De ser cierta esta teoría novel del colonialismo sería forzoso concluir que la India nunca fue colonia británica, ni Argelia colonia francesa, ni el Congo colonia belga, ni Angola colonia portuguesa, ni Venezuela, México, Colombia y Nueva Granada colonias del Imperio español, ni las trece colonias fueron colonias británicas.
Si bien es cierto que la felicidad es la lucha y que luchar por ser libre es comenzar a serlo y que Oscar López Rivera es libre porque lucha por la libertad de su pueblo y que Filiberto Vive porque murió por la libertad de Puerto Rico; no es menos cierto que Puerto Rico ha reiterado en plebiscitos celebrados en 1952, 1967, 1993, 1998 que apoya el colonialismo en Puerto Rico. En estas cuatro consultas plebiscitarias el 95% del electorado ha apoyado dos fórmulas que afirman el valor de la unión permanente con los Estados Unidos y la ciudadanía usamericana.
Las dos fórmulas de status son coloniales. La fórmula vigente conocida en español fraudulentamente como estado libre asociado sigue manteniendo a Puerto Rico bajo la autoridad inamovible de la cláusula territorial de la Constitución de ese país que le concede, según ha reiteradamente afirmado el Tribunal Supremo, al Congreso de los Estados Unidos, poderes omnímodos para administrar sus colonias.
Esto incluye la encarcelación de los luchadores por conspiración sediciosa como en el caso de Oscar López Rivera y el asesinato selectivo de los que abogan por el uso de la fuerza armada para el derrocamiento del oprobiosos régimen colonial que impunemente persigue, encarcela y neutraliza a los que afirman con pasión que vivimos en una vil colonia y ya no toleramos el hedor de ese cadáver político que hoy algunos desean perfumar y embalsamar.
También incluye el uso del Tribunal Federal para utilizar la clausula de comercio de la Constitución de ese país para impedir que defendamos nuestra agricultura, nuestro comercio, nuestra industria y nuestra política de desarrollo. Pero no somos una colonia de los Estados Unidos.
Las leyes que aprueba el Congreso rigen en Puerto Rico con absoluta fuerza y vigencia. La Homeland Security o Gestapo Yanqui controla nuestras fronteras y con su Guardia Costanera nada ha hecho para impedir que Puerto Rico sea epicentro de la entrada de la droga y del tráfico de armas (los dos negocios más lucrativos de este mundo capitalista) que salen de los EUA para armar al narco-paramilitarismo golpista y genocida que sostienen en Honduras, México, Guatemala, Colombia y Panamá. Pero no somos colonia de los Estados Unidos.
Las licencias para operar estaciones de radio y televisión son controladas por la Comisión Federal de Comunicaciones. Existe un espacio proscrito para la expresión libre de ideas revolucionarias en Puerto Rico el FBI y la policía actúa con impunidad en persecución y hostigamiento contra los movimientos de estudiantes y trabajadores como han hecho contra los estudiantes universitarios y los que se oponen al Gasoducto de la muerte o la entrega de nuestras mejores tierras agrícolas o a la hegemonía transgénica de Monsanto y Syngenta. Pero no somos una colonia de los Estados Unidos.
Las guerras e intervenciones contrainsurgentes en que nuestras tropas son destacadas en Iraq, Afganistán, Honduras, Panamá, Colombia y, de poder justificarlas, en Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua son decretadas por el Comandante en Jefe de nuestras Fuerzas Armadas, el Presidente de los Estados Unidos, sin que nosotros votemos por él ni por nadie con derecho al voto en el Congreso que las autorice. Pero no somos una colonia de los Estados Unidos.
Es obvio e innegable que Puerto Rico sigue siendo Colonia Principal del Imperio en Las Américas. Lo es objetivamente por el poder que ejercen el Congreso, las Fuerzas Armadas y todas las agencias del Gobierno de los Estados Unidos con autoridad sobre Puerto Rico. Lo es subjetivamente porque, a pesar de las luchas de los puertorriqueños pata preservar lengua, cultura, identidad y nacionalidad seguimos consintiendo con nuestros votos a la legitimación del poder de los Estados Unidos sin que medie representación alguna que le de participación a Puerto Rico o con el apoyo a la anexión falsamente presentada como fórmula descolonizadora cuando equivale al suicidio de Puerto Rico como nación.
Puerto Rico se enfrenta este año a una nueva consulta sobre estatus. Como antesala de la misma, sin ofrecer garantías algunas ni compromiso de acatar la voluntad popular los puertorriqueños tendrán en sus manos la opción de expresar su rechazo a una de las versiones del colonialismo que los EUA le ofrecen a los puertorriqueños. Se trata de un estatus bajo la cláusula territorial que conocemos como Estado Libre Asociado.
