INDIGNACIÓN PARA LA LIBERTAD: VENEZUELA Y COLOMBIA
Edwin Bonelo Martínez/Colombia
Un reciente correo, breve, de mi puño y letra digital, junto con senda carta despertó en varias personas (por la coyuntura, no por mi escrito, aunque aceptarlo hiera mi autoestima) diversas pero animadas reacciones. Desde el apoyo al acontecimiento hasta el rechazo airado y unos cuantos señalamientos en mi contra llegaron a mis ojos y oídos en estos días.
Acepté con gusto, como lo señalé anticipadamente en el correo, todas las críticas y palabras de apoyo con esa somera muestra de mi modo de pensar. Palabras que oí, revolqué en la cabeza, ordené, desordené, pensé y les di bastantes vueltas animando este segundo escrito.
Aceptaría, con el mismo gusto, y tal vez muchísimo más, que muchas voces, igualmente enérgicas, hubieran rechazado el cierre por parte del gobierno colombiano de AUDIOVISUALES[1] e INRAVISIÓN[2] (cuyos empleados fueron desalojados brutalmente por la fuerza pública por orden del gobierno), entidades estatales dedicadas, desde diversos ámbitos, al desarrollo de la comunicación social en mi país. ¿No es esto una violación a los derechos de la población, en el caso específico de INRAVISIÓN de acceder a una televisión pública y de carácter educativo como lo había sido desde hacía más de cincuenta años? ¿Estas acciones no se constituyen en violaciones a la libertad de expresión al cerrarse estos medios para la expresión de las personas del común? ¿No es, acaso, creo, aún más perverso quitar la licencia de funcionamiento al INSTITUTO DE SEGUROS SOCIALES[3] por parte del gobierno del presidente Álvaro Uribe (porque eso fue lo que pasó, aunque a muchos no les quepa en la cabeza)? ¿Por qué no se escucharon las enconadas voces defendiendo el derecho a la salud y a la vida de los y las colombianas de más bajos recursos? ¿Algún gobierno o grupo de medios se pronunció en lo más mínimo cuando se tomaron estas medidas? ¿Cuántos congresistas y diputados de cuántos países impusieron enérgicas mociones contra estos proyectos? Lo más irónico es que pareciera que si esto se hiciera iría en contra del sentido común. Para muchos, esto sí sería inmiscuirse en asuntos internos de otra nación y ahí se acogería la figura del “respeto a la soberanía”.
Me veo frente a un mundo indolente, y me sostengo en lo que dije en el pequeño escrito anterior: sólo se alude a la libertad (de lo que sea, digo en esta ocasión) cuando se ven afectados los intereses de las clases dominantes, tanto a nivel nacional como internacional.
RCTV, y las personas críticas que han tenido la oportunidad de verlo seguramente apoyen mi opinión, es un canal que ha tergiversado y calumniado al gobierno actual de la República Bolivariana de Venezuela y en especial al presidente Hugo Chávez, incitando en algunas ocasiones a la violencia y apoyando decididamente el golpe de estado de 2002. Basta con ver las imágenes de Marcel Granier en Miraflores al lado de los golpistas mientras que, al mismo tiempo, su canal se abstuvo de transmitir los eventos que ocurrían en las calles debido al movimiento popular indignado por tal acontecimiento. Cabe anotar que durante esos hechos se saboteó, y por parte del efímero gobierno golpista, se clausuró el único canal público de Venezuela en ese tiempo: Venezolana de Televisión. ¿Dónde estuvieron las duras voces de protesta internacional en ese tiempo, como la de la Sociedad Interamericana de Prensa?
Soy radical, eso pienso y pensaré, y creo firmemente que uno puede ser radical sin ser intransigente; crítico, incluso (o mejor, aún más), de aquello que tiende hacia nuestro modo de ver la vida y concebir el mundo.
Soy radical y digo que RCTV, como muchos otros canales en Latinoamérica, ha incitado a la violencia, la pérdida de valores y el pluralismo apuntando hacia lo que conviene a determinados grupos a quienes, en últimas, se les entrega este producto que pretenden masificar: el público televidente.
En resumen, el que paga ordena, y si no hay indignación por todos los acontecimientos que afectan los intereses de los pueblos no podemos aspirar a una verdadera democracia o al sistema que sea en el que se consiga el bienestar de las personas y su entorno.
[1] Productora de televisión estatal cuyo propósito fue propiciar la difusión de producciones nacionales de carácter educativo y cultural. Programas como Aluna, Yuruparí y Vida de Barrio nos transportaban hacia un país muchas veces desconocido e invisibilizado.
[2] Quiero citar estas palabras de Hugo Guevara, pensionado de INRAVISIÓN, a propósito del desalojo y cierre de la entidad en el año 2004:
“Hasta este 28 de octubre el Gobierno tomó las vías de hecho. A los trabajadores no se les notificó, ni se les dijo que se les había terminado el contrato. Simplemente ese día no nos querían dejar entrar a los pensionados, finalmente entramos, cuando llegó un medio de comunicación al cual tampoco dejaron entrar. Posteriormente llegó la Fuerza Pública y salvajemente los desalojó y no dejó a ningún trabajador. Según el Gobierno se creará una entidad nueva, “que sigue siendo del Estado”, pero en otras condiciones, como conformar Cooperativas de Trabajo Asociado, bajo los reglamentos de la nueva contratación para acceder en un momento dado a enganchar el personal”.
Tomado de: Tiro de gracia a INRAVISIÓN: 'Morir, antes que dejar que liquiden a Inravisión', en: http://colombia.indymedia.org/news/2004/11/18428_comment.php
[3] Según el documento CONPES N°.3919 el gobierno nacional acepta la imposición del BM-BID-FMI por acabar el ISS acusando de responsables a los trabajadores y castigando a los usuarios. El objetivo de acabar la principal herencia social del país, pasa por destruir los derechos de los trabajadores, su planta de personal y su convención colectiva. De ahí las medidas por declararlos trabajadores oficiales, eliminar su sistema pensional, cerrar 12 clínicas y 120 Caas.
Tomado de: El real panorama del ISS (Instituto de los seguros sociales colombianos), en RedVoltaire (http://www.voltairenet.org/article121540.html#article121540), 24 de julio de 2004.