Septiembre 4 de 2007
Reforma y Socialismo
Por: Néstor Francia/Venezuela
Confieso que un temor me asalta en este momento: que concibamos la batalla por la Reforma Constitucional como una simple confrontación electoral en la cual nos conformemos con pulverizar a la oposición. No tengo dudas de que vamos a ganar, espero que con la suficiente contundencia que nos permita avanzar con amplio y evidente respaldo popular y la suficiente participación (ya Chávez alertó sobre el peligro de la abstención) como para que no quede duda de la legitimidad de la victoria. Pero nada de esto me importa más que la posibilidad de que usemos este combate para que avance la conciencia del pueblo, la educación político-ideológica y la formación socialista y cultural en general.
La confrontación en torno a la Reforma Constitucional es absolutamente de índole política. Baste para ello constatar como todos los opositores se han unido de inmediato y sin excepciones contra la propuesta del presidente Chávez. ¿Qué se está dilucidando como para que una vez más el país se ponga en tensión, el escualidismo fanático se encrespe de nuevo y los medios impenitentes afilen sus melladas garras otra vez? No quede ninguna duda: se trata, vuelta al torno, de una lucha entre dos concepciones del mundo diametralmente opuestas: la socialista y la capitalista, la soberana y la proimperialista. Es de esos momentos en que no podemos estar deshojando la margarita o midiendo la velocidad del viento a ver si podemos cruzar el puente. No, aquí los revolucionarios tenemos que abocarnos a luchar por la aprobación integral de la Reforma tratando de minimizar nuestras diferencias mientras pasa este ventarrón. No se trata de que olvidemos de que hay entre nosotros tales diferencias, algunas de ellas más hondas de lo que quisiéramos. Pero en lo que queda de este año nuestra gran tarea es llevar a estos seudo dirigentes opositores a su mínima expresión, a ver si algún día se enserian y comienzan a entender que aquí la mayoría no queremos volver a su democracia del “consenso”, ni a su alineación con nuestros “aliados naturales” ni a la “alternabilidad” ni a la “libertad” de ellos, ni a ninguna de sus pamplinadas con las que convirtieron a este país en un rancho, un cementerio y una vergüenza.
Ahora bien, me preocupa que caigamos en el sempiterno jueguito de ping pong de estar esperando a ver que dicen los Leopoldos (López y Castillo) para saltar como muñecos de feria a responderles sus banalidades, porque ellos estarían encantados de que llevemos el debate a su terreno de superficialidades, asuntos secundarios, visiones parciales y chismes chepacandélicos del pasillo político. Nosotros tenemos que tratar de que el debate se ruede hacia los temas fundamentales, sin ningún temor a reconocer con orgullo lo que realmente nos mueve: no es un simple articulado que debamos discutir eternamente para darles tiempo a que monten sus conspiraciones y manipulaciones. Si hubiese algo que enmendar, ya tendremos tiempo de enmendarlo.
Pero ahoritica mismo se trata de que nosotros somos socialistas y antiimperialistas, queremos un mundo socialista y sin imperios y que esta Reforma es un arma del pueblo para avanzar hacia esas altas metas. Por su lado, dejar en claro que ellos representan al capitalismo, al neoliberalismo y a la alianza macabra con el imperialismo y con la camarilla de Bush para que Venezuela se ponga en línea con las peores causas que hay en el mundo. Es una batalla en esta lucha frontal por acabar con la larga historia de injusticias, iniquidades, guerras, muerte, miserias que han construido los amos del mundo y que pretenden perpetuar, para usar una palabrita que ahora les tiembla en la boca. No voy a discutir ni una sola pendejada con Ramos Allup o Hermann Escarrá. Yo voy a hablar de política, de ideología, de historia, de tendencias sociales y de la reforma como un camino empedrado que habremos de transitar para llegar a las grandes alamedas, parafraseando la hermosa metáfora que usara el camarada Salvador Allende.
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