Decir que Puerto Rico no es una colonia equivale a legitimar un voto que diga que sí a la insoportable situación colonial de Puerto Rico. No es extraño que amplios sectores de Puerto Rico afirmen que no somos una colonia de los EUA. Por más de medio siglo la mayoría de los puertorriqueños no aceptaban la dura realidad de nuestra subordinación colonial al Imperio. Toda la prepotencia de los medios de comunicación el servicio del Imperio afirmaba que el Emperador colonial vestía ropajes finísimos.
Esa complacencia de convivencia con el colonialismo se desvaneció finalmente hace una década. La lucha contra los desmanes de la Marina de Guerra de los EUA en Vieques fue determinante como detonante de la realización de miles de puertorriqueños que finalmente nuestro pueblo tomara conciencia de que somos la Colonia Principal del Imperio Principal.
Como demostrará el resultado de la consulta plebiscitaria sobre estatus será considerable el voto rechazando nuestra existente situación colonial. Pero eso no nos llevará a resolverla. La opciones que entonces tenga el pueblo ante si serán todas de naturaleza colonial.
Los Estados Unidos no tienen el espacio jurídico ni voluntad política para articular una verdadera asociación libre y autonómica con Puerto Rico. Tampoco tienen la inclinación a una anexión en el corto plazo. Y mucho menos tienen intención alguna de viabilizar la independencia para su Colonia Principal. Lo que si buscan es seguir sometiendo a Puerto Rico a una abyecta subordinación.
En ese contexto resulta un gran paso de retroceso que el Co-Presidente de un Movimiento que se apellida Independentista y Hostosiano afirme que Puerto Rico no es una colonia. No puedo creer que la militancia de una organización que es heredera de la FUPI, el MPI y el PSP que por décadas dirigiera el entrañable dirigente Juan Mari Brás de golpe y porrazo de un viraje de 90 grados hacia las tinieblas de un colonialismo trasnochado.
Unos de los grandes objetivos por la lucha por la autodeterminación y la independencia de Puerto Rico, consiste en combatir la denominada “Lapida” impuesta por EEUU en América Latina. Lo que quiere decir, es como nosotros poder crear conciencia entre los pueblos hermanos y los gobiernos hermanos, por el compromiso de la autodeterminación, de la independencia de Puerto Rico. Esto es competencia no solo de los puertorriqueños, además lo es de todos los pueblos hermanos de nuestra Latinoamérica.
Siento que en ese sentido hemos ido avanzando a paso firme en esta etapa histórica, hemos logrado unos triunfos contundentes por la solidaridad de pueblos hermanos, de parte de Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Argentina, Cuba y Bolivia, donde se genera un terreno fértil para, plantar la semilla de la solidaridad con la causa del pueblo puertorriqueño. Una muestra de esta nueva realidad se dio hace unos pocos días en la Naciones Unidas (ONU) el día 18 de Junio, donde el Comité de Descolonización aprobó lo que ha sido para la historia la ley N° 31, una resolución reconociendo el derecho de Puerto Rico a la autodeterminación y la independencia. Pero lo importante fueron dos cosas, uno que la resolución fue presentada no solo por Cuba, como ha sucedido en el pasado que fueron Cuba y Venezuela, sino por todo un conjunto de países integrantes del ALBA, y ahí tenemos una muestra de latinoamericanización del caso de Puerto Rico.
Todos los voceros de esta Alianza intervinieron al final del debate de esta sesión de la ONU, haciendo apreciaciones muy contundentes de solidaridad. La propia resolución contiene un párrafo importantísimo en reconocimiento a las posiciones muy verticales, asumidas por los países del ALBA con el tema de Puerto Rico. Claro que hay aún una ruta por caminar para nosotros, por ejemplo, estamos aun tocando las puertas de la CELAC y reclamando la necesidad de una nueva integración sin la OEA, aspirando a convertirse ese espacio renovado en el porvenir de los pueblos de nuestra América, cuando reconozca de manera firme y categórica, tomar el tema del colonialismo como un asunto no resuelto.
Sabemos que la CELAC aspira a ser una organización, donde se excluyan los poderes hegemónicos, como es el de los EEUU, como los países del llamado Primer Mundo. De esa misma manera la CELAC debe ser abanderada de la causa de la descolonización y de la autodeterminación, en el caso particular de Puerto Rico. Porque no se trata de una colonia, se trata de una nación caribeña y latinoamericana sometida al colonialismo, como hay otras naciones latinoamericanas y caribeñas que están sometidas al neo colonialismo.
Nuestro derecho como pueblo, determina que somos una nación, no aceptamos el calificativo de que somos una colonia, porque no somos un mero peñón aislado en la soledad caribeña, sino que somos una nación con una historia, con una lengua, con una lucha y con el derecho absoluto de insertarnos en el concierto de países de nuestra América.