funciones públicas y unos policías que ejerciendo iguales funciones consumen bazuco, lo negocian y lo protegen.