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Julio 18 de 2007
Cada Departamento en la costa Caribe colombiana tiene su Gordo García, su Miguel Nule o su Rodrigo Cadena. Jorge Cuarenta y sus secuaces tuvieron todo el aval y el apoyo del Estado para tomar a sangre y fuego el control de la política, de los negocios, de la vida en general de la gente de la Costa en desarrollo del Terrorismo de Estado, y esto como una acción de acuerdo de la oligarquía para mantenerse en el poder sosteniendo sus privilegios. Así que no hay tal infiltración del paramilitarismo en las instituciones. Lo de los políticos ahora involucrados es una muestra solamente de el protagonismo que dentro del terrorismo de Estado tienen como victimarios los componentes de la oligarquía: ahí están algunas muestras en los casos de Álvaro Araujo el hermano de la ex canciller Conzuelo e hijo de ex ministro paraco; el caso de Lucas Gnecco, Jorge luís Caballero, Miguel Pinedo Vidal que se hace el pendejo pero es más uña y mugre con el narcoparaco Hernán Giraldo, que cualquier otro en el Magdalena; Zulema Jattin, David Name, David Char y Dieb Maloof…, y tantas otras “honorables” ratas que siempre fueron señaladas como tales por los más humildes.
Las evidencias de los crímenes cometidos por estos gángsteres siempre han estado a la mano, y en las barbas de las “autoridades” como ocurre con el cementerio macabro que hizo Rodrigo Cadena en San Onofre. Ahora, hay que decir que testigos y dolientes hay por miles, muchos ya sin temor, pero todos con la desconfianza total en las llamadas autoridades, porque sencillamente siempre las han visto colaborando pero con los paramilitares.
En principio los mismos latifundistas pagaban para asesinar y desplazar a los campesinos, pero luego ya no solo de los recursos que ganaban explotando a los campesinos se pagaba a las bandas, sino con los recursos que sacaban de la extorsión al comercio a los parceleros, a la población y con lo que robaban del erario publico en medio de un departamento por siempre saqueado por los gobernantes.
ZUNILDA BANQUÉ
